Oye, Pattinson: ¿Qué no sabes nada de superhéroes?

Héctor Castañeda nos habla sobre cómo el cine de superhéroes fomenta un peligroso estilo de vida donde los esteroides anabólicos son la norma.

En 1941, Jack Kirby crea al Capitán América pensando en lo fácil que sería para un patriota musculado acabar de un puñetazo con Hitler, tal vez proyectándose a sí mismo. Más tarde se enlistaría en el ejército de Estados Unidos, como parte de la compañía F de la undécima infantería como cabo de primera clase. En 1944 desembarcaría en Normandía y sobreviviría a la gangrena por congelamiento.

Años más tarde, en 1962, un joven Stan Lee entra a la oficina de Martin Goodman, editor de Timely Comics (posteriormente, Marvel Cómics), a plantearle un personaje que se saldría del molde del superhéroe promedio: escuálido, nerd y lleno de problemas en su vida privada. “Stan, ¿qué no sabes nada de superhéroes?”, respondió Goodman. Al final, Stan Lee logró plasmar su idea. Y menos mal, porque ese personaje creció y se convirtió en Spiderman. Y ya sabemos el resto de la historia. Qué terco ese tal Goodman, ¿verdad?

Recientemente, el actor próximo a encarnar en el cine a Batman, Robert Pattinson,
fue entrevistado en su casa por la revista GQ. Sabiendo que está bajo escrutinio de
los acérrimos fans del Caballero de la Noche y que su papel como el vampiro
Edward en Crepúsculo no ayuda a su reputación entre comiqueros, Pattinson no
sólo dijo que no se está preocupando mucho por ponerse en forma para su papel,
sino que además planteó que es hora de acabar con el estereotipo de héroe
musculoso que llegó con la “era del cine de superhéroes”.

“Nadie hacía eso en los años 70, nadie lucía semejantes físicos; James Dean nunca tuvo que estar en la forma que exigen ahora. Creo que si te la pasas todo el día entrenando eres parte del problema. Hay que sentar un precedente”, declaró Pattinson.

Las redes ardieron. No es la primera vez que Pattinson desata la polémica; hace poco se dio a conocer que aún no encajaba en el traje de Batman porque le faltaba peso. Los fans no lo bajaron de “flacucho”, “enclenque”, “invítale un taco”, etc.

Hasta amenazas de muerte mandan los apasionados fans cuando se trata de cine de cómics. Pero demos el beneficio de la duda y dejemos de lado el odio generado por Crepúsculo, mejor hablemos de cómo los estereotipos masculinos de belleza influyen en cómo nos sentimos con nuestros cuerpos (o al revés) y del siniestro mercado de esteroides anabólicos, cuyo uso se sabe a voces en todo Hollywood.

(Kevin Winter/Getty Images)

¡Está mamadísimo, hdsptm!

Ya no es suficiente ver a los superhéroes en los cómics. Queremos verlos en el cine. Queremos verlos pelear. Queremos ver esos pesados músculos en la pantalla. Hoy las estrellas del cine de superhéroes son también estrellas del mundo fitness: y la red está llena de recomendaciones para alcanzar sus asombrosas transformaciones en poco tiempo.

Desafortunadamente, en la vida real no es nada fácil obtener los cuerpos dibujados por los  artistas de cómics. Cualquiera que practique halterofilia con frecuencia (cualquiera que vaya al gym, pues) sabe que a veces ni el mejor y más duro régimen de entrenamiento es suficiente para alcanzar resultados sobrehumanos en poco tiempo. En otra edición de la propia revista GQ (je) un reportaje revela que para alcanzar 10 kilos de pura masa muscular un culturista muy disciplinado puede tardar de 10 a 12 meses. Es un promedio que puede variar, pues cada cuerpo y cada contexto son diversos. Y, claro, eso sin faltar ni un solo día al gym, haciendo cada ejercicio correctamente, con un estricto régimen alimenticio, 8 horas de sueño y otros factores que harían que cualquiera piense en tirar la toalla.

Pero Chris Evans, Hugh Jackman y el mismo Christian Bale no son “cualquiera”: son sólo algunos actores de Hollywood que han triplicado estas cifras, logrando modificar rápidamente su apariencia para verse como sus alter egos de los cómics en meses. Según The Journey Begins (uno de los extras incluido en el dvd de Batman Begins), Christian Bale pasó de 50 kg (en El Maquinista) a 86 kg para interpretar a Batman: ¡31 kg en un año, tomando en cuenta los tiempos de rodaje entre ambas!

(Paramount/Warner)

En entrevistas, Chris Evans afirma que las sesiones de gimnasio para transformarse en el Cap eran brutales, al grado de llegar a vomitar. Según la revista GQ (otra vez) Evans logró el peso en menos de un año. Según una entrevista en la revista Men’s Health a veces fue necesario reducir las dimensiones de su cuerpo con computadora. Y ustedes dirán: “Claro, porque ellos tienen la asesoría de expertos en el gremio y no van a tu gimnasio de centro comercial de pacotilla”. Sin duda. Pero, aunque se trate de Batman o del Cap, ni el mejor entrenador ni el mejor régimen pueden competir con los límites naturales del crecimiento muscular. Esos
límites sólo pueden ser rebasados en poco tiempo gracias a los esteroides anabólicos.

(PantherMedia)

¿Qué son los esteroides?

Los esteroides anabólicos básicamente son testosterona sintética. Cuando hacemos ejercicio, rompemos fibras musculares. Las fibras musculares se regeneran con ayuda de la testosterona y al hacerlo aumentan el tamaño del músculo. A mayor intensidad de ejercicio mayor será la reparación: en pocas palabras, entre más fibras rompas y regeneres más mamey te vas a poner. Los esteroides aceleran este proceso al máximo, de acuerdo con Science Direct, una persona en promedio produce 75 mg de testosterona a la semana; con los esteroides puedes producir 6,000 mg a la semana.

Esto significa que puedes obtener los resultados que un “natural” (o sea, alguien que no usa esteroides) no vería ni en 50 años. Y no sólo eso: te proporcionan mucha más energía y fuerza. Un ejemplo es el caso de Ronnie Coleman: el legendario culturista que logró soportar 1,000 kg en la prensa de piernas. Debido a estos tremendos pesos sobre su espalda, Ronnie ha necesitado dos reemplazos de cadera y múltiples operaciones en la columna que le impiden llevar una vida normal. Mide 1.80 cm y llegó a pesar 180 kg. ¿Es posible cargar 1,000 kg sin una ayuda “extra”?

Los esteroides son el pase de entrada al Olimpo. Sólo hay un par de detalles: son ilegales y tienen efectos colaterales terribles. Precisamente por ser ilegales es difícil tener grupos de control para hacer estudios sólidos y a largo plazo; además, los efectos están sujetos a las dosis, a las combinaciones y al riesgo de comprar en el mercado negro. Sin embargo, los culturistas que lo han usado durante varios años coinciden en síntomas como:

● Tumores en el hígado y quistes.
● Tumores en los riñones.
● Retención de líquidos.
● Alteraciones en el nivel de colesterol.
● Riesgo de cardiopatías (o sea, te puede dar un ataque al corazón o un
ataque cerebrovascular).
● Impotencia sexual.
● Acné severo en la cara y en la espalda.
● Ginecomastia (básicamente te empiezan a crecer senos. La única manera de
arreglarlo es con cirugía estética).
● Calvicie.
● Aumento de la agresividad. Un aumento sintético de ésta puede repercutir en
nuestro carácter y personalidad.

El tema de los esteroides es muy controversial y oscuro. Además de los obstáculos para su estudio, hay una industria de miles de millones de dólares que se beneficia de vender productos en cuya etiqueta hay un vato con cuerpo de dios de los cómics.

Muchos culturistas viven de vender su imagen a una marca y prefieren guardar silencio. Y ya olvídense de los esteroides: para presumir un cuerpo de superhéroe esculpido al máximo es necesario estar por lo menos a un 15% o 10% de grasa corporal, lo cual tampoco es muy saludable que digamos: la dieta muy baja en calorías puede producir debilidad, mareos, irritabilidad, trastornos del sueño, disfunción eréctil, y, claro, estar pensando en comida todo el tiempo.

Con todo esto ya resulta un poco más difícil imaginar a Batman preocupado por su dieta mientras salva a Ciudad Gótica y lleva sus negocios. Aunque sea una de las mentes más brillantes del universo DC

(Fitness Volt)

Los cómics, el cine y el culturismo.

Los cuerpos de los héroes en los cómics de hoy no son los mismos que en los cuarenta. La relación entre cómics y culturismo quedó sellada cuando Lou Ferrigno brincó a la pantalla como Hulk o Arnold Schwarzenegger como Conan el Bárbaro. Eternos rivales del culturismo ahora competían por presumir sus cuerpos en la pantalla.

También fue la época en la que se popularizó el uso de fármacos. En el documental Pumping Iron de finales de los años 70, los culturistas admiten su uso. Todos querían ser Mr. Universo y no iban a permitir que Conan o Hulk les quitaran el título. De hecho, el boom del cuerpo de “hombre de acción” del cine de los 80s fue casi directamente introducido por los culturistas/actores de Hollywood. Los músculos iban creciendo en los cómics y en el cine casi a la par.

Asomémonos nada más a los cuerpos dibujados en los años 90 por el artista Rob Liefeld conocidísimo por ser la comidilla en internet a la hora de dibujar músculos tan voluminosos que rayan en lo absurdo, pero que al final eran el paradigma de toda una época.

(Marvel)

Y atrás no se quedaba su compañero y estrella del cómic Jim Lee, a quien personajes como Cable o el mismo Batman deben agradecerle por dibujarlos con tremendos brazotes.

El cambio de paradigmas no favoreció al Batman “panzón” de Adam West y, para las adaptaciones de Tim Burton, se optó por el uso de una armadura (seguro Keaton lo agradeció). Pero en los cómics y en el culturismo los músculos seguían creciendo. ¡Y cómo permitir que Mr. Universo se viera más fortachón que Batman? Ahora es imposible comparar el cuerpo de Adam West con el de Christian Bale o el del robusto Batfleck (homenaje a Frank Miller).

En 1996, un año antes de someterse a una complicada operación de cirugía cardiovascular para reemplazar la válvula cardíaca aórtica, Schwarzenegger defendió públicamente el uso de esteroides durante su carrera. ​Fue operado en 1997 con éxito y negó que su problema tuviera que ver con el uso de esteroides. Aunque uno pensaría que un atleta de su nivel tendría una mejor salud cardíaca, ¿o no?

(Fox)

¿Y todo para qué?

Con el tiempo cambia nuestra capacidad de asombro. En los deportes queremos ver jugadas impresionantes. Golazos. Home Runs. En el cine queremos ver batallas cada vez más épicas, peleas más violentas. Cuerpos más voluminosos. Queremos héroes de acción. Queremos que los actores usen esteroides anabólicos. Desde nuestras cuentas de Twitter le exigimos a Pattinson un régimen en el que muchos de nosotros acabaríamos hechos polvo. Exigimos que los héroes en la pantalla hagan lo que nosotros jamás podremos y que se vean como jamás nos veremos. ¿Por qué ser Clark Kent si podemos imaginar que somos Superman?

“Están para entretener y no cobran poco”, dirán algunos. ¿Pero hasta dónde nos es lícito exigir como “consumidores”?; ¿hasta dónde podemos exigir que un actor lleve su cuerpo al extremo a costa de su salud para saciar nuestra sed de músculos? Puede que tengan a los mejores asesores, pero las drogas siguen siendo ilegales, los estudios escasos y los riesgos terribles.

(Fox/Warner)

Todo lo que sube baja; todo lo que va, tiende a regresar. Así como en los cómics la introspección y la psicología de los personajes fue ganando terreno a la espectacularidad y a la acción, tal vez sea momento, como propone Pattinson, de explorar otros aspectos. Por ejemplo, el lado deductivo del Mejor Detective del Mundo. ¿Por qué no conformarnos con que sea un buen papel?

Y si un día decides ir a un gimnasio esperando ver los cambios radicales de Christian Bale tal vez te deprimas cuando descubras que efectivamente no era fácil ser Batman. Pero no tanto como podría deprimirse Pattinson, porque la depresión tras el uso de esteroides anabólicos también está relacionada a casos de suicidio. El artista Greg Capullo, conocido artista de Spawn y Batman, sube a Instagram constantemente fotos de su duro entrenamiento en el gym. En los comentarios de una de sus fotos de joven, se lee “cuando dibujas a Batman en realidad te estabas dibujando a ti mismo”.

Aprovechemos para reflexionar en cómo influyen esos tremendos cuerpos en nuestra autoestima o en cómo nuestra autoestima influyó en la existencia de esos cuerpos en la ficción. ¿Hasta qué grado queremos vernos representados como héroes musculosos de los cómics y hasta dónde estos dibujos inalcanzables podrían hacernos odiar nuestro propio cuerpo? Dejemos de crucificar a Pattinson y normalicemos el hablar abiertamente de nuestras inseguridades entre hombres. Entendamos que hablar de estos temas no nos hace menos o más machines: nos hace humanos. ¿O quién sabe? Ese Robert Pattinson qué va a saber de superhéroes.

Por: Héctor Castañeda, es locutor de Metálisis, Resistencia Modulada y Radio UNAM.