Después del descubrimiento, el autor habló de cómo habría incluido este maravilloso saber en su libro.

Era de esperarse que Andy Weir, el autor de The Martian, dijera algunas palabras después del increíble descubrimiento de agua líquida en Marte que anunció la NASA y que cambia completamente nuestra forma de pensar el Planeta Rojo. Porque Weir es un fanático de la ciencia y, en particular, de todo lo que tiene que ver con el espacio. Como comentábamos en la reseña de su exitoso libro de ciencia ficción dura, Weir lleva años investigando sobre física orbital, astronomía y la vasta historia de nuestras múltiples aventuras tripuladas al espacio.

Así que ayer, durante una función especial de la adaptación de The Martian que dirige Ridley Scott, Weir admitió que, si tuviera que escribir su novela de nuevo, le encantaría integrar en ella algunos de los descubrimientos más recientes sobre Marte. Recordemos que Weir escribió su novela desde hace ya algún tiempo, publicándola por partes en su sitio web antes de que Crown Publishing adquiriera los derechos para publicarla físicamente en 2013. Y bueno, desde entonces muchas cosas han sucedido en nuestro paulatino conocimiento de ese mítico vecino rojo que siempre ha cautivado nuestra imaginación planetaria.

Frente al último gran, enorme, descubrimiento de la NASA que demuestra la presencia de agua líquida por temporadas en la fría superficie de Marte, Weir declaró que le hubiera encantado integrar algo de eso en su libro. Y claro, buena parte de la lucha por supervivencia de Watney, el personaje principal de la historia, está en la creación de agua consumible. Como el agua que se descubrió en Marte parece tener una alta concentración salina, Watney nunca habría podido beberla directamente. Cosa que aclaró rápidamente un ingeniero de sistema de la NASA cuando la cuenta de Twitter de la película publicó un meme pidiendo un popote para Watney:

Sin embargo, para Weir hubiera sido un excelente detalle (y disculpen el SPOILER), que Watney se encontrara con una pendiente fangosa en el cráter en el que va a buscar el vehículo MAV que lo transportará de regreso al Hermes. Así lo dijo Weir en entrevista para Mashable:

“Me hubiera encantado incluir el agua salina en mi novela. La hubiera puesto en el cráter Schiaparelli.”

Y claro, a Weir le encantó la idea de que, después de luchar tanto por conseguir agua, Watney se encontrara con una pendiente de fango rojo causándole más problemas. Así, la terrible volcadura de su vehículo en la llegada al cráter no hubiera sido causada por un error aleatorio de conducción en el desigual terreno marciano, sino, con toda ironía, por una súbita precipitación de agua. Imagínense eso: Watney descubriendo agua en Marte de la peor manera. No me pueden decir que no hubiera sido algo genial. Y así lo creyó también Ridley Scott quién habló del asunto en entrevista con el New York Times:

“Definitivamente Watney hubiera encontrado el borde de un glaciar. Hubiera sido fascinante. Pero entonces, habría perdido una gran secuencia. Watney tiene que hacer agua, y un aparato de vapor, y poner las tiendas de plástico para crear la humedad que hace crecer las plantas como una de las formas más básicas de irrigación. Aún lo hacen así en España.”

Y bueno, aunque Scott cayó también en la trampa de pensar que algo de esa agua marciana hubiera podido hidratar a Watney o servir para sus papas, nos deja con la imagen de una gran escena que nunca será: el astronauta completamente sorprendido y maravillado frente a un enorme glaciar en la superficie marciana. Lástima. Sin embargo, todas estas declaraciones frente al tremendo descubrimiento de NASA, nos llevan a pensar que estamos al borde de una nueva era de curiosidad espacial: después de saber que hay agua líquida en Marte, después del increíble libro de Weir y de la sonada película de Scott (que se estrena el jueves en México), es evidente que todas las cabezas se están volteando hacia el Planeta Rojo. Ojalá y todo lleve a que los gobiernos del mundo vuelvan a creer fervientemente en la conquista espacial sin necesidad de viejos tintes políticos de competencia.

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Aunque se hubiera incluido agua en la novela, el protagonista no habría podido beberla, debido a su concentración salina.

Por lo pronto, éste es un maravilloso ejemplo del efecto inmediato que puede tener un descubrimiento científico en nuestra imaginación. Y no dudo que más de uno, al ir a ver la tremendamente anticipada película de Scott, empiece a soñar esos paisajes rojos con algunas grietas de agua vieja, que se imagine esas hostiles pendientes con marcianas cascadas, y que piense, convencido, que algún día el hombre mojará sus blancas botas en los riachuelos de otro mundo.

vía Mashable

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