Foto: Anroir 

Un reciente estudio indica que la variedad genética se incrementa con la forma tradicional de concebir.

Desde hace años la ciencia ficción nos mostraba mundos futuristas en los que las relaciones sexuales no existían, y la reproducción solo se realizaba por medio de clonación. Finalmente hemos llegado a un punto en el que eso comienza a ser posible, pero, de acuerdo a un trabajo de investigación científica de la Universidad de Stirling (Escocia) a la larga traería consecuencias negativas para la evolución de nuestra especie.

De acuerdo con Stuart Auld, biólogo escocés a cargo del proyecto, a pesar de que algunos podrían pensar que, comparada con la clonación, la reproducción sexual representa un gasto importante de tiempo y energía, sobre todo para la mujer, ofrece ventajas como la variedad genética que permite enfrentar mejor las enfermedades.

La reproducción sexuada genera variación genética, lo que aumenta las posibilidades de que la descendencia tenga la genética necesaria para enfrenarse a un ambiente en constante evolución. En contraste los clones no varían por lo que si el ambiente cambia, la madre del clon va a producir una copia que no va a contar con los genes que necesita para prosperar.

Pero demostrar esta teoría en un experimento, el equipo escocés utilizaron como sujeto de pruebas a una pulga de mar. Al comparar a las crías de una misma madre producidas por clonación con las originadas por una reproducción sexuada, descubrieron que las generadas mediante el sexo tenían descendencia que se enfermaba menos.

“Una de las interrogantes más antiguas de la biología evolutiva es por qué existe el sexo. Ahora lo sabemos, es por la constante necesidad de evitar las enfermedades”, concluyó Auld.

Los científicos sostienen que los parásitos y sus huéspedes están en una constante guerra, en la que evolucionan y se adaptan el uno al otro, uno atacando el sistema inmune y el otro reconstruyéndolo. La clonación brinda pocas opciones de cambios genéticos en el huésped. En cambio, la reproducción sexual, que aporta nuevas variaciones genéticas procedentes de la mezcla en cada generación, ofrece más oportunidades de responder a los patógenos. 

fuente Proceedings of the Royal Society of London B

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