El cine nos ha dado grandes reflexiones sobre un posible contacto extraterrestre.

Este año, Denis Villeneuve estrenó una de las mejores películas de ciencia ficción en lo que va del año: Arrival. Esta cinta se centra, esencialmente, en las implicaciones filosóficas de un contacto cercano con criaturas de otro mundo. Y, como bien hemos visto, Hollywood tiene una larga historia de representaciones en este tipo de contacto. Así que, con este hermoso pretexto para repasar nuestros gustos de historia del cine geek, les dejamos una lista con las 10 mejores reflexiones en torno al acercamiento de hombres y extraterrestres.

Para hacer esta lista más específica, nos limitamos a cintas que traten el contacto directo, no violento, con seres de otros planetas. También, hicimos una clasificación que no corresponde a qué tan buena sea la película, sino a qué tan poderosa resulta su reflexión. De Estados Unidos a Argentina, de Reino Unido a Sudáfrica, entonces, les dejamos una lista para pensarnos en el Universo y reflexionar sobre la pequeña escala de nuestras pequeñas vidas.

10. Monsters (2010)

La ópera prima de Gareth Edwards es una joya paciente de bajo presupuesto. Sostenida en las excelentes actuaciones de sus dos protagonistas, en la valiente labor de un equipo que trabajó meses en la carretera y en una postproducción impecable, Monsters logra capturar un realismo poco antes visto en una película de contacto alienígena. Filmada más en el estilo de un documental guerrillero que en el de una ficción admitida, la cinta esconde, en los pliegos de una trama llena de suspenso, una interesante reflexión sobre las implicaciones de encontrar vida en otros planetas… o de que esta vida nos encuentre.

La idea es que un satélite contaminado por una especie de otro mundo cae en Nuevo México y crea una nueva frontera sur para Estados Unidos. Todos los estados del norte de México y del sur de Estados Unidos quedan contaminados, desalojados, tragados por la vegetación y libres para la explotación de criminales sin miedo al contagio y a las criaturas monstruosas que proliferan en la región.

Monsters aprovecha con muchísima inteligencia sus propias deficiencias para crear suspenso: los efectos de postproducción que dan vida a las criaturas se limitan a un mínimo, lo que permite que soñemos con ellas sin nunca verlas. Y cuando las vemos, finalmente, fuera de su zona de contención, el miedo se mezcla con la incredulidad: dos criaturas titánicas y destructivas comienzan un rito de apareamiento frente a los ojos maravillados de los protagonistas. Lo brillante aquí es que la historia de amor de los protagonistas se mimetiza con la historia de amor de los monstruos y, al empatarse las dos tramas románticas, nos damos cuenta de que los alienígenas no son criaturas más temibles que nosotros, sino que son, al contrario, el mismo tipo de bestia que busca ciegamente la supervivencia de su especie.

9. District 9 (2009)

En la segunda entrada de nuestra lista tenemos otra ópera prima. Ésta vez se trata de la primera película de Neill Blomkamp, el joven director promesa de Sudáfrica que tanto nos decepcionó en tiempos recientes. District 9, sin embargo, es una cinta valiente, que se atreve, como Monsters, a explorar estilos poco convencionales de la ciencia ficción. En esta trama, una nave alienígena se posa, por accidente, encima de Sudáfrica. El accidente consiste en que los que habitan la nave no son grandes exploradores, ni una élite que busca hacer contacto, sino un grupo de obreros de otra especie lejana que, por error, terminaron, sin deberla ni temerla, en un planeta habitado. Veinte años después de la llegada de estos extraterrestres, la enorme nave todavía flota sobre Johannesburgo y los alienígenas quedan recluidos en un ghetto con muy pocos privilegios y del que no pueden salir.

Con un realismo brutal, con coqueteos documentales y con una crudeza casi burocrática, esta historia sorprende en la manera en que relaciona la historia de un país con un contexto fantástico. La otredad aquí vuelve a encontrarse con el horror de las instituciones humanas, con la discriminación, con la violencia que se vivió en Sudáfrica durante el apartheid. La diferencia aquí es que la frontera entre privilegiados y ciudadanos de segunda clase no se traza dentro de la especie humana. Pero eso no es gran cosa: confrontados con el hecho brutal de la convivencia con habitantes de otro mundo, los humanos se niegan a conceder igualdad a otras criaturas inteligentes. La conversión progresiva del protagonista principal muestra la intención de este cuento moral: la compasión es un sentimiento complejo que, tal vez, no sea tan fácil de encontrar en el hombre.

8. Contact (1995)

Con singular talento, Robert Zemeckis adaptó Contact, la brillante novela de Carl Sagan. Como buena creación intelectual del divulgador más insigne de la historia, esta película establece una profunda reflexión sobre las implicaciones de un contacto extraterrestre, sobre el estado de nuestros avances tecnológicos, sobre el valor intrínseco de la curiosidad científica y sobre el peligro del fanatismo religioso. Con las soberbias actuaciones de Jodie Foster y Mathew MacConaughey en los papeles opuestos y entrelazados de la científica radical y del religioso cuestionador, la película muestra muy bien la veta agnóstica de Sagan: siempre crítico, siempre dudando, este hombre de ciencia nunca pudo refutar por completo la existencia de Dios. Y Dios puede aparecer en muchísimas formas: como la idea de un creador universal, como el ente que nos vigila y reparte castigos y recompensas o como la mera idea de seres espaciales que dominan las leyes de la física y que pueden aparecerse, frente a nuestro limitado intelecto, como guías afables a la complejidad del cosmos.

Así, Contact plantea la posibilidad de un contacto alienígena hecho a nuestra medida, ese momento en el que una especie considerablemente más avanzada se acerca a nuestro tímido planeta para extendernos una mano hacia el Universo. Aquí, entre la soberbia de los científicos terrestres y el miedo de los fanáticos religiosos, se plantea la posibilidad de que no estamos listos aún para comprender lo que significaría este contacto. La imagen final de los extraterrestres como un holograma personal y tierno para la Dra. Ellie Arroway, presenta el aspecto más frustrante y más atractivo de esta reflexión: no llegamos a ver el aspecto real de los seres estelares porque, al igual que la protagonista de la cinta, no podríamos llegar a comprenderlo. Esta forma de empatar la ficción y la realidad del espectador es una razón poderosa para poner esta película en nuestra lista. Si muchos la consideran una cinta lenta, una pérdida de tiempo, un experimento frustrado, es porque, como toda empresa humana, la cinta muestra las limitaciones de nuestra percepción y al soberbia de nuestras pretensiones. El hombre no es el centro del Universo.

7. The Man Who Fell to Earth (1976)

Esta increíble película de culto es una reflexión fuera de lo ordinario sobre un posible contacto extraterrestre. En The Man Who Fell to Earth, David Bowie interpreta a un alienígena que llega a la Tierra, desesperado, para intentar salvar a su planeta de una sequía abrumadora. Al llegar, comienza a crear patentes, asegura suficiente dinero y planea, al fin, regresar con su esposa y su hijo para salvarlos con agua terrestre. Pero no todo sale como lo planeó y, entre presiones del gobierno, envidias y el progresivo deterioro al que lo empuja el abuso del alcohol, este alienígena aprende, a las malas, algunas de las partes más oscuras de nuestra cultura. Se revierte así la historia habitual del contacto con alienígenas: la película no se centra en la visión del hombre sino en como el otro entiende la cultura humana; aquí no nos llevan de la mano de hombres, en la ficción, que se enfrentan a lo extraño, sino que vemos a un extraño absoluto observando, poco a poco, el comportamiento errático de los hombres.

La cinta muestra, entonces, la visión antropológica de un ser de otro mundo al llegar a la Tierra: a través de él vemos la manera en que se organiza la economía, en que se privilegia al rico, en que se odia lo distinto; vemos las intervenciones crueles del gobierno, la envidia de los hombres, la tentación omnipresente de la televisión y los peligros de la comodidad del alcohol en un sillón. La decadencia progresiva del extraterrestre queda plasmada con una reveladora actuación de Bowie: en ese momento, como él mismo admitió, perdido en una severa adicción a la cocaína, el cantante vivió como propia la historia de este viajero intergaláctico. Demasiado cercano a nosotros para caer en las mieles del capitalismo y demasiado lejano para convertirse en nuestro hermano, este extraterrestre nos muestra una visión única de la imposibilidad de un contacto real con lo que nos es absolutamente ajeno.

6. Close Encounters of the Third Kind (1977)

El gran clásico de Steven Spielberg tal vez haya envejecido, tal vez no tenga el mismo impacto que en su época, tal vez parezca, ahora, como algo que hemos visto millones de veces. Pero eso es, solamente, el efecto de una gran película que se ha copiado hasta el cansancio y que, con una originalidad apasionada, marcó el curso de la industria. Armado de sus actores de confianza, Spielberg pasó de crear una de las más grandes películas de horror de la historia (Jaws) a consolidarse como el más grande director de ciencia ficción familiar en Hollywood. Nada aquí está dejado al azar, los personajes se construyen con un trasfondo paciente que muestra sus relaciones familiares, sus pasiones, sus preocupaciones cotidianas. Y de pronto sucede este evento inexplicable, este contacto abrumador y evidente que el gobierno intenta –y logra– encubrir.

Enfrentados a la comunicación con una inteligencia completamente distinta que imprime imágenes y sonidos en la mente de los hombres, el peatón cualquiera, trabajador de cuello azul, hombre de familia banal, representado aquí, con enorme talento, por Richard Dreyfuss, pierde la cabeza. Porque el contacto es algo traumático, algo que enajena a los elegidos, a los que lo viven, del resto de los hombres. Es una experiencia que se acerca a la locura y que hace dudar de la realidad misma. Aquí, el hombre común vence la locura y es elegido para establecer una comunicación voluntaria con los alienígenas. Es un superviviente del trauma, una persona cuya única experiencia, sin representar al científico, filósofo, artista o lingüista, es ser alguien común que soportó la irrealidad de un contacto intergaláctico. El final feliz de esta cinta es así extrañamente esperanzador: un hombre abandona a su familia, abandona un romance de paso, abandona todos los placeres y dolores mundanos para entregarse a lo desconocido, a lo único que puede ofrecer respuestas a preguntas imposibles. Como Contact, éste es, entonces, un canto a la curiosidad y al valor que requiere, en un Universo que conocemos tan poco, el plantear las dudas más incómodas.

5. Hombre Mirando al Sudeste (1986)

https://www.youtube.com/watch?v=GrFYdYDebB8

La hermosísima película de Eliseo Subiela es una verdadera obra maestra de la ciencia ficción reflexiva. En Hombre Mirando al Sudeste un psiquiatra desangelado, que odia su profesión y siente que no puede ayudar a nadie se encuentra, de pronto, con un paciente más en su pabellón. Nadie sabe de dónde vino, nadie sabe quién es, pero este nuevo paciente asegura venir de otro planeta para investigar el arma más fatal del hombre: su infinita estupidez. Con una buena dosis de humor, momentos surreales y la enorme actuación central de Hugo Soto, la cinta argentina muestra una reflexión única sobre la miseria humana. Como con The Man Who Fell to Earth, se trata aquí de la exploración antropológica de un ser de otro mundo que se maravilla y se enfurece con la vivencia cotidiana humana. Sólo él, como extranjero de este planeta puede apreciar lo que ya olvidamos: bailar en un concierto solemne, oler un perfume aleatorio al bajar la ventana de un coche, besar a alguien de improvisto, ser acariciado.

El paciente Rantés, el extraterrestre autoproclamado, se convierte así en un mesías, una figura cercana a Jesús que plantea ideas de amor por el otro y libertad infinita de goce y pensamiento. Curioso científico, gran escuchador, profeta y guía, este ser de apariencia humana parece saber más de lo que sabe el común de los hombres. Y sin embargo es como nosotros: lo vemos frágil, lo vemos dudar, lo vemos muriendo. Al final de Hombre Mirando al Sudeste nada queda claro: no podemos saber si en verdad Rantés era un alienígena explorador, no podemos saber si todo fue un delirio colectivo, si las imágenes irreales siempre estuvieron en su cabeza, si todo lo imaginó él… o nosotros. La confusión que genera entonces esta película nos muestra la incapacidad humana de entender algo que se desapega de su realidad inmediata, de sus esquemas trazados de cordura y locura, de sus impresiones sobre la realidad física y las comprobaciones matemáticas. Rantés le dice al Dr. Denis que no quiere que lo cure sino que lo entienda. En esta frase está guardada la profunda enseñanza de la cinta: cuando decimos que entendemos, ¿no estamos moldeando lo incomprensible para curarlo de su extrañeza?

4. Solaris (1972)

https://www.youtube.com/watch?v=R4vSPEDxGic

La célebre cinta de Andréi Tarkovski explora algunos de los rincones más oscuros de los potenciales contactos con seres de otros mundos. Aquí, la inteligencia con la que se encuentra la humanidad es simplemente incomprensible. En la novela de Stanislaw Lem, los hombres encuentran el planeta-entidad por una imposibilidad física: es un océano que mantiene una órbita irrealizable entre dos soles. Así, si este planeta no se comprimiera y expandiera a voluntad, simplemente desaparecería. El hecho, entonces, de que exista Solaris, quiere decir que es una entidad que se modifica a voluntad para pervivir. Se trata, entonces, de un ser inteligente. Además, este extraño océano ominoso esconde otros secretos: cuando los hombre intentan establecer contacto con él, Solaris responde creando personificaciones palpables de sus seres más queridos, de los recuerdos de amigos, esposas e hijos perdidos.

En la versión de Tarkovski, Solaris se convierte en un profundo viaje psicológico al corazón del tormento humano. Aquí no tenemos la reflexión de Lem en torno a la habilidad de la ciencia para comprender aquello absolutamente ajeno a nuestra capacidad de concebir el mundo. Pero, a pesar de que el interés de Tarkovski es mucho más psicológico y estético, la cinta sigue siendo una de las más pertinentes reflexiones en torno al contacto del hombre con seres de otros mundos. Comunicarse con humanoides que entienden sonidos y patrones de colores es una cosa muy distinta a proyectar nuestros deseos a un mar caprichoso que los recrea frente a nosotros. La violencia del contacto en Solaris es única, paciente y tortuosa. Así, cuando Kelvin decide quedarse en la recreación eterna y falsa de su vida acepta, finalmente, que otras realidades son posibles y que nuestro mundo es, también, un espejismo.

3. Under the Skin (2014)

Jonathan Glazer pertenece a una generación de cineastas que nacieron en la publicidad y los videos musicales. Él, como Spike Jonze, hace películas meticulosas, altamente estilizadas, que rompen barreras. Sucedió con Sexy Beast, su fantástico debut, sucedió con la rareza desconcertante que fue Birth y sucede con su obra maestra, hasta ahora, Under the Skin. Esta película tardó más de diez años en hacerse con un trabajo cuidado en el guión para adaptar la novela de Michel Faber y con cuatro años de filmaciones interrumpidas. Todo esto se conjuga para dar una película con un balance perfecto, con una paciencia única, con una estética perfectamente cuidada en una relación casi simbiótica con la maravillosa música original. Y ésta es una historia de contacto; la historia de un extraterrestre predatorio que seduce hombres para consumirlos; la historia de la cazadora intergaláctica que termina enamorándose de la vida en la Tierra.

La extrañeza de la alienígena que interpreta Scarlett Johansson es cautivadora y exacta. Muchas de las escenas fueron filmadas a través de cámaras escondidas: Johansson manejaba una camioneta, subía a hombres desprevenidos y todo se grababa sin que lo supieran. A pesar de ser una celebridad de fama mundial, nadie creía que pudiera ser ella manejando una camioneta por Escocia. Y ahí está el logro maravilloso de una película que nos muestra la absoluta extrañeza de un elemento disruptivo en una realidad que conocemos demasiado bien. Hay algo que no cuadra con esta mujer que parece una mujer real, hay algo extraño en la forma de abordar a la gente, en la gentileza, en el tacto cálido. Y conforme la extraterrestre, seducida por el modo de vida de los hombres, comienza a ver la belleza de lo horrible, comienza a desear la comida, comienza a desear el contacto, comienza a salir del negro de su mundo para aceptar el blanco de los bancos de niebla, la humanidad muestra sus verdaderos colores. Así, el horror de esta cinta es una poderosa descripción sobre nuestra incapacidad de aceptar la diferencia, sobre nuestra naturaleza predatoria y la soledad de vivir en lo alto de la cadena alimenticia.

2. Arrival (2016)

La última creación de Denis Villeneuve es, sin duda, una de las mejores películas de ciencia ficción del siglo XXI. Basada en el espectacular cuento de Ted Chiang, esta cinta explora, exclusivamente, las potenciales implicaciones de un contacto alienígena en nuestra forma de pensar la realidad, nuestro mundo, el tiempo, a nosotros mismos, como especie e individuos. En Arrival, una doctora en lingüística debe enfrentar un reto espeluznante: establecer contacto con unos visitantes extraterrestres que, repentinamente, aparecieron en varios lugares de la Tierra. El contacto no es un simple saludo, se trata de entender lo que dicen los alienígenas, se trata de saber de dónde vienen, se trata de comprender sus intenciones y de comunicarles las nuestras. ¿Cómo traducir un lenguaje que no procede de nuestra experiencia del mundo, que se creó en anatomías radicalmente distintas, durante periodos distintos de tiempo, en otro mundo, en otra galaxia, en otra atmósfera?

La profunda reflexión de Villeneuve hace eco, hermosamente, al inigualable planteamiento de Chiang. Y lo hace con una elegancia pocas veces vista en adaptaciones de ciencia ficción al cine. Arrival merece, con creces, el lugar de honor que le damos en esta lista por la comprensión única que tiene de la manera en que funciona el lenguaje. A pesar de que la discusión en el helicóptero, al principio de la cinta, plantea la polémica pregunta de cuál es el pilar de la civilización, la ciencia o el lenguaje, la respuesta está dada de antemano: sin lenguaje no tenemos acceso al mundo.

El lenguaje no es una herramienta, no es algo que podemos abandonar después de usarlo: porque no hay un antes y un después del lenguaje. El mundo está ahí pero es el lenguaje es lo que nos permite nombrarlo, comprenderlo, verlo. Al aprender otro lenguaje, aprendemos otra visión del mundo: se dice de pueblos que habitan en los fríos más extremos, en la nieve más profunda, y que tienen cincuenta palabras para designar tonos de blanco. Así, es imposible comprender lo que pasaría si aprendiéramos un lenguaje absolutamente distinto, un lenguaje de otro mundo, un lenguaje de seres que responden a otras leyes físicas. Imposible de comprender, pero posible de imaginar: Arrival es una probada de algo que tendremos, para siempre, prohibido.

1. 2001: A Space Odyssey (1962)

Es molesto que todas las listas de ciencia ficción terminen con 2001: A Space Odyssey en el primer puesto. Es tan molesto como inevitable. En el contexto de nuestra lista, la película de Stanley Kubrick no nada más es un portento sino que sigue siendo la reflexión más profunda, compleja e intrigante sobre un contacto con vida inteligente ajena a la Tierra. El monolito de Kubrick ha traumado, por su misterio, a toda clase de interpretadores, lectores, escritores, críticos y fanáticos. Su superficie sencilla, monocromática, hermosa e intrigante en el contexto burdo de las rocas lunares y de los desiertos del Gondwana es todavía uno de los misterios mejor guardados del cine. El director mismo dijo, en muchas ocasiones, que no le gustaría arruinar la cinta explicándola. Así, esta cinta habla de comunicación, entonces, creando comunicación: es un detonador de discursos, es el principio de una discusión eterna que no se detiene en la verdad de nadie.

Mi interpretación del monolito se basa en The Sentinel, el cuento que fue el origen lejano de esa gran novela coescrita por Kubrick y Arthur C. Clarke. En esta historia, unos exploradores de la Luna encuentran un extraño artefacto piramidal que llevaba millones de años en el satélite, protegido por un escudo invisible. Al abrir el aparato, los humanos saben que han oprimido una alarma, que han activado un llamado a seres extraordinariamente viejos que estaban esperando el desarrollo adecuado de vida inteligente para manifestarse:

“Hay cerca de cien mil millones de estrellas en el círculo de la Vía Láctea, y hace mucho tiempo que otras razas en los mundos de otros soles deben haber alcanzado y superado las alturas que nosotros hemos alcanzado. Piensen en tales civilizaciones, lejanas en el tiempo, en el resplandor mortecino que siguió a la Creación, dueñas de un Universo tan joven que la vida había llegado solamente a un puñado de mundos. De ellas hubiese sido una soledad que no podemos imaginarnos, la soledad de dioses que buscan a través del infinito, y que no encuentran a nadie con quien compartir sus pensamientos.”

Esta idea, trasladada al monolito de la cinta nos puede mostrar cómo Bowman pasa por una última transformación en su acercamiento final a la señal extraterrestre. El astronauta vive, aislado en un mundo creado para él, un mundo de bordes suaves y estilo neoclásico, sus últimos días en preparación para la trascendencia. De pronto el tiempo es uno con todo y Bowman es, al mismo tiempo, un muerto y un infante antes de nacer, está en lo que pasa después de la vida y en lo que pasa antes de la vida, vive el círculo completo de lo inalcanzable, de lo imposible que nunca veremos, de la nada en su representación trascendente. El monolito vino a presentarnos el uso de armas, hizo que destruyéramos al Neanderthal, nos escogió para desarrollar inteligencia, nos esperó en la Luna para que tuviéramos la tecnología de los viajes interplanetarios y, en una región lejana del Sistema Solar, propulsó a un humano a la trascendencia fuera de la realidad física a la que estamos limitados. El humano elegido se convierte así en dios cósmico, en un ente con el que, por fin, tal vez, los seres del monolito pueden dialogar.

Éste es entonces un cuento sobre la soledad de los dioses, de aquellas civilizaciones alienígenas que esperan conversar con nosotros, que pacientemente han pavimentado la evolución para el diálogo eterno que los mortales nunca comprenderemos. Ésta es la máxima reflexión sobre comunicación con alienígenas porque permite todas las teorías, porque, siguiendo el consejo de Sagan, presenta a los seres de otro mundo como algo absolutamente distinto, algo incomprensible, algo tan ajeno como nos es el concepto del nuevo nacimiento cósmico del hombre. Es por eso que 2001: A Space Odyssey sigue siendo un clásico inigualable de ciencia ficción: esta película es una visión única sobre la poderosa influencia de seres de otros mundos en la historia de nuestra existencia, es el retrato perfecto de nuestras posibilidades, es, finalmente, la historia misma del hombre en su camino de simio elegido para dialogar con los dioses.

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En esta selección pasaron muchas otras películas que terminaron descartadas: pudimos tener la ternura del contacto amoroso con E.T. the Extra-Terrestrial, pudimos tener la escala divertida de Men in Black o Paul y pudimos considerar las copias flagrantes como K-Pax. Sin embargo, decidimos quedarnos con estas diez joyas del cine contemporáneo para su deleite. ¿Les gustó nuestra selección? ¿Tienen alguna otra favorita? No dejen de comentarnos gustos y rechiflas para continuar la discusión sobre la enorme soledad cósmica del hombre.

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