El “porno de venganza” se refiere a la publicación de imágenes sexuales de personas que no dieron su consentimiento. Este fenómeno suele afectar más a mujeres que a hombres y representa una agresión muy intensa para quien lo sufre. A pesar de todo, no existe regulación alguna al respecto.

Existen muchos casos de porno de venganza que han afectado profundamente el estado emocional, laboral y social de las mujeres que lo padecen. Hace no mucho tiempo, la periodista Emily Bazelon entrevistó a una mujer que sufrió este tipo de agresión. Al parecer, su ex-novio posteó imágenes de ella desnuda en un portal llamado Private Voyeur. Bajo el título “Jap Slot“. Aparecía su nombre, su dirección, su correo electrónico y el lugar en el que trabajaba.

Compañeros de trabajo y clientes podían revisar el post en cualquier momento. Si alguien googleaba su nombre en línea, una de las primeras entradas era este post. Cualquiera que la buscara en internet podría ver la fotografía.

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La profesora de la Universidad de Maryland Danielle Citron, en su libro Hate 3.0, relata el caso de Holly Jacobs. Se publicaron varias fotos y un video sexual de esta joven en un sitio en donde supuestamente ella solicitaba tener sexo con extraños. En el post aparecía su nombre real y su correo electrónico. Recibió varias solicitudes de extraños y alguien envió el post a su jefe y a sus compañeros de trabajo.

Finalmente, tuvo que cambiar su nombre porque “quería tener un futuro profesional”. No obstante, el gobierno de su localidad publicó en línea su solicitud de cambio de nombre. Jacobs intentó hacer justicia, pero se topó de frente una y otra vez con barreras legales. La policía, el FBI y los sitios que alojaban las imágenes rechazaron sus solicitudes. A partir de entonces, Holly Jacobs dirige el sitio End Revenge Porn en contra de estas prácticas.

La línea de defensa del “internet libre” no puede ser tan rígida que no permita atacar y eliminar este tipo de prácticas, tal y como se ha hecho con la pornografía infantil. A final de cuentas, el porno de venganza puede lastimar profundamente la vida de una persona. Sin duda alguna, no se trata de un trauma pasajero, ni de una cuestión que se resolverá sola.

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Gran parte del problema son los prejuicios y las prácticas discriminatorias en contra de las mujeres que aun ahora siguen existiendo. La mayoría de estas imágenes fueron captadas con el consentimiento de las víctimas, pero eso no quiere decir que consintieran su publicación. Como expresa la periodista Amanda Marcotte:

“Así como reconocemos que si dos personas tienen sexo consensuado, no significa que todos sus encuentros futuros contarán también con el consentimiento de ambas partes necesariamente; así debemos reconocer que una fotografía tomada como un gesto sexual consentido no puede volverse una herramienta para el acoso. De manera que deben de existir penas para este tipo de prácticas”

No atender al porno de venganza ni considerarlas peligroso vulnera aún más a las personas que lo padecen. Por otro lado, la pena no sólo debe aplicarse a quienes publican esas fotos, sino también a los sitios que las alojan. Actualmente existen varios sitios dedicados a producir material relacionado con el porno de venganza, y ganan una cantidad muy importante de dinero por ello.

En la medida en que se consolide un tipo de vida pública en internet, tenemos que reflexionar y actuar a favor de nuestros derechos en el mundo virtual. Finalmente, si se vulnera nuestra personalidad en línea, puede haber consecuencias enormes para nosotros dentro y fuera de la red.

vía Slate

fuente End Revenge Porn

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