George A Romero Night of the Living Dead

George A. Romero cambió la historia del cine con una ejemplar película, hace cincuenta años: Night of the Living Dead.

Es 1969, un pequeño teatro de Chicago está atiborrado de niños. Sólo una veintena de personas en la gran sala tiene más de dieciséis años. Los niños bajan corriendo de los coches de sus padres, entran en tropel a la sala, se avientan palomitas, son golpeados en la cabeza por las hermanas mayores que mantienen el orden.

El mítico crítico de cine, Roger Ebert, narra la escena:

“Hubo un grito de júbilo cuando las luces se apagaron. La escena inicial era en un cementerio (muchos gritos fascinados de los niños), y una pareja adolescente pone una corona de flores en una tumba. De pronto aparece un ghoul y ataca al niño y la niña huye a una granja cercana. El ghoul aparece con trajeada decadencia, con todo tipo de cicatrices sangrientas en la cara, y camina con el típico caminar del ghoul. Más gritos de los niños. Gritar es parte de la diversión, si se acuerdan.”

Era la proyección de Night of the Living Dead y la entrada costaba cuarenta centavos de dólar. Parecía ser la película perfecta para este público. Era el mismo tipo de público joven que había visto, feliz del horror cursi, The Creature of the Black Lagoon diez años atrás.

Pero Roger Ebert quedó petrificado al final de la cinta: los gritos de diversión cesaron, los niños dejaron de aventarse palomitas, el cine había enmudecido.

“Los niños en la audiencia estaban petrificados. El silencio era casi total. La película había dejado de ser un delicioso espanto a la mitad de la proyección y se había convertido, de pronto, en algo verdaderamente aterrador. Había una pequeña niña sentada en el pasillo frente a mí, de nueve años, tal vez, que estaba muy quieta en su asiento y lloraba…”

La película seminal de George A. Romero había conseguido su cometido: espantar hasta el tuétano a su audiencia. Pero, también, había logrado tantas cosas más. Porque esta cinta de bajísimo presupuesto e inesperado éxito fundó un nuevo capítulo en la historia del cine.

Night of the Living Dead representaba el cine independiente sin formar parte de la intelectualidad neoyorquina; representaba el cine barato de horror sin caer en las locuras de Ed Wood; representaba el máximo terror en pantalla sin necesitar de un enorme presupuesto y la aprobación de un gran estudio…

No, esto era algo nuevo; algo que cambiaría para siempre la historia; algo que le enseñó al mundo que el horror podía ser también un género profundamente inteligente… y causar una enorme incomodidad social.

El hombre idiota

George A Romero Night of the Living Dead

Hay millones de interpretaciones sobre el significado de Night of the Living Dead. Y muchas de esas interpretaciones giran en torno a la fecha en que salió la película.

Era 1968, el año de la plena locura de Vietnam, el comienzo de la era Nixon, de las primeras protestas anticapitalistas y del miedo constante a la amenaza soviética. Era el año del comienzo de la era espacial, de la llegada del hombre a la Luna, de la televisión dándole la vuelta al mundo.

Y todas las interpretaciones se centraron, entonces, en la embestida continua, demente, violenta de los zombies. Parecía ser la metáfora perfecta para lo que ocurría en Estados Unidos: mandar a jóvenes inocentes, como olas, al exterminio en una jungla lejana; mostrar los horrores de la ambición capitalista con hombres vestidos de traje que se comen entre ellos; hablar del adormecimiento político en la poca resistencia del senado a Nixon…

Pero Romero siempre fue franco al respecto. Para él, los zombies sólo significaban zombies como para Freud, a veces, los habanos sólo significaban habanos. Eso no quiere decir que la película de Romero esté vacía de interpretaciones contextuales. Al contrario, lo que nos dice es que él mismo inició un conocidísimo tropo de las películas de zombies: este género no habla del miedo a los muertos vivientes, sino del miedo a los vivos.

“Mis historias son sobre humanos y sobre cómo reaccionan los humanos, sobre cómo no logran reaccionar los humanos o sobre cómo reaccionan estúpidamente. Estoy apuntando mi dedo a nosotros, no a los zombies. Trato de respetar y simpatizar con los zombies lo más que puedo”, decía Romero.

Night of the Living Dead es también una película sobre los humanos y su infinita estupidez; y es una película sobre los logros magníficos de la humanidad. Porque la obra maestra de George A. Romero tiene ese hermoso balance que sólo logran las películas verdaderamente inteligentes. Y ese balance nos muestra la máxima capacidad creativa del hombre mientras nos revela su profunda ansia de destrucción.

George A Romero Night of the Living Dead
La película de Romero nos muestra la máxima capacidad creativa del hombre mientras nos revela su profunda ansia de destrucción.

¿Qué es lo que, presumiblemente, causa que los muertos vuelvan a la vida en esta cinta? Se trata de una sonda espacial que sufrió algún tipo de contaminación radioactiva y que cayó a la tierra. Es una cuestión de contaminación espacial cincuenta años antes de que Gareth Edwards hiciera Monsters con 10 mil dólares; es una cuestión de telediarios informando con científicos desinformados veinte años antes de que Paul Verhoeven hiciera su trilogía de ciencia ficción.

La idea se acerca al miedo de la bomba nuclear: la cima del pensamiento humano nos lleva a nuestra propia destrucción. Construímos satélites y sondas, guiados por la curiosidad, y encontramos cosas que no podemos entender ni controlar. Construimos artefactos para dividir el átomo y causar reacciones en cadena que liberan masivas cantidades de energía, al mismo tiempo que abrimos la puerta de nuestra destrucción como especie.

El impulso creativo del hombre siempre está cerca de su impulso destructivo. Y, lo que es peor, la dificultad de construir algo se revierte fácilmente con nuestra natural propensión por la destrucción. Porque destruir siempre ha sido tan fácil…

Cuando el personaje principal, interpretado por el genial Duane Jones, intenta construir, intenta crear un acuerdo, unir a los vivos para sobrevivir el ataque a los muertos, falla miserablemente hasta que se queda completamente solo.

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Lo que dice aquí Romero es que la esperanza de unir a los hombres con un fin constructivo siempre estará amenazada por el otro lado de la humanidad.

En cambio, como un reflejo perfecto al intento de Ben de unificar a los vivos para la construcción de una fortaleza de supervivencia, tenemos la organización del final de la cinta. Cuando armas a los hombres, les das herramientas de destrucción y les ordenas matar y quemar, parece que obedecen a la perfección y con alegría. Cooperan todos, se comparten el café, se dan palmadas en la espalda e incluso bromean sobre los cadáveres asesinados: “Somebody had himself a cook-out!”.

Ben termina muriendo bajo la lógica perfectamente organizada del hombre cazando, destruyendo, matando. Su intento fútil de resistencia se derrumba porque quiso crear con sus hermanos, porque quiso unirlos en una meta final de supervivencia a largo plazo. Pero ellos sólo pensaron en lo inmediato, en lo egoísta, en lo mediocre. Perecen todos por la estupidez individual, claro, pero también por la esperanza que tuvo Ben de unir a la especie humana en un fin constructivo.

He ahí lo terriblemente duro del final de la cinta. Porque lo que dice aquí Romero es que la esperanza de unir a los hombres con un fin constructivo siempre estará amenazada por el otro lado de la humanidad, el que crea el fino balance de amor y muerte, el que se guía por el impulso de destruir.

La cuchara y la madre

George A Romero Night of the Living Dead

¿Qué escena puede ser más significativa de esta visión desilusionada del hombre que esa maravillosa escena central de la madre sacrificada? En el sótano, ese último lugar de refugio, de regresión, de protección; en ese lugar al que se regresa para el refugio de lo familiar, se encuentra una niña infectada por los ghouls.

Cuando la niña despierta de su letargo, su madre la encuentra comiéndose al padre. La hija se acerca ominosamente a ella y la madre sabe lo que va a suceder. Sabe que va a morir, sabe que su hija la va a matar, pero no puede evitarlo porque no puede creerlo, porque no puede oponerse a la voluntad de la hija, porque no puede violentarla.

La niña toma entonces, de la pared, una cuchara de cemento y apuñala repetidamente a la madree. La idea de Electra viene a la mente: como contraparte del Complejo de Edipo, Jung hablaba del deseo de la hija por el padre y el asesinato simbólico de la madre con la que entra en competencia. Pero no queremos hacer una lectura psicológica aquí.

Más bien véanlo como un símbolo: el útero materno perforado por la cuchara y la hija asesinando a la madre. La cuchara sirve para levantar paredes, es el instrumento más básico de todas nuestras glorias: no existe un laboratorio que no necesite una pared o un techo. Y aquí la cuchara se revierte en su propósito para dejar de construir y comenzar a destruir.

George A Romero Night of the Living Dead
La destrucción del hombre por el hombre tiene aquí una fuertísima carga simbólica: todo con lo que construimos sirve también para destruirnos.

La destrucción, además, no es gratuita. La cuchara destruye el útero materno, el lugar de donde todo humano proviene, la fuente de la vida y de la gestación, la imagen de la protección y del principio. La destrucción del hombre por el hombre tiene aquí una fuertísima carga simbólica: todo con lo que construimos sirve también para destruirnos.

Y es una hija la que mata a su madre. El círculo está completo: damos vida para causarnos la muerte, edificamos para destruir lo construido, usamos nuestras herramientas de creación para acabar con cualquier posibilidad de renacimiento.

Y, sin embargo, como plaga, prosperamos para seguir destruyendo. Porque no vemos la muerte de la niña y sí vemos, gráficamente, la muerte de Ben.

Con ese claroscuro único que ilumina, en un juego brillante de ángulos, el cadáver de la mano con la cuchara encajada en el pecho de la madre, Romero firmó su obra. Y la niña de la fila de enfrente seguirá llorando por la evidencia de su identificación a la especie: ella, como todo humano, es capaz de los peores horrores.

Pienso, luego espanto

A la muerte del gran George A. Romero el pasado 16 de julio, Jordan Peele tuiteó una foto de Duane Jones apuntando su insigne escopeta. Arriba de la foto, Peele solamente escribió: “Romero lo empezó todo”.

¿A qué se refería el director de Get Out con esto? Duane Jones fue el primer actor negro en protagonizar una película de terror en la historia. Y fue una interpretación, además, bastante significativa por lo que representó en la producción misma de la película.

El papel había sido escrito, originalmente, para un protagonista blanco: un camionero de bajos recursos, poco educado y tosco. Cuando Jones hizo la mejor audición y fue elegido para el papel, no estuvo de acuerdo en interpretar al personaje según el guión. Jones hablaba diferentes idiomas y era profesor universitario así que cambió los diálogos, sobre la marcha, para crear a un personaje mucho más refinado.

El resultado fue impresionante: en esa época nadie ponía a un afroamericano como protagonista de una película y, cuando los incluían en el cast, siempre era en roles secundarios que reflejaba pobreza, miseria, pasividad o ignorancia.

George A Romero Night of the Living Dead 11
Duane Jones fue el primer actor negro en protagonizar una película de terror en la historia.

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Pero el papel de Jones fue todo lo contrario y, con ello, contribuyó a hacer una película muchísimo más inteligente. Porque, finalmente, la cinta terminó de filmarse unos meses antes del asesinato de Martin Luther King Jr. y el contexto le dio toda una nueva relevancia. Un hombre educado, de color, trató de unir a la gente para sobrevivir, para llegar a una paz creativa, para resguardarse del mal que circulaba en el ambiente. Como única recompensa fue abatido para convertirse en un símbolo de los monumentos que puede destruir la inmensa estupidez humana.

Pero, cuando Peele dice que Romero lo empezó todo, no está hablando solamente de la inclusión de una reflexión racial o de tener un protagonista negro. No, Peele también está agradeciendo la inauguración de un linaje. Sin Night of the Living Dead no existiría Get Out. Ni tampoco existiría la nueva ola de horror con contenido crítico y social que recorre el cine independiente estadounidense: Don’t Breathe, It Follows y The Witch son tres brillantes ejemplos recientes.

Romero creó un nuevo nicho para el cine de horror; un nicho que cambió un género para siempre. Después de Night of the Living Dead, el horror nunca volvió a ser simple entretenimiento. Con George A. Romero, el horror independiente adquirió un nuevo concepto para convertirse en una propuesta real y violenta sobre la realidad social americana.

George A Romero Night of the Living Dead
Con George A. Romero, el horror independiente adquirió un nuevo concepto para convertirse en una propuesta real y violenta sobre la realidad social americana.

Cuando termina la primera cinta de Romero, los créditos bajan sobre fotografías de la turba armada entrando a la casa, viendo el cadáver de Ben en el piso. El estilo es claramente documental y da la terrible idea que ha guiado toda la película: sólo los planos holandeses pueden traicionar un estilo de filmación directo que imita el documental guerrilla, cámara en mano, realidad sobre el hombro.

Romero hizo una cinta fantástica sobre muertos que se levantan y comen a la gente. Pero hizo también una película cargada de canales oficiales de gobierno, de medidas de respuesta, de consideraciones reales sobre el hombre y sus reacciones. Y lo hizo con el máximo realismo que le permitió su corto presupuesto. Porque su cinta quería ser un reflejo violento de nuestra realidad; un reflejo que nos golpeara en la cara, callara nuestros gritos y despertara, muy dentro, una terrible sensación ominosa.

Romero creó el horror que no se limita a la sala de cine, que no se resuelve con un bello final y una relajación. Él es el padre de todo el terror independiente actual que inspira un miedo mucho más allá del fin de las cintas. Cuando Night of the Living Dead acaba, el horror apenas comienza. Porque el miedo no se queda, catártico, dentro de la sala, sino que acompaña al espectador hasta la frontera del mundo, ese que todos habitamos.

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