El escritor tijuanense Luis Humberto Crosthwaite nos cuenta sobre el largo proceso de publicación de la novela gráfica en esta entrevista.

Portada de Complot Mongol, libro del FCE

(FCE/Ricardo Peláez)

Hace algún tiempo, poco más de un año, tuvimos la oportunidad de entrevistar al escritor Luis Humberto Crosthwaite con motivo de la adaptación al cómic de la novela El Complot Mongol de Rafael Bernal.

El Complot Mongol es considerada por la crítica como la iniciadora de la novela negra en nuestro país. Existen algunas adaptaciones a otros medios como la película de 1978 dirigida por Antonio Eceiza, la radionovela de 1978 producida por Edmundo Cepeda y la adaptación a la novela gráfica a cargo de Luis Humberto Crosthwaite y Ricardo Peláez Goicotxea iniciada en el 2000 pero que, como si se tratara de un thriller editorial tuvo que recorrer un largo camino para verse publicada por el Fondo de Cultura Económica en 2017.

La conversación se llevó a cabo por vía Facebook y en un gesto amable y desenfadado Crosthwaite accedió a contarle a Código Espagueti un poco sobre el proceso de adaptación de la novela publicada originalmente en 1969.

CE: ¿Cómo se te ocurrió adaptar la novela? ¿Fue algo que decidiste o te buscaron para hacerlo?

LHC: Mi amá una vez me dijo que ya no había ideas originales, que me tenía que conformar con lo que ya habían inventado los demás. Y siguió con un choro muy largo que ya no recuerdo. Lo que sí te puedo decir es que fue ocurrencia mía aunque no podría decir que original. Era y sigue siendo una de mis novelas favoritas. Y nunca me conformo con sólo leer o estrujar o remojar un libro, tengo que hacer otra cosa. Y si ya lo estaba releyendo, ¿por qué no hacer algo especial como un guión para cómic? Y pues ahí tá.

CE: ¿Ya habías trabajado en adaptaciones de este tipo antes?

Creo que fue la primera adaptación. Pero creo que leí un libro que se llama Adaptaciones para guión de cómic (sin maestro) o algo así.

CE: ¿Tú escogiste a Ricardo Peláez para adaptarlo? ¿Cómo fue ese proceso?

LHC: Yo mero mesmísimo. Hubo una audición en la que llegaron como 400 dibujantes y él fue quien cantó bien y tenía mejor sonrisa que los demás. Esa es la versión oficial. En la que no es oficial, indagué, pregunté, rogué… hasta que alguien me recomendó al Peláez.

CE: Tengo entendido que el proceso de publicación fue un poco complicado, ¿cómo llegaron a editorial VID y luego al FCE?

LHC: ¿Un poco complicado? Ahí te va. Pasaron como mil años. Fue un proyecto que originalmente le presenté al Centro Cultural Tijuana. Ellos se mocharon con una lana para contratar un dibujante profesional. Me recomendaron el Taller del Perro en “México Ciri”. Platiqué con ellos y Peláez era el que le entró. Después de un tiempo se acabó la lana y el proyecto quedó a medias. Originalmente planeamos una publicación en cuatro fascículos. El proyectó se canceló cuando yo había escrito el guión de las primeras tres partes. Luego no sé cómo llegó a Vid que publicó solo un fascículo ya que no tenían la autorización de Planeta, que tiene los derechos de la novela. O bien, no contaban con la autorización de la viuda de Bernal, ya ni me acuerdo. Pasaron algunos años y Random House quiso resucitar el proyecto, ahora como novela gráfica. Nos pagaron una lana, yo terminé el cuarto guión y Peláez avanzó un poco más, sin terminar. Entonces era todo a color. Pero tampoco se hizo de nuevo por cuestión de derechos. Pasaron más años y de repente me escriben del FCE. Nuevamente nos pagaron una lana y yo dije pos mientras nos sigan pagando… Yo no esperaba mucho, pero pusieron a trabajar a Peláez y finalmente terminó. Y por ahí me dicen que salió el libro, yo no lo he visto en persona. Lo mismo sucede durante las producciones de cine, al principio todo mundo quiere al guionista, luego todos lo olvidan.

CE: Por último, ¿Cuál es la parte que más disfrutaste de adaptar la novela y cuál la que más trabajo te costó?

LHC: No recuerdo haber tenido problema adaptándolo. Suelen ser más tediosas las partes donde hay mucha argumentación y poca acción; sobre todo tratando de adaptar en un encuadre a los personajes. Traté de imaginar una cámara y ubicarla en distintos lugares para cambiar el ángulo; pero a veces me resultaba repetitivo. Lo bueno que en esos momentos Ricardo hacía cambios; pero fueron pocos, por lo demás Ricardo siguió el guión muy bien.

Recuerdo también haber tenido discusiones muy interesantes con él sobre diversos temas. Por ejemplo, ¿cómo es el sombrero de Filiberto? Bernal dice que es un Stetson, pero qué tipo. Llegamos a la conclusión de que debería ser un sombrero tejano tipo los que usaban los alguaciles que escoltaban a Oswald cuando fue asesinado. También Ricardo me pidió muy encarecidamente que desvistiera a Martita, así que para gusto y deleite de él y de los lectores, la metí a bañarse. Pensándolo bien, lo más difícil fue editar el contenido de la novela, ¿qué incluiría, qué dejaría afuera? Y la bronca de todo adaptador: ¿cómo decir en poco lo que en la novela se dice en mucho?

Seguramente me acordaría de otros detalles teniendo la novela gráfica en la mano; pero yo sigo como Santo Tomás, hasta no ver, no creer. Ya se ha dicho en otros momentos que está a punto de salir pero ya ves…

Recuerdo que de Ricardo fue la idea de que Filiberto se pareciera físicamente a Rafael Bernal. Mía fue la idea de empezar con una escena de acción. El comienzo de la novela es puro monólogo de Filiberto, buenísimo pero difícil para el principio de un medio visual como el cómic.

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