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Las varias interpretaciones de Watchmen, la obra cumbre del cómic

Watchmen: La explicación del cómic más importante de la historia, según la crítica.
Watchmen: Las diferentes interpretaciones del comic. (Foto: DC Comics)

Considerada por muchos la obra cumbre del cómics estadounidense, Watchmen (1986-1987) de Alan Moore y Dave Gibbons marca un antes y un después en el mundo de las historietas, e incluso quienes han visto su adaptación al cine suelen ser estremecidos por la crudeza de su argumento. ¿Qué decir de Watchmen? La crítica ha escrito un sinfín al respecto. Es por eso que ha continuación presento tres de las interpretaciones más populares de este cómic y de paso explico por qué se le considera una obra inadaptable a otros medios (ni modo, Zack Snyder y HBO).

Por la propia naturaleza del artículo, habrá una buena dotación de SPOILERS. Procedan con precaución.

El fin de la utopía superheróica

(DC Comics)

Watchmen es una obra que se centra en el género de superhéroes, sin duda el más popular de los cómics y uno que goza gran fama actualmente en el cine. Como señala Peter Coogan, una de las premisas centrales del género es la misión altruista del personaje principal, que de una u otra forma se trata de hacer un mundo mejor. Con diferentes medios y desde diferentes puntos de vista, desde Batman hasta Luke Cage, los superhéroes buscan lograr un mundo de armonía, dando por hecho que la ley y el orden político establecido sirven como guía para lograr ese fin. En este sentido, los personajes de Watchmen no son la excepción, es más, en ellos es más evidente la contradicción evidente del superhéroe: romper la ley para imponerla.

Cuando se reúnen Rorschach, Silk Spectre, Nite Owl y los demás para reformar a los Minutemen, el Comedian se burla de ellos; la razón del escarnio no queda del todo clara pero se intuye: los demás quieren preservar el imperio de la ley frente a los villanos, sin embargo el Comedian, cuando estuvo en la guerra de Vietnam, vio ese imperio desde afuera, y fue testigo y participe de las barbaries a las que se recurre para mantener la civilización (entendida aquí como capitalista y liberal). Es por eso que cuando se juntan los bienhechores, él se ríe de ellos. Es por eso que se convierte en la primera víctima de Ozymandias, pues no solo descubrió su plan, sino que además se puede anticipar que él no va a estar de acuerdo. “Todo es una broma”.

Ozymandias ve sus colegas superhéroes estancados en el pasado. En el último acto, cuando les revela su plan de fingir una invasión extraterrestre y matar a millones de personas con el fin de consolidar una alianza entre Estados Unidos y la Unión Soviética, ellos lo miran con horror e intentan detenerlo, a lo que él responde: “No soy un villano de historietas”. La frase tiene más de un sentido, no solo sirve para señalar el hecho de que el plan lo llevó a cabo “hace 35 minutos”, sino también delata la lógica maniquea de los cómics de superhéroes, la lucha del bien contra el mal, equiparando el bien con la ley. Ozymandias rompe esa ley con el fin de imponer un orden nuevo que supere el conflicto de las superpotencias y ponga fin a la amenaza nuclear que podría destruirlos a todos. Matar a millones “para salvar a billones”.

Sin que necesariamente se lo hayan propuesto los autores, por décadas, el cómic de superhéroes ha dado por hecho que el mejor orden es el que tenemos y rara vez da pie para cuestionarlo.

No es raro que los cómics de los años posteriores a Watchmen sean una mezcla confusa de violencia y rebeldía absurda. Spawn y el resto de la línea de cómics Image, X-Force en Marvel, etcétera. La posmodernidad le dio a la historieta de superhéroes un trancazo del que tardó años en recuperarse, como ya platicamos en otro momento.

Superhéroes = Política

Es el climax de la historia que lleva a pensar a muchos que Ozymandias está en lo correcto. Sin embargo la escena final nos hace ver que la broma final se la lleva el Comedian.

Ozymandias cree que su nuevo mundo de paz será duradero, pero en su origen está también la semilla de su destrucción. El diario de Rorschach, en las manos del personal del tabloide derechista, puede ser el principio del fin de su utopía. No hay nada nuevo, se trata de otro imperio construido con cenizas y sangre, tal como el imperialismo estadounidense que atestiguó el Comedian en Vietnam.

En un nivel político, el señalamiento de Alan Moore en Watchmen es hacia qué tanto estamos dispuestos a soportar para el establecimiento de un nuevo orden. Por los años en que se escribió Watchmen, en Reino Unido (tierra de Moore) llegaba al poder Margaret Thatcher, y con ella se acababa el consenso de la posguerra: sindicalismo y altos impuestos para mantener a un Estado de bienestar, un modelo que dio múltiples beneficios a la población, pero que entró en crisis durante los setenta, para llegar su fin en los ochenta.

Pese a las confrontaciones con sindicatos y la enorme pérdida de empleos en Reino Unido, el neoliberalismo se instauraba ahí y en buena parte del mundo. Un nuevo orden con el que se prometía paz al ser el mercado el árbitro que regularía las relaciones económicas entre los países. Es así como Moore equiparaba el nuevo orden mundial de Thatcher (así como de Ronald Reagan en EE. UU.) con el orden de Ozymandias.

Tú, querido lector, eres el Doctor Manhattan

Pero más allá de los superhéroes y la política, el mensaje más profundo de Watchmen va al corazón de su medio: el cómic. De ahí que Alan Moore haya dicho que su historieta es inadaptable, ya que mucho de lo que él y Gibbons hicieron ahí no lo podrían haber hecho en otro lado. Y como muestra un par de botones.

Panel 1 de la página 1 y el último panel de la página 28. (Watchmen #5, DC Comics)

Primer panel de la página 2 y el último panel de la página 27. (Watchmen #5, DC Comics)

En el quinto tomo de Watchmen, llamado adecuadamente “Fearful Symmetry” (Temible simetría), Gibons organiza los paneles del cómic de tal manera que la composición del primer panel es similar la del último; el segundo, a la del penúltimo y así sucesivamente, hasta el punto en que la mitad de la historieta hay una composición central que revela de manera sutil quién es el asesino del Comedian. Dicho truco no tiene sentido en una película o en una serie de televisión, y es que solo en un cómic puedes ver las imágenes que componen la historia de manera simultánea.

Páginas 15 y 16. (Watchmen, DC Comics)

Es precisamente esta simultaneidad de imágenes las que te convierten a ti, el lector, en el Doctor Manhattan. Me explico: en Watchmen se explica que, a partir del accidente que le dio sus poderes, Jon Osterman ve el pasado, el presente y el futuro al mismo tiempo, es por eso que el personaje se deshumaniza a lo largo de la historia. Se trata de una habilidad muy extraña, aparentemente difícil de comprender, sin embargo tú tienes esa habilidad a la hora de leer un cómic.

Desde tu perspectiva de lector, la historia en el cómic se descompone en imágenes que puedes ver simultáneamente. Cruzar 10 o 20 años lo puedes hacer en un abrir y cerrar de ojos con solo dar vuelta a unas cuantas páginas.

Watchmen es un obra compleja a la que se le pueden dar diferentes lecturas que se enriquecen unas a otras. Con este cómic, Moore no solo cuestiona la política y los discursos de la cultura pop de aquella época, también nos demuestra el enorme potencial de la historieta como medio de expresión.