Hacemos un breve repaso por la historia del racismo en México, en dónde estamos y a dónde vamos a parar.

Racismo en México, un negro y un blanco

Mi nombre es Edgar Olivares y soy moreno. Bueno, más bien soy como amarillo. Mi piel es de un color que está en una escala de ocre común entre los mexicanos. En resumen, soy un apiñonado cualquiera. Mi color de piel no es algo de lo que me enorgullezca particularmente, tampoco es que me cause un conflicto emocional. Si he de decir algo sobre eso, es que mi color me gusta, aunque me gustaría ser más moreno.

El color de piel en el circulo que rodea mi vida personal tampoco es algo que defina la forma de ser de mis allegados. Por ejemplo, en mi familia mi hermana es blanca, mi mamá es morena. De este lado materno, el duranguense, a mi tía Coco le decimos Güera por güera, está mi tía Pimienta, le decimos así porque es bajita y morena. Tengo otro tío que es casi negro y lacio de cabello. Esos son muchos apodos para alguien que no se fija en el color de piel de las personas ¿no?

Del lado paterno, el chilango, la cosa esta más pareja, mi papá tuvo puras hermanas y todas son apiñonadas tirando hacia un amarillo peculiar. Siempre he sospechado a que mi abuela paterna tenía una descendencia china.

Para escribir estas líneas adquirí el compromiso personal de ser sincero ¿realmente el color de piel es algo que no me importa? Mentira, es difícil escapar de eso. Por cuestiones sociales, más que por otra cosa, siempre he tenido recelo de los caucásicos, sobre todo de los que tienen dinero y quieren ser tus amigos. En mi experiencia, si es blanco, con dinero y te habla, es porque te quiere chingar. Es mi experiencia, no una generalidad de las cosas, quiero aclarar.

Entonces ¿soy racista? La verdad es que no podría responderme esa pregunta, porque la piel blanca, o el origen de las personas per se, no me genera ningún conflicto, pero el estatus social sí ¿entonces soy clasista? ¿O quizá soy los dos?

“Racismo: Ideología que defiende la superioridad de una raza frente a las demás y la necesidad de mantenerla aislada o separada del resto dentro de una comunidad o un país”.

¿El racismo es un concepto biológico o social? La palabra tiene su base en la raza, y este es un concepto relacionado con los seres vivos, como me lo explicó el maestro en biología Edgar Villeda Chávez.

“Como definición en biología, la raza en una subdivisión de la especie cuando esta presenta diferentes fenotipos, los fenotipos son los rasgos visuales que heredamos. Como el color de piel, ojos, tipo de cabello, etcétera. Básicamente la raza sirve para diferenciar (biológicamente) a los individuos. Dado que, a pesar de ser parte de la misma especie, presentan diferentes características heredadas que siempre estarán relacionadas al origen de esa raza, muchas de estas características físicas dependieron del entorno”

El maestro Villeda explica que un ejemplo claro de esto son los perros: “La especie es Canis lupus familiaris, pero existen razas como San Bernardo o Chihuahua. Son la misma especie, diferentes razas”.

Pero en la biología no sólo hay razas, también hay sub especies.

“La especie del lobo, Canis lupus, tiene subespecies como el lobo mexicano Canis lupus baileyi o el lobo blanco del ártico, Canis lupus arctos, ambos misma especie, pero con diferentes características dadas por su adaptación al su entorno. La última subdivisión serían las variedades o híbridos (o mestizajes), que pueden ser mezclas entre las razas. Cabe aclarar, que para que una raza o variedad sea fértil, tienen que provenir de la misma especie”.

¿Estos mismos términos se pueden aplicar los seres humanos o es un mero concepto social?

“Biológicamente las razas sí aplican a la especie humana. No es un concepto social, aunque recientemente la sensibilidad al tema ha hecho que se deje de mencionar las razas como concepto para evitar connotaciones racistas. Sin embargo, es claro que en la especie humana las diferencias fenotípicas son evidentes: piel obscura en ambientes de exposición solar intensa como África, ausencia de vello en ambientes tropicales como en Sudamérica, mayor presencia de vello en ambientes fríos como en los países nórdicos y mayor estatura y masa muscular en esos mismos ambientes hostiles, en donde el medio les ‘exigía’ más”, explica el biólogo.

Villeda comenta que la definición de raza no influye en ningún aspecto en el ser humano, al menos no biológicamente. “El término es simplemente útil para describir la población humana, la única influencia que tiene el concepto de raza en el ser humano es desde la perspectiva social antropocéntrica. Existen varios detractores o personas que no están de acuerdo con el término debido a que se interpreta como una brecha social, sin embargo, es necesario semántica y biológicamente tener este tipo de definiciones, puesto que la realidad genética sí expresa diferencias”.

Genéticamente, las diferencias que puedan existir entre un humano que vive en Asía y otro de África son casi imperceptibles (alrededor del 0.02%), aunque visualmente parezcan abismales. En resumen, la raza es un ente natural y el racismo un mal social.

Español siempre será español

Pintura de castas

Como muchos de los problemas de este país, el racismo no comenzó recientemente, y tampoco creció solo. Ha ido caminando de la mano de su gemelo: el “concepto de clase social”. Ambos van tan trenzados que se sofocan mutuamente. Y, pese a lo que muchos piensan, esto no comenzó en la Conquista, sino que es más viejo.

Cuando los españoles llegaron a esta Tierra no se encontraron con pueblos incultos desperdigados sin conciencia de sus vecinos por todos lados. Encontraron naciones enteras sometidas a un solo imperio, el Mexica, en cuya capital cosmopolita convivían todos los pueblos e idiomas ¿Existía entonces el racismo? Es muy probable. La muestra más fehaciente de este hecho es que la conquista española sólo fue posible gracias al apoyo de los pueblos originarios. Prefirieron apoyar al invasor que a su igual. Un odio así no se gana fácilmente.

Cuando la conquista terminó y se reconfiguró México en la Nueva España, las grandes naciones y culturas fueron homogeneizadas en un solo concepto: los indios. También llamados “naturales”. Un solo concepto para describir a personas cuyo origen podría no ser el mismo, pero como todos eran morenos y se parecían, pues ya estaba: todos eran una sola raza pura.

Parecido fue el caso de los negros que llegaron a México. Vinieron como esclavos provenientes de Camerún, Somalia, Senegal y otros países africanos, también de Cabo Verde, Guinea y hasta de las islas Canarias. Se expandieron en nuestro país convirtiéndose en el segundo pilar (le pese a quien le pese) de lo que somos. Ellos también fueron considerados “raza pura”.

En esta santa trinidad de los rasgos y colores, la cúspide la ocupaban los españoles, europeos caucásicos católicos (los de otras religiones no contaban), que poseían todo poder en esta tierra.

Como era de esperarse, las razas comenzaron a mezclarse, algo que favoreció mucho a los españoles. En primera, porque eran pocos y en su mayoría varones. En segunda, porque necesitaban una forma de sostener la hegemonía de los blancos sobre las otras dos razas.

Ya puestos los personajes en el escenario, pasó lo que tenía que pasar: tuvieron sexo y les gustó. Al menos a los blancos.

“Cuando llegan los españoles el problema del mestizaje no es tan grande, porque no había de otra. No había muchas mujeres españolas en territorio americano y no se veía con malos ojos que los invasores tomaran esposas indígenas. De hecho, se habla de que tenían varias. Obviamente ninguna bajo los ‘sagrados sacramentos’ (de la iglesia católica)”, comenta José Clemente Núñez, editor del área de especiales y tendencias del portal de Noticieros Televisa, con quien he hablado sobre este tema en más de una ocasión y que, aunque dice que no es un experto, sí está muy versado en la historia del pensamiento racista de este país y su evolución.

Pero no sólo les gustaban las mujeres originarias de América, a los españoles les encantaban las mujeres negras y comenzaron a formar familias con ellas, aunque en muchos casos esas uniones (por medio del coito) se dieron sin el consentimiento de la mujer en cuestión.

El mestizaje entre las tres “razas puras” se convierte en el statu quo en México. Pero, conforme pasaron los años (en el siglo XVIII), los descendientes mestizos comenzaron a mezclarse y tener descendencia entre ellos.

“Como definición biológica, el mestizaje es una mezcla de razas. Sucede en todos los animales y el humano no es la excepción. No tiene afecciones, al contrario, podrían considerarse ventajas a largo plazo más que beneficios: desde una perspectiva evolutiva, el cruce de razas arroja mayor variabilidad y riqueza genética a una determinada población, pues cada raza está aportando sus contenidos genéticos “sumando”, por así decirlo, esas expresiones en el mestizo resultante. Es decir, que tienen mayores aportes de expresiones fenotípicas, o sea, características físicas; los descendientes mestizos heredan mayores expresiones físicas y, en biología, se considera un mejoramiento evolutivo y de adaptación. Así que, en teoría, un mestizo tendría mayor oportunidad de adaptación en el futuro que un individuo de una sola raza”, explica el maestro Villeda.

Para mantener su hegemonía, los españoles crearon un sistema social que proponía un orden basado en la desigualdad étnica. A éste le llamaron “Castas”, cada uno de sus miembros recibía una categorización de acuerdo a su origen, y crecieron tanto en número y conceptos que llegaron a ser ilógicas. Por ejemplo, estas son las castas con mezclas de caucásico:

  • De dos europeos que viven en América nace un criollo
  • De español e indio nace mestizo
  • De español con mestizo nace un castizo
  • De castizo con español nace español

Un español al final siempre producirá un español, pero no es así con las otras dos razas puras del imperio.

  • De indio con negro nace un zambo
  • De negro con zambo nace zambo prieto
  • De español con negro se da un mulato
  • De mulato con español nace un morisco
  • De español con morisco surge un albino
  • De albino con español nace un saltapatrás

Del saltapatrás resulta interesante que, a pesar de que sus padres son dos blancos, este blanqueamiento no es bien aceptado por tener características fenotípicas propias de los negros.

  • De mestizo con mulato nace un apiñonado
  • De indio con mestizo nace un coyote (también le llaman cholo)
  • De mulato con indio nace un chino
  • De español con cholo o coyote se da un harnizo
  • De castizo con mestizo también nace un harnizo
  • De coyote con indio un chamizo
  • De chino con indio un cambujo
  • De saltapatrás con mulato un lobo
  • De lobo con chino un gíbaro
  • De gíbaro con mulato un albarazado
  • De albarazado con negro un cambujo
  • De lobo y de india se da zambaigo
  • De cambujo con indio nace zambaigo
  • De zambaigo con lobo da campamulato
  • De campamulato con cambujo nace un tente en el aire

La gráfica que se forma de estas combinaciones es tan larga como ridícula.

De la pluriculturalidad a la amalgama de lo mestizo

Afrodecendientes

En la Nueva España los de “color quebrado” que eran libres, tenían la posibilidad de salir adelante practicando un oficio. Pero muchas organizaciones de artesanos prohibían que mestizos, indios, negros o mulatos pudieran pasar los exámenes para llegar a ser maestros o aprendices. Se convertían en mano de obra. En la iglesia o academia las cosas eran parecidas. Aunque hubo casos de mestizos, indios o mulatos que llegaron a ser maestros. Por ejemplo, en el arte novohispano el pardo José de Joaquín Magón o el mulato Tomás de Sosa, que destacaron en su tiempo.

Aun así, siempre se ponía a los blancos por delante:

“En el sacerdocio era normal que los hijos de los nobles indígenas si accedieran al sacerdocio, pero era común que fueran sacerdotes auxiliares. Siempre se les veía como que tenía que haber un criollo a la cabeza (….). Para llegar a ciertos cargos tenías que ir a comprobar burocráticamente, que era pesadísima, tus orígenes. Tu pureza de la sangre o este escalafón de la sociedad”, explica Núñez.

Clemente Núñez opina que el que existiera una bajísima opción de movilidad social no niega que existiera la ideología de que “lo español tenía que tener cierto privilegio sobre lo demás”. En la escala establecida, los indígenas estaban en medio y los negros hasta abajo. “Esto nos habla de todas las reglas que hay detrás de cómo se ve la sociedad a sí misma, independientemente de cómo opera”. El origen es el lastre que obstaculiza la movilidad.

Llega el siglo XIX y aún persisten esos choques de lógica. Hay testimonios en los que las personas se identifican como “mexicano español”, que eran los connacionales blancos, el “mexicano indígena” era el moreno. En el discurso nacionalista de la libertad los negros desaparecen, aunque suya fue la primera rebelión independentista y participaron activamente en el ejercito de Morelos.

“Empiezan a surgir varios discursos que operan de una manera distinta, el conservador y liberal. Los dos son racistas. El liberal se va a decantar por el mestizaje, pero el mestizaje opera de tal manera que trata de borrar lo indígena y otras razas. ‘Es que tú no eres indio, no tienes ascendencia negra, tu eres mestizo’. Entonces borras esas marcas, pero ¿qué es el mestizo más que el blanqueamiento de la cultura? Ya no eres indígena, eres católico, hablas español, y todos estos elementos que no son propios de la cultura indígena ni de las culturas africanas. Discursivamente se divide a los que somos mestizos, que somos mexicanos, y a los que no lo son”, asegura Núñez.

“Los liberales tienen un discurso de integración en el que se dice “los mexicanos tenemos dos raíces, que es el discurso que hasta ahora persiste, que es peligroso porque borras también las aportaciones africanas y la pluralidad. Tenemos una herencia cultural muy grande que es la de los indígenas y otra que es la de los españoles y no podemos decantarnos por una o por otra, porque estamos desapareciendo lo que hay en medio”

El miedo hacia los otros.

Ya metidos en el siglo XIX, el racismo del mexicano se torna en nacionalismo mal entendido. Ahora se trata de mejorar la raza. Durante el porfiriato se aplicaron leyes de eugenesia (aplicación de las leyes biológicas de la herencia al perfeccionamiento de la especie humana).

“Se promueve que los indígenas se mezclen con los blancos. Van a traer blancos al país y para prueba están los menonitas, que forman parte de un proyecto que buscaba traer europeos para que enseñen con los nativos y se mezclen con ellos” – explica Núñez recordando que Porfirio Díaz promueve “la migración de razas positivas y tratar de evitar la de razas negativas” ¿Cuáles son? “Los libaneses, los negros y los chinos. No es lo mismo un japonés que un chino. Y va a haber unas prácticas racistas contra los chinos con propagandas en específico contra ellos”.

Los mexicanos cometieron actos atroces contra los chinos. “Las calles de Torreón a las tres de la tarde estaban cubiertas de cadáveres. La consternación en que quedó la ciudad es indescriptible, no hay palabras con que expresarla” escribió el periodista Delfino Ríos sobre la masacre de 303 chinos ocurrida en esa ciudad coahuilense el 15 de mayo de 1911.

Es de sobra conocida la forma en la que los utilizaban para practicar tiro al blanco por casi todas las facciones de la revolución.

“El discurso del mestizaje e indigenista también da invisibilidad a la existencia de la pluralidad étnica dentro de América. En Tenochtitlán había conflictos étnicos muy duros, grandes. Zapotecas, mixes, otomíes, cucapá, tzotziles, tzeltales, desaparecen y ahora todos son aztecas” me comenta Clemente sobre la revisitación de los pueblos originarios de cara a la modernidad.

Los reyes güeros en el imperio de los “moreno claro”

En 2014, en el marco del festival TAG, el director afroamericano Spike Lee visitó la Ciudad de México. El encargado de moderar la conversación fue el editor de sonido y locutor mexicano Martín Hernández. Al hablar de la aportación de los afroamericanos en la historia de Estados Unidos, Spike Lee se tomó una pausa para preguntarle a Hernández sobre las aportaciones de los negros en México. La respuesta del nominado al Oscar por Birdman fue que eran “many few”, poquitos.

En ese momento se hicieron grandes filas tras los micrófonos puestos al público en el recinto, nadie quería preguntarle nada al director, todos querían corregir a Hernández que borró de tajo la tercera raíz de los mexicanos.

Si los indígenas lo han tenido difícil, los afrodescendientes lo han tenido peor. Los hemos desaparecido. Fue hasta 2014 que el censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) incluyó una pregunta sobre cuantos mexicanos se identifican cómo negros (jarochos, mulatos, mascogos o afrodescendentes). Menos de un millón y medio de habitantes dijeron serlo.

En 2017, el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación de la CDMX (en conjunto con Consulta Mitofsky), realizaron una encuesta para saber cuántas personas se asumían como indígenas. Sólo el 8.8% lo hizo.

En la misma encuesta, se les preguntó ¿Qué tanta discriminación considera que existe en la Ciudad de México? en una escala del 0 al 10 los capitalinos reconocieron que discriminan un 7.7% y qué los indígenas eran los que más sufrían discriminación (17.9%), seguidos de la comunidad LGBTTTI (12.1%) y los morenos (12%). Sin embargo, en la misma encuesta muy pocas personas aceptaron haber sido discriminadas, ¿por qué? ¿Les da pena?

“Es la perversa relación entre el México de la clase y de la raza. Al mexicano mestizo, blanco y criollo le encanta decir que no es racista”, aunque eso “no es cierto. Te justifica que (la actitud) es clasista en lugar de racista, como si eso fuera justificable”, declaró Alfonso Cuarón durante la presentación de su película Roma en la Ciudad de México.

La discriminación es prima hermana del racismo, y es tan cotidiano para nosotros que a veces ni lo notamos, pero a la hora de pedir tacos del “Güero”, el “paisa”, el “joven”, el “carnal”, la diferencia se nota.

Un estudio del INEGI, realizado este año, arrojó que en México la vida es mejor cuando eres “güero”. Los profesionistas y técnicos blancos representan 21% de la población ocupada, mientras que los morenos aglutinan al 12%. Los porcentajes son prácticamente los mismos en el caso de los trabajos administrativos y de ventas.

A los más jóvenes tampoco les va también, mientras 55% de las personas blancas en México va a la universidad y preparatoria, solo 31% de los habitantes de piel morena lo logra.

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(Gráfica INEGI)

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En los trabajos de bajo perfil (pero no menos importantes) la cosa se revierte. El 44% de las personas morenas se desempeña como trabajadores de apoyo, agropecuarios o en servicios personales, y sólo 28% de los mexicanos blancos realiza estas actividades. Entre los artesanos, el 16% es moreno sobre el 8% que es de piel blanca.

(Gráfica INEGI)

El concepto de mestizo en el siglo XXI se ha transformado en “somos mexicanos”, pero hay dos tipos: los mexicanos chingones, cuya tez se va hacia el caucásico, y los otros, cuyos rasgos tienden hacia lo indígena. ¿Por qué, si el discurso moderno indica que todos somos mexicanos, en la práctica aun importa tanto el origen?

“Yo creo que ese discurso se debería abandonar tan pronto como se pueda. No deberíamos tener naciones fundamentadas en nociones de raza. Terminamos con una cosa tan increíblemente sui géneris como lo es la raza cósmica -manifiesta Clemente Núñez, sobre el legado de José Vasconcelos, un heredero de la historiográfica conservadora-. Hizo un texto que es increíble desde la teoría de las razas, porque en las razas lo que siempre buscas es pureza, y Vasconcelos afirma que el mestizo de Hispano América es el heredero del mundo, porque tenemos a los españoles, indígena, negros y anglosajones, que son grandes y con limitaciones, y el mestizo es mejor porque va a superar estas limitaciones. Es una huella del tiempo que está en el lema de la Universidad Nacional”.

En este sentido, el maestro Edgar Villeda opina: “La raza, es muchas veces importante, pero otras no, pensemos en el lema de la UNAM, si quitamos la palabra “raza” y la sustituimos por la palabra “especie” con el fin de ser incluyentes y no racistas, eliminaríamos un componente de identidad al contexto histórico y social de la universidad; así, la utilización del término “raza”, nos da una identidad sin ser racistas pues en la universidad estudian y dan clases, humanos de todas las razas del mundo.”

Las cosas son muy extrañas. Entre los pobres no está permitido que haya blancos. Por eso les dicen “hueros de rancho”, una denominación de origen que les recuerda que son mestizos, que ser güero no es ser blanco, pues es un adjetivo que literalmente significa “descolorido”. El racismo existe en todos lados.

Racismo y clasismo no se da de la clase menos favorecida a la poderosa, no funciona así. En su libro El mito de la raza, Robert Wald Sussman explica que:

“Las políticas básicas de raza y racismo se han desarrollado como una forma de mantener a los líderes y sus seguidores en control de la forma en que vivimos nuestras vidas modernas. Estos líderes a menudo se ven a sí mismos como los mejores y los más brillantes. Gran parte de esta historia ayudó a establecer y mantener la Inquisición española, las políticas coloniales, la esclavitud, el nazismo, el separatismo racial, la discriminación, y las políticas contra la inmigración.”

Todo esto es permitido por la gran mayoría. Un ejemplo sencillo: se distribuyen maquillajes de tonos rosas para personas que no son blancas. El ideal es ser el de arriba y muchas veces, para lograrlo, se debe opacar al de abajo. La mayoría somos morenos, pero parece que nos da pena serlo, y nos buscamos justificaciones tonales tan estúpidas como el “moreno claro”.

Un día, el racismo dejará de ser una herramienta… pero eso no es necesariamente para mejorar. De seguro será sustituido por otra clase de odio. Y así, si seguimos la historia, de pinche indio se derivó en pinche provinciano, luego llegaron los pinche vieja, pinches putos, pinche chairo, pinches rucos y, seguramente, seguirán los pinches robots y la pinche inteligencia artificial. Cuando estos nos dominen, seguramente dirán: “pinches bolsas de carne”.

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