Ricardo Peláez nos contó la odisea de casi 20 años para lograr publicar la adaptación en cómic de Complot Mongol.

página de Complot Mongol, novela gráfica

(FCE/Ricardo Peláez)

Para mí, platicar con la gente que admiro siempre es complicado, porque inevitablemente termino decepcionado y con ganas de que ya no me guste su trabajo. Es verdad cuando dicen que la obra de un  artista no lo representa a él como persona. Tengo una lista de escritores, pintores e historietistas en la que podría sostener mis palabras. Pero ¿para qué publicarla?

Por eso es que, durante muchos años, quise platicar con Ricardo Peláez y durante muchos años también busqué las justificaciones necesarias para no hacerlo. Porque si algo he sentido yo por el historietista durante gran parte de mi vida no ha sido más que admiración por su trabajo.

Fuego Lento, el libro que recopila su obra primigenia y la novela Madre Santa (co-creada con Eric Proaño, FRIK), fue el primer libro de cómic mexicano que yo compré y ¡Bum! Fue una revelación. Era puro pinche drama, una flecha volando precisa y certera a mis sentimientos, historias cercanas a mí, a lo que me rodeaba. Fuego Lento me abrió a mí —y estoy seguro que a muchos más— los ojos hacia la posibilidad de una nueva forma de hacer cómics.

Entenderán entonces por qué no quería hablar con Peláez. Un artista que admiraba, pero con el que nunca había tenido contacto y al que sólo había visto dos veces en persona. De lejitos y sin escucharlo. Pero no hay nada inevitable en esta vida y fui a entrevistar al maestro Peláez por una cosa que parecía aún más imposible: la publicación de Complot Mongol, la adaptación en historieta de la obra de Rafael Bernal, piedra angular en la que se cimentó la novela negra mexicana.

“¿Complot Mongol? Ese proyecto está maldito” era la respuesta que, durante casi 20 años, cualquier entusiasta, creador o editor de cómics en México te diría al preguntar sobre ese cómic. Su existencia no estaba puesta en duda, la hoy extinta Editorial VID publicó un capítulo al inicio del siglo y después no hubo más. Sólo rumores de que esta o aquella editorial retomaría el proyecto, pero nada concreto; hasta el año pasado, cuando llegó a las librerías gracias al Fondo de Cultura Económica.

¿Qué pasó? Eso fue lo que quería preguntarle y él me contestó. Peláez es un tipazo, me abrió las puertas de su casa, me invitó a desayunar, platicó conmigo y cuando terminamos me dio un raite; pero sobre todo me contó la accidentada historia de este cómic maldito.

El Complot Mongol — Revolución, complot, muerte y muchos “pinches chales”

Todas las maldiciones inician en algún punto

La historia de lo que terminaría siendo la adaptación gráfica del Complot Mongol no inicia en la Ciudad de México ni con Ricardo Peláez. Inicia con el escritor Luis Humberto Crosthwaite, en Tijuana. El escritor quería editar una colección de novelas adaptadas en historieta, entre las que incluía la obra de Rafael Bernal, con el apoyo del Centro Cultural Tijuana (CECU). No hubo suerte con la institución, pero con ganas de sacar al menos Complot Mongol, Crosthwaite busca un dibujante que pueda hacer la parte gráfica del trabajo, aunque no tuviera ni un guión que entregarle. Así es como se pone en contacto con Peláez, al que tampoco conocía físicamente.

“Él había hecho unas colaboraciones para el Gallito Comics porque conocía a Víctor del Real, yo personalmente no lo conocía. Ni siquiera vivía aquí, estaba en Tijuana. Él un día me habla y me propone hacer el Complot por esta iniciativa para el CECU —recuerda el autor—. Le digo que sí pero no prospera el asunto, ni me manda nunca nada de guión. Yo creo que eso ha de haber sido por ahí del 98. Ósea, ya el Gallito estaba en sus números finales y el proyecto era básicamente de él o del CECU”.

El Gallito Inglés, o Gallito Cómics, fue la respuesta mexicana a las escenas de cómic alternativo y subterráneo que surgían por todo el mundo. Dirigida por Víctor del Real, El Gallito fue el espacio que dio a conocer al mencionado Peláez y a otros artistas como Edgar Clement, José Quintero y Eric Proaño; quienes después formarían el Taller del Perro; y muchos más proyectos personales.

No era la primera vez que Complot Mongol se adaptaba al cómic. La SEP ya había hecho lo propio con trazos de Antonio Cardisi, quitándole el esencial “pinche” a los diálogos.

El incipiente proyecto de Crosthwaite/Peláez no prospera, hasta que Editorial VID se interesa en el cómic alternativo mexicano. Facundo Burgos, editor de libros y cómics, se acerca al Taller del Perro y allí Peláez le cuenta sobre el proyecto que tenía con Crosthwaite.

“Yo se lo comento a Facundo, porque éramos conocidos, y entonces el entra a editorial VID y me habla y me dice “Oye ¿qué paso con aquél proyecto de Crosthwaite?”. Buscando qué cosas hacer en términos editoriales allí me propone “Oye, pues vamos resucitándolo ya que no se hizo nada con el CECUT, vamos estar viéndolo aquí”. Yo no había dibujado nada, nada, nada”, narra Peláez.

La inspiración: Un argentino con 100 balas

Bocetos originales del rosto de Filiberto García, protagonista de Complot Mongol, en sus diferentes edades. Imagen escaneada del original proporcionada por Ricardo Peláez.
Bocetos originales del rosto de Filiberto García, protagonista de Complot Mongol, en sus diferentes edades. Imagen escaneada del original proporcionada por Ricardo Peláez.

Bocetos originales del rosto de Filiberto García, protagonista de Complot Mongol, en sus diferentes edades. Imagen escaneada del original proporcionada por Ricardo Peláez.

Ricardo me cuenta de que siempre que toma un proyecto inevitablemente piensa en un dibujante que admira. Lo ve como una especie de faro que lo guíe, “norte que me oriente hacia como adaptar el estilo de mi dibujo y ver cuál es apropiado para ese proyecto. No es que piense en plagiar al autor ni mucho menos, pero sí pienso ‘ah, esto le queda una onda como como Mattoti o Beccia o Bernet’”, cuenta y afirma que en primera instancia le llegó a la mente la novela Cosecha Verde, que también se tituló La Gran Patraña, de los historietistas Trillo y Mandrafina.

“Pensaba que el dibujo de Mandrafina era la clase de línea que más le vendría al Complot. Algo con pincel, en fin. Y así, durante esos meses estuve diseñando personajes, encontrando el Filiberto que quería hacer; los personajes secundarios que aparecen al principio de la novela. Porque la idea era que con ese dinero yo me encerrara un poco a trabajar, a familiarizarme, y presentar unas primeras páginas a Sonia [Batres] para ver si le daban luz verde al proyecto y emprendíamos ya la realización. (Poco antes de cumplirse el plazo para mostrar algo) Ya tenía algunas páginas que mostrar pero eran algo de lo que yo no estaba realmente convencido; una línea que no me entusiasmaba, en la que no me llegaba sentir del todo cómodo con su dibujo. Y poco antes de llegarse el plazo de esta cita llega a mis manos la historieta de 100 Balas de Eduardo Rizzo y Brian Azzarello”.

Eduardo Rizzo, dibujante argentino del que Peláez ya había visto cosas en la revista Fierro, pero con un estilo completamente diferente, como a lápiz con mucha textura. Al leer un ejemplar de 100 Balas Peláez exclamó: “¡Claro aquí esta!”

“Lo que me llama más la atención de ese trabajo de Rizzo es la colocación de la cámara y el encuadre de la viñeta y el estilo no riguroso y no rígido en términos de línea para los escenarios que era lo que más me desagradaba de las páginas que había hecho yo originalmente. Y allí surgen. Todo el tiempo que me había llevado, que eran dos o tres meses de estar dibuje y dibuje, en esa semana hago las tres primeras páginas. Esta, esa y esa, pero rapidísimo. A partir de tener en mente este encuadre y esta perspectiva más arriesgada de Rizzo. La organización de las viñetas, poner cuadros sobre una gran viñeta de fondo que se prolongue hacia atrás”.

Extrañamente, para crear a Filiberto García, Peláez se inspiró en una fotografía de Mario Vargas Llosa, en la que se le ve caminando con un gran abrigo por la calle.

https://codigoespagueti.com/noticias/cultura/entrevista-complot-mongol-crosthwaite/

La pifia de Editorial VID

Y así, el proyecto llega a Editorial VID. Donde lo acogen con entusiasmo al mismo tiempo que buscan editar otros trabajos de los miembros del Taller del Perro.

“Facundo le dice a Sonia Batres, que era la jefa editorial de todo VID, tanto de cómics como libros. Le planeta el proyecto y Sonia accede. Me dan 5 mil pesos para que empiece a trabajar, para que me meta al diseño de personajes. Le pagan a Crosthwaite para que empiece a hacer el guión y empezamos a trabajar”.

Editorial VID decide publicar el libro recopilatorio de Buba (de José Quintero) y el primer número de Complot Mongol. Editorial VID era la distribuidora de cómic más grande e importante del país. La publicación de estas dos obras significaba una apertura a toda una nueva generación de historietistas mexicanos.

Lápiz original de la mítica pagina 3 de Complot Mongol que publicó Editorial VID y cuya última viñeta sirvió de portada al único número que salió a la venta. Imagen escaneada del original proporcionada por Ricardo Pelaez
Lápiz original de la mítica pagina 3 de Complot Mongol que publicó Editorial VID y cuya última viñeta sirvió de portada al único número que salió a la venta. Imagen escaneada del original proporcionada por Ricardo Pelaez.

Lápiz original de la mítica pagina 3 de Complot Mongol que publicó Editorial VID y cuya última viñeta sirvió de portada al único número que salió a la venta. Imagen escaneada del original proporcionada por Ricardo Pelaez

Después de aparecer el primer número (de los 4 anunciados), los fanáticos quedaron a la espera del segundo. Pero eso nunca pasó. Entre la comunidad de lectores de historieta circuló el rumor de qué VID no tenía los derechos de la novela de Rafael Bernal, pero esa no fue la razón principal de que cancelaran la publicación.

“Facundo había negociado con Planeta un intercambio en el cual VID le daba los derechos de una novela y a cambio Planeta le daba a VID los derechos para la adaptación. No me acuerdo de que novela se trataba, pero era una novela gorda. No era de Yolanda Vargas Duché. Era una novela de la que por azares del destino Planeta estaba muy interesado en publicar y VID tenía los derechos. Y ese era el intercambio”.

El problema fue que el primer número no vendió lo deseado por culpa de un error de diseño.

“Hubo un problema, que no sé qué tan definitorio fue, que en ese primer número si tú ves la fecha del Complot hay cuatro equis. Creo que fue un error de la editorial a la hora de ponerle los datos. Se vendió en los estados, se vendió en locales cerraros en el DF, pero no se podía comercializar en los puestos de periódicos, porque por normatividad no pueden vender nada que no tenga fecha de publicación y eso impidió que se vendiera en puestos de periódicos”.

Pero pese a los problemas VID dio indicios de querer seguir con el proyecto. El historietista afirma que Francisco “Paco” Jiménez dijo que le pagarían cuando terminara de dibujar todos los números, de tal forma que, hasta entones, Peláez tenía que financiar por sí mismo todo el proceso, “cuando el plan en el que veníamos trabajando era que me daban la mitad del primer número, al terminar me pagaban y me daban el adelanto del segundo y me pagaban al terminar”.

Ricardo dibuja las primeras páginas del tercer número y después lo deja en el Limbo.

“De algún modo informal, Complot Mongol sí era un producto del Taller del Perro, porque Clement me ayudó al diseño de la portada. Ellos formaron parte definitiva del asunto. Ahí les doy agradecimiento en la página final, porque gracias a ellos se concretaba el proyecto”.

Todo ese trabajo está incluido en este volumen final que, finalmente, se lanzó en el 2017. Un dato tanto importante como curioso es que, hasta ese momento, el dibujante nunca había firmado un solo acuerdo, contrato o papel con editorial VID, tampoco lo había hecho Luis Humberto Crosthwaite. VID tampoco tenía un contrato firmado con Planeta por los derechos, todo fue de palabra.

Lápiz original de Ricardo Peláez en la que se narra el origen de Filiberto García. Imagen escaneada del original proporcionada por Ricardo Peláez.
Lápiz original de Ricardo Peláez en la que se narra el origen de Filiberto García. Imagen escaneada del original proporcionada por Ricardo Peláez.

Lápiz original de Ricardo Peláez en la que se narra el origen de Filiberto García. Imagen escaneada del original proporcionada por Ricardo Peláez.

Segundo intento: Random House Vs Planeta.

Años después, Peláez recibe la llamada del entonces editor de Random House, Andrés Ramírez. Él había trabajado en Planeta, conocía por alguna razón el proyecto de la adaptación.

“Me llama y me dice ‘oye, qué te parece si vamos terminando ese proyecto´. Accedo y él se da a la tarea de negociar los derechos con Planeta”.

No había impedimento para que Random House hiciera la adaptación gráfica de Complot Mongol, al menos no con Editorial Vid, dado que nunca había firmado nada con Planeta.

“Yo creo que Planeta no consideraba que hubiera algo que cuidar en algo así. Yo creo que nunca se planteó el proyecto como algo de mayor trascendencia para sus fines editoriales. Como que han de haber dicho “Bueno, vamos a ver” o “qué se puede esperar de un proyecto de dibujitos”. No sé, no sé”.

Así pues, Andrés Ramírez se da a la tarea de negociar los derechos con Planeta, pero no resulta como lo planea. Al parecer, Planeta no está dispuesta a cederle uno de sus derechos a su competencia directa. Sin embargo, Andrés estaba muy confiado en que el proyecto saldrá y le paga por adelantado a los autores para que terminen la obra.

lapiz original Complot MOngol Ricardo Pealez
Filiberto en el Barrio Chino

lapiz original Complot MOngol Ricardo Pealez

La fortuna le jugo al autor una nueva mala pasada, porque el trabajo digital que tenía ya hecho no servía de nada, dado que el nuevo proyecto era en blanco y negro, no a color, y a que sus archivos originales no podían editarse.

“Por supuesto, tenía todos los cartones dibujados, pero nada de eso que estaba terminado me servía porque, en primera, había que quitarle el color. Hay que re escanear todo porque el tamaño va a ser mayor y esas versiones, inclusive, aunque hubieran estado en capas, no me habrían servido porque había que aumentarlas de tamaño”.

Peláez rehace el trabajo, añade otra tinta gris que suple lo que le resolvía el color en la primera versión.

“Yo había visto algo parecido en la novela gráfica de Dave McKean, Cages, y allí me acuerdo de eso y digo “Claro, otra tinta es la que me puede resolver los problemas que me daba quedarme sin el color””.

Tras año y medio terminó el 90% de la novela, pero nunca se concretó la negociación entre Random House y Planeta. Y nadie le pidió cuentas de nada. Era 2005, no se habló más del proyecto hasta 10 años después.

La tercera es la vencida

En enero del 2015, Tomás Granados, del Fondo de Cultura Económica, tiene una junta con la cúpula de la FCE y deciden que la editorial del gobierno editará, por primera vez, historietas.

-“Queremos editar historieta ¿qué hacemos?”
-No, pues adaptaciones de novelas. Vámonos sobre seguro.
.Ok ¿qué novela? ¡Ah! Pues hay un proyecto de la novela del Complot Mongol adaptado ¿alguien sabe en qué quedó eso?

Nadie sabe nada, así que llaman a Ricardo, que desde hacia tiempo era colaborador de la editorial. Éste les cuenta de Random House y Andrés Ramírez, Facundo Burgos y Sonia Batres en VID, que VID ya ni existía y que Sonia trabajaba en otro lado y que Facundo Burgos era entrenador de volleyball de un equipo de chicas. Le cuenta que no había nadie a quién pedirle o preguntarle nada. Tomás dice “perfecto, déjame ver y hablamos”, una semana después marca de nuevo y sólo le dice “¡Listo! Voy saliendo de las oficinas de Planeta y el proyecto va, va a ser una coedición entre el FCE y Planeta”. Eso fue todo.

El editor se encargó de hablar con Luis Humberto Crosthwaite, con Andrés Ramírez, con la familia de Bernal, con Planeta y logra el objetivo.

Para terminar una maldición sólo hace falta decisión. Eso es lo que aprendí de esta historia, pero a lo mejor no.

Boceto de la portada de Complot Mongol publicada por FCE.
Boceto de la portada de Complot Mongol publicada por FCE.

Boceto de la portada de Complot Mongol publicada por FCE.

Cuando Ricardo Peláez me concedió esta entrevista faltaba menos de una semana para la presentación de Complot Mongol.  Me contó que ya había ido a la bodega y había visto caja sobre caja, llenas con sus cómics y aun así no se le notaba tan entusiasmado. “No va a salir”, me dijo seguro de que no pasaría, como muchas veces antes no pasó.

Me pidió que no publicará la entrevista hasta después de que saliera el libro a la venta, pero pasó una semana y eso no paso, ni a la siguiente, ni al mes siguiente. El encargado de hacer posible eso en el FCE estaba de vacaciones y había que esperar a su regreso.

Al final el libro salió y es un gran libro, como Ricardo es un gran conversador. Espero un día pueda hacer una novela gráfica sobre cómo fue el proceso de editar este cómic maldito llamado Complot Mongol. 

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