Las sirenas son negras y morenas en todo el mundo

Las sirenas son todo menos caucásicas pelirrojas y si ustedes piensan lo contrario han vivido en el engaño de Disney.

Disney decidió dar el papel de Ariel, protagonista de la historia La Sirenita, a la cantante Halle Bailey y esto ha sacado, como si de la película misma se tratara, lo peor de las personas. Abanderados con la clásica expresión “No soy racista, pero” miles de personas han externado su disgusto por la elección de una mujer de tez negra para interpretar un personaje que ellos “tradicionalmente” siempre han conocido como una adolescente de piel blanca y cabello rojo. La molestia más socorrida es (y será) que la elección de esta mujer atenta contra los recuerdos de su niñez.

Dejando de lado lo estúpido que es someter la felicidad del pasado al color de piel de un personaje y que una persona adulta emita su molestia porque una nueva generación de niños se siente representado con personajes cercanos a su género, color de piel o cultura, queremos hoy hablar de algo aún más grave: lo ignorante que ha resultado ser el mundo con respecto a las sirenas.

No vamos a hablar aquí del cuento del danés Hans Christian Andersen en el que se basa el mal llamado clásico de Disney, que a su vez es una copia de los cuentos de marineros llegados a Dinamarca del folclore de las tierras en donde precisamente iban a obtener esclavos: África.

Podría resultar para ustedes un shock descubrir que las sirenas originales sí eran negras, puesto que la creencia de su existencia nace en África.

En casi todo el continente, del occidente al sur, se adoraba a Mami Wata, una deidad acuática, mitad mujer mitad serpiente, que embruja a los hombres con su belleza y que, después de mantener relaciones sexuales con ellos les pide fidelidad y si la pareja (en su mayoría hombres) acepta, le concede fortuna y salud, de lo contrario, la ruina cae sobre su familia, sus finanzas y su trabajo. Con la llegada de los esclavos africanos a nuestro continente, también llegó Mami Wata y aún forma parte de las creencias de la religión vudú en las islas del caribe.

Cartel contemporáneo de Mami Wata, pintado por el artista alemán Schleisinger en 1926. Esta representación aparece en templos como una imagen popular de Mami Wata en África.

Otra deidad que llegó a nuestro continente por la misma vía de esclavitud fue Yemayá (o Jemanjá). Su culto nació en Nigeria y su nombre es la contracción de la expresión yoruba Yèyé omo ejá que significa “Madre cuyos hijos son peces”, hay un río que lleva su nombre. A menudo es representada como una sirena y sus santuarios pueden ser decorados con figuras de sirenas. Como muchas otras deidades precristianas, Yemayá mutó en una virgen católica en varias partes de América del Sur.

“Angola cree firmemente en la existencia de sirenas, que dicen que están dotadas de poderes sobrenaturales. En quimbundo (uno de los idiomas nacionales de Angola) a las sirenas se les dice ianda, que es Kianda en singular. Cada ambiente acuático tiene una sirena, es decir, cada río, lago o laguna tiene su propia kianda que toma el nombre del río, lago o laguna. De alguna manera, ella es la encarnación del ambiente acuático”, escribe el bloguero brasileño Fernando Ribeiro sobre Kianda, una de las diosas del agua más populares. Tradicionalmente las sirenas angoleñas son siempre negras.

El país que más fue influido por la creencia de las sirenas africanas fue Brasil, pero antes de llegar a nuestro continente lo mejor será dar un vistazo a sirenas de otras partes del mundo que tampoco son caucásicas, por ejemplo en Australia, en la Tierra de Arnhem, al norte de la isla, los aborígenes creen en los Ji-Merdiwa, sirenas que cuidan del mar y la tierra que eran crueles y causaban enfermedades a todos los que dañaban la naturaleza. Estas sirenas eran tan temidas que no podrían ser representadas.

“Cada vez que mi abuela hablaba de [la Ji-Merdiwa], ponía los ojos en blanco y decía ‘sí, son malas y feas’. Podían adoptar diferentes formas, eran difíciles. La única vez que puedas vislumbrarlos sería en la playa bajo la luz de la luna y podrías verlos moverse. Y puedes escucharlos hablar o llorar”, narró Jess Phillips para un reportaje de la BBC australiana. En la misma zona existen un tipo de sirenas de agua dulce, que viven en las lagunas o ríos, llamadas Yawk Yawks.

En la mitología hinduista existen los naga, un tipo de semidioses acuáticos con forma de serpiente que tienen influencia sobre el clima. Se dice que guardan todas las enseñanzas esotéricas y místicas, ofreciéndocelas sólo a aquellos que vienen humildemente a recibirlas. A su vez, ofrecen protección y regalos al buscador. Si eres irrespetuoso o irrespetuosa con un naga o su hogar (la naturaleza) puede ocasionarte enfermedades de la piel (o hasta cáncer).

En algunos pueblos el término Naga Kanya se usa para referirse a una tribu completa de seres de “hadas serpientes”.

De entre todos los naga, la más importante se llama Kanya. Es adorada en India, Nepal y partes de China. Se le representa como una mujer hermosa de la cintura para arriba y como serpiente en la parte inferior, con alas de pájaros, con cobras encapuchadas que presiden su corona y una caracola en sus manos.

Otro gran ejemplo de las sirenas que no son blancas, y en este caso tampoco mujeres, lo encontramos en el archipiélago que forman las islas Cook, en el Pacifico Sur. Allí es donde se encuentra Avatea, el primero de los 6 hijos que tuvo Vari-Ma-Te-Takere (La madre primordial). Él fue el primer hombre y al crecer mutó su cuerpo verticalmente: La mitad derecha era un hombre y la mitad izquierda era un pez. Él era el dios de la luz, se pensaba que sus ojos eran el sol y la luna.

Un relieve de piedra de basalto que representa Avatea en Rarotonga , Islas Cook. (Dustin P. Smith)

En Tailandia vive Suvannamaccha, una princesa sirena que trata de impedir la construcción de un puente y que termina enamorada de Hanuman, dios mono venerado por los hindúes. Su historia se cuenta en el Ramayana.

Mural de Suvannamaccha y Hanuman en Wat Phra Kaew, Bangkok.

En Japón hay una especie de sirenas conocidas como Ningyo que es “descrito con la boca de un mono con pequeños dientes como un pez, brillantes escamas de oro, y una voz tranquila como una alondra o una flauta”. Según las leyendas su carne concedía a aquel que la comiera la juventud y la vida eterna. Sin embargo pescar una sirena era algo arriesgado, pues se dice que lanzan una terrible maldición que puede causar tsunamis y terremotos, arrasando pueblos enteros por su ira.

Ningyo capturado por un pescador.

Estos son algunos de los cientos de mitos y personajes que se relacionan a las sirenas en el Pacífico. Del otro lado del océano, en América, las sirenas ya habían tomado forma en la religión, historias y creencias de las culturas mucho antes de que llegarán los europeos.

Al norte del continente, la tribu Passamaquoddy (cuyo nombre proviene de peskedemakadi que significa “lleno de peces”) cuenta la historia de dos hermanas que fueron transformadas en sirenas cuando decidieron nadar en el mar muy lejos de la costa.

La mitología inuit tiene una deidad llamada Sedna que protege los océanos que se representa normalmente como una mujer mitad humana mitad orca. La historia de Sedna es muy cruel pues su padre la ofrenda al mar cortada en pedazos para aplacar su furia.

Escultura de la diosa Sedna.

México no está exento de la tradición de las sirenas, mujeres mitad serpiente o pez que son deidades del agua, comenzando con la Cihuacoatl, la diosa madre de los mexicas. Una particularidad de las sirenas mexicana es que todas en su origen tenían cola de serpiente, la cual fue sustituida por una de pez por intervención de los frailes españoles. Otra seña de las sirenas mexicanas es que su piel es morena.

Algunos de los lugares en donde existen las leyendas más representativas de sirenas en nuestro país son, por ejemplo, las lagunas volcánicas de San Bernandino en la Sierra de Zongolica, Puebla; en muchas lagunas y ríos de Campeche; en Chimalhuacan, Estado de México; en Salinillas, Nuevo León y en Yucatán. En Veracruz es donde más historias de sirenas hay, estas criaturas están relacionadas con las tormentas, ya que estos serse mitológicos atraen la lluvia o la tormenta de acuerdo al modo en el que cepillan su larga cabellera negra.

En las diversas culturas mexicanas, las sirenas son personajes ambivalentes, a veces son buenas, otras malas. Los nahuas de la Huasteca cuentan que una sirena (con cola de serpiente) se sacudió el agua e inundó todos los pueblos, en otra leyenda de la región se narra cómo la sirena se llevó a un pescador que maltrató a los peces y no fue respetuoso. En el Pueblo de San Luis Tlaxialtemanco, Xochimilco, cuentan cómo las sirenas se fueron en un remolino cuando secaron la laguna.

En Metepec, Estado de México, creen tanto en la Tlanchana que hasta una escultura suya hay en el centro de la ciudad.

Esto fue solo una breve introducción a la amplia tradición de las sirenas en el mundo (fuera de la visión Europea / Estadounidense). Es preocupante cómo es que las personas, protegidas en su racismo, discuten por el tono de piel de un personaje ficticio, en lugar de discutir por el verdadero significado de las sirenas en todas las culturas del mundo: la protección del medio ambiente. Espero que estas líneas sirvan a ustedes para despejarse un poco las ideas y buscar la sirena con la que se sientan representados, pues cómo ven hay muchos más tonos de cabello que el rojo.