El Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) presentó el segundo de cinco reportes sobre el cambio climático, el cual se enfoca en los cambios por venir y cómo adaptarse a ellos. Al revisar el reporte salta a la vista que las certezas en el cambio son escazas. Quizá lo único que sabemos de cierto es que debemos tener la capacidad de adaptarnos a diversos posibles escenarios.

A pesar de que en este segundo reporte de la IPCC hay pocas certezas, demuestra que cada vez sabemos más sobre el cambio climático y que enfrentarlo sin duda será el mayor reto de nuestra sociedad en los años por venir. De acuerdo a ello, se pueden identificar ciertas tendencias en algunas partes del planeta, mientras que en otras lo único que se sabe es que “habrá cambio”. Por ejemplo, en la zona sur del Sahara, en África, es posible que se sufra una severa sequía o fuertes inundaciones. Lo único cierto es que algo ocurrirá.

Todavía hace algunos años los expertos se aventuraban a lanzar predicciones mucho más específicas: que si la lluvia crecerá tanto por ciento en Asia, o habrá más ciclones en Norteamérica. Lo que nos muestra este segundo reporte es que en la medida en que tienen más información tienden a ser más cautelosos. No es que sepamos menos que antes, sino que conocemos mejor qué es lo que aún no sabemos.

La mesa puesta de esta manera nos empuja a asumir retos más grandes de los que solíamos considerar. Sin duda, adaptarse a un solo fenómeno que cambiará en los próximos años es sencillo, al menos comparado con la necesidad de adaptarse a lo inesperado. Chris Field, del Carnegie Institution for Science en Stanford, California, y uno de los participantes en el reporte aseguró:

“La tendencia humana natural es querer que las cosas sean claras y simples. Pero uno de los mensajes (que no vienen de la IPCC, sino de la historia) es que el futuro no siempre sucede en la forma en que lo esperas. Estar preparado para un amplio rango de futuros posibles es siempre lo más inteligente”

¿Pero qué retos nos esperan realmente?, ¿cuál es la magnitud de lo inesperado, que hace parecer a cuestiones como la falta de agua como un problema fácil de asumir?

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Sabemos que el nivel del mar crecerá y que eso afectará a millones de personas. Sabemos que habrá cambios en todo el mundo, pero en algunas zonas no sabemos qué cambios, en otras tenemos una idea y en ninguna lo sabemos con exactitud. Sabemos que el aumento en 2°C de la temperatura hará que muchos cultivos tengan que cambiar drásticamente, y que en algunas zonas se inundarán mientras que en otras tendrán crueles sequías. Y finalmente sabemos que el cambio es irreversible e inevitable; no obstante, debemos disminuir drásticamente nuestra emisión de gases invernadero para que el cambio no sea tan severo y para retrasar sus efectos y que tengamos tiempo de adaptarnos.

Ahora bien, estas son las “tendencias” de lo que sucederá, pero, ¿cómo podremos adaptarnos a cambios tan grandes? En algunos casos, como lo dice David Karoly de la Universidad de Melbourne, hay acciones claras: “no importa si chocas a 70 o 80 kilómetros por hora, lo importante es traer puesto el cinturón”. Es decir, es claro que en la subida del nivel del mar, muchas ciudades necesitan levantar barreras y muros de contención para no inundarse. Esto aplica a los riesgos específicos por región.

Sin embargo, el resto de las acciones son mucho más complicadas. La realidad es que para enfrentar este reto, nuestra sociedad debe cambiar desde sus más hondos cimientos. Una de las acciones más radicales al respecto, es que para sobrevivir al cambio climático como sociedad tenemos que trabajar intensamente para eliminar la pobreza. Es evidente que en situaciones de caos, los más pobres siempre serán los más vulnerables. Para aumentar la resistencia social, debemos atender mucho mejor los sectores marginados y en muchos casos reubicarlos en zonas donde corran menos peligro y cuenten con una mejor infraestructura.

Foto: Christian Frausto Bernal
Foto: Christian Frausto Bernal

Por otro lado, cada país debe trabajar en la diversificación de su economía. ¿Qué quiere decir esto? Bueno, un país como México que proyecta fundamentar su economía en el sector energético estaría condenado, pues se volvería altamente vulnerable a cambios climáticos específicos. Si el clima golpea este sector, el país colapsaría. La diversificación implica una “red de seguridad”. En pocas palabras, cada país debe aprender a depender menos de una sola actividad económica y a fundar su crecimiento en muchas áreas.

Para bien o para mal, los gobiernos jugarán un papel fundamental en la adaptación a los posibles cambios. Es evidente que un país con un conflicto armado o que padece de altos índices de corrupción sufrirá muchísimo con el cambio climático. Sin una buena gobernanza, responsable y funcional, la adaptación parece imposible.

En pocas palabras, para adaptarnos mejor y minimizar los daños que vendrán por el cambio climático; como sociedad debemos enderezar todo lo que está chueco. Acciones directas, combate a la pobreza, diversificación de la economía y buena gobernanza son solo líneas generales que cada país debe adaptar a su contexto.

Foto: Eric Schmuttenmaer
Foto: Eric Schmuttenmaer

Finalmente, no todo es incertidumbre en el reporte de la IPCC. Aún hay algunos indicadores por región que nos pueden ayudar a entender los cambios a futuro y las áreas que deben ser atendidas con mayor atención en los próximos años.

¿Qué le pasará a la región en la que vivo?

Norteamérica

Las tormentas y la lluvia se moverán más al norte. De manera que mientras en zonas como Nueva York se enfrentarán inundaciones, en México tendremos escasez de agua. Este problema no es demasiado difícil de afrontar, siempre y cuando la corrupción se mantenga al margen y se pueda hacer lo más eficiente y responsable posible el consumo de agua. Si cuidamos nuestras fuentes de agua estaremos bien preparados.

Por su parte, los Estados Unidos tendrá que oponerse firmemente a la desinformación que aún circula intensamente en su territorio y a fuertes gastos en infraestructura para prevenir las inundaciones. La ciudad de Nueva York, por ejemplo, ya está trabajando en ello y ha gastado fuertes sumas de dinero con el fin de prepararse para el desastre, pero algunas otras zonas han sido negligentes, lo que les puede costar muy caro a largo plazo.

Sudamérica

El mayor reto de la región es simple y llanamente la pobreza. En la medida en que estos países puedan disminuir la pobreza aminorarán los efectos negativos del cambio climático.

En concreto, al norte de Brasil las lluvias disminuirán un 22% y en la región de Chile y Argentina aumentarán 25%. Al norte de Sudamérica se sufrirán sequías y hambrunas entre los pobres, mientras que al sur el deshielo de los Andes y el aumento de lluvias pondrán a la población en grave riesgo. Al mismo tiempo, muchas enfermedades, sobre todo las transmitidas por el agua como el cólera (muy asociada a la pobreza), serán un problema muy agudo. Como puede verse, todo esto impactará con especial fuerza en las regiones pobres. Si estos países no atienden el problema de la desigualdad, pueden sufrir consecuencias catastróficas.

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Europa

Sin duda alguna, la zona del Mediterráneo será una de las que sufrirán mayores cambios en términos económicos. El aumento de la temperatura golpeará sectores estratégicos de la economía, como el turismo, la pesca, y la agricultura (sobre todo la producción de vino). Al mismo tiempo, habrá más incendios forestales y la energía subirá de precio drásticamente. Con más calor, los pobladores de la zona gastarán más energía para mantenerse frescos.

En suma, la gente tendrá que usar sistemas más eficientes de energía; diversificar sus cultivos y preparar sistemas preventivos para afrontar la posible subida de los niveles del mar.

vía New Scientist

fuente IPCC

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