El fin de semana se realizaron actos es 230 ciudades del mundo en contra de los recortes a la ciencia.

El 14 de abril se llevó a cabo la segunda Marcha por la Ciencia, una iniciativa mundial que busca llamar la atención sobre la importancia de asignar recursos públicos a la investigación científico y tecnológica.  La primera marcha nació para intentar frenar los recortes al sector que planeaba implementar Donald Trump en Estados Unidos. En ese entonces, un grupo de científicos estadounidenses organizaron una mega marcha a favor de la ciencia con el propósito de “defender una ciencia sólidamente financiada y comunicada al público como un pilar de la libertad y la prosperidad humanas”. Casi de inmediato se sumaron científicos de otros países, como México, que aseguraban que sus gobiernos también habían realizado o planeaban recortes a la ciencia.

En la segunda Marcha por la Ciencia se sumaron 230 ciudades alrededor del mundo, incluyendo la Ciudad de México. La principal demanda de la marcha es que el presupuesto destinado a la ciencia esté “blindado y no dependa de decisiones coyunturales de la administración en turno u organizaciones mundiales”. Todos unidos por esa causa marcharon unidos  estudiantes, profesores, investigadores y trabajadores del mundo de las ciencias duras.

En el caso de la Ciudad de México, la mayoría de los manifestantes mostraban su repudio al recorte presupuestal del 23 % al Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, que ha tenido un impacto negativo y ha llevado a que se recorten las becas de posgrado y se disminuyan los recursos para las investigaciones científicas. Los manifestantes aseguraban que los montos de las becas también se han reducido en un 10%, y que las matriculas de posgrado de las universidades públicas también se han reducido.

La marcha inició a las 4 de la tarde desde el Angel de la Independencia y terminó en el Zócalo capitalino. A diferencia de la marcha del año pasado, en esta ocasión se veía un contingente de menor tamaño. Junto con la comunidad científica marchaban dos botargas de T-Rex, y se repetían las consignas: “México, escucha, la Ciencia está en la lucha”, “Más posgrados, menos diputados” y “no al recorte, sí a la ciencia”. Además de criticar el recorte al Conacyt, se pedía dar a conocer a la opinión pública las propuestas que se están discutiendo en el congreso relacionadas con la ciencia, y exigían la asignación de 2 por ciento del producto interno bruto del país a la ciencia y la tecnología, como recomienda la Unesco.

También se pedía la creación de al menos 20 mil plazas de profesores e investigadores al año, la apertura de 10 nuevos centros de investigación y desarrollo tecnológico, y la presentación de un plan de actualización y ampliación de los centros existentes, así como la creación de un sistema nacional de divulgación de la ciencia.

El año pasado se reportó una asistencia de 8,000 personas, este año fue menos de la mitad, y se asegura que asistieron alrededor de 3,500 manifestantes. Es importante mencionar que este año se contó con menor impacto mediático, y la mayoría de los asistentes eran científicos, a diferencia del año pasado, en el que muchos simpatizantes de las demandas se hicieron presentes.

Entre los participantes estuvieron científicos y académicos de la UNAM, UAM, UAEM, IPN, de la Asociación Mexicana de Investigadores de los Institutos Nacionales de Salud y Hospitales de Alta Especialidad, así como del Instituto Nacional de Antropología e Historia. También se vivieron marchas similares en Querétaro, Guanajuato, Morelos, Michoacán, Chiapas, Quintana Roo y San Luis Potosí.

temas