Recordamos a algunos de los villanos en cuatro ruedas clásicos de la ficción mundial.

En nuestro país hay más de 38 millones de vehículos automotores registrados. Algunos son de la Ciudad de México (4.7 millones), otros de Jalisco (3.1 millones), unos más del Estado de México (5.1 millones, primer lugar de autos en México). Todos contaminan y son malos para la salud, pero te has preguntado: ¿Cómo son los autos realmente malvados?

Para que puedas identificarlos cuando viajes por la ciudad, te vamos a mostrar algunos ejemplos clásicos salidos del Cine, la televisión y la literatura. Abróchate el cinturón. Recuerda que la seguridad es lo primero.

KARR (Knight Automated Roving Robot)

Programado para autopreservarse y no para proteger, el hermano mayor y némesis del Auto Increíble, es uno de esos villanos que hicieron época en la década de los ochenta.

Su origen es muy básico. KARR fue el prototipo original de la tecnología creada por Wilton Knight, poseía una inteligencia artificial y capacidades mucho muy superiores a las de KITT –al que se refiere como “el modelo inferior”–. Desgraciadamente un error de programación lo convirtió en psicópata con cuatro ruedas, que fue condenado al almacenamiento. Porque siempre es mejor guardar las armas asesinas que están mal programadas, en lugar de reprogramarlas o destruirlas.

Es inolvidable la escena en la que expulsa a su compinche criminal en el asiento eyector para perder peso y así adquirir más velocidad.

En fin, por su personalidad anárquica, egoísta y peligrosa para los humanos, KARR forma parte de nuestra lista de autos malvados. Además el nombre del capítulo en el que aparece por primera vez, La confianza no se oxida, merece un premio por sí solo.

Los camiones de Maximum Overdrive

Sabemos que no es la mejor historia de Stephen King y mucho menos una incursión al cine memorable, aún con él como director; pero los camiones asesinos de Maximum Overdrive son una cosa memorable. En especial el tráiler de Happy Toyz, con la cabeza del Green Goblin al frente.

Si nunca has visto la película y te estas preguntando por qué un grupo de camiones cobra vida, debes de saber que la historia narra cómo los objetos inanimados del planeta, adquieren conciencia debido al influjo que tiene sobre ellos un cometa que está pasando –y se tarda 8 días, de allí el nombre de la cinta en nuestro país–.

A partir de ese momento todo es matar, atropellar, aplastar, triturar, golpear y asustar a todo el mundo con música de AC/DC de fondo. Si esto no son vehículos motorizados malvados ¡entonces nada lo es! Además el Green Goblin Truck muere como mueren los camiones de verdad ¡a bazucazos!

Christine

Cuando un hombre está enamorado de su auto, es poco probable que alguien diga algo. Cuando el auto es el que está enamorado de su dueño, entonces la cosa cambia. Más cuando ese auto esta poseído y lleno de celos.

Christine, es el nombre del auto y novela escrita por Stephen King, que además tuvo una adaptación cinematográfica dirigida por el mismísimo John Carpenter. Todo me saca de onda con Christine. Las partes en las que se intuye el deseo sexual entre hombre y máquina –cuando Christine se convierte de chatarra al Plymouth Fury 1958–; cuando muestra sus celos incontrolables, su deseo de venganza, su sed asesina.

Es un claro ejemplo del por qué no debes amar a las cosas y sí a la gente. Un clásico de clásicos que no podía estar fuera de esta lista.

The Car

Hay un loco metido en un auto suelto en el pueblo. Ya mató a unas ciclistas, a la banda de guerra y a la vecina mientras hablaba por teléfono dentro de la casa. Nadie está a salvo de ese maldito conductor. Se mete en todos lados, menos en el cementerio. ¿Por qué? ¿Será acaso que es suelo consagrado y el mal no puede entrar en él?

El auto de The Car es en muchos sentidos pionero del género de los autos asesinos. Era incontrolable, no tenía ningún motivo para asesinar, salvo sembrar el caos, y estaba poseído por el mismísimo demonio. Como dato, el auto es un Lincoln Mark III modificado. Fue diseñado por el mismo creador del Batimovil de los 60, George Barris.

Esta película del ’77 es pura muerte y acción sin freno.

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