Foto: UNAM

El sistema ya se está aplicando varias estaciones del Metro.

Cinco millones y medio de personas se trasladan diariamente por los 226 mil 488 kilómetros que abarcan las 12 líneas del Sistema de Transporte Colectivo Metro de la Ciudad de México. Esta cifra sube a casi 9 millones en los días de contingencia ambiental. Para que quede claro. En un día contaminado hay más gente en el Metro que gente viviendo en Honduras (8.098 millones), El Salvador (6.34 millones), Finlandia (5.4 millones), o Noruega (5.084 millones).

¿Cómo hacer que esa cantidad de gente fluya con tranquilidad y de forma eficiente? Si ustedes viven en la CDMX sabrán (triste y dolorosamente) que es imposible. Bueno, al menos parecía serlo hasta que la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) creó el proyecto MetRevolución, un sistema de señalamientos que los investigadores universitarios colocaron justo frente a los accesos de cada vagón, para agilizar el ascenso y descenso de pasajeros. Ahora, después de tres meses, se dieron a conocer los primeros resultados.

De acuerdo al líder de este proyecto, Gustavo Carreón, del Posgrado en Ciencias e Ingeniería de la Computación de la UNAM, el programa ayudó a mejorar las dinámicas entre los usuarios del Metro, incluido la disminución de pleitos entre los usuarios.

“Tras comparar el antes y el después, vemos que MetRevolución ha mejorado de un 10% a un 15% el tiempo efectivo de ascenso y descenso, y de un 15% al 25% el de cierre de puertas, además de evitar fricciones y choques entre los pasajeros, algo que en el peor de los casos se traduce en accidentes”, agregó el líder del proyecto.

Esta dinámica ha propiciado un intercambio limpio entre quienes se apean del Metro y quienes suben —sin colisiones y en apenas segundos—, y sobre todo ha demostrado que al generar los ambientes correctos la gente está dispuesta a cooperar.

El estudio también reveló que los pasajeros necios (esos que quieren romper las leyes físicas de la impenetrabilidad) afectan severamente el tiempo en el que debe fluir el servicio (además del humor de todos los que van en el vagón).

“Cada convoy puede transportar hasta mil 710 sujetos (190 por vagón) y en los lapsos de mayor afluencia los trenes deberían pasar cada dos minutos a fin de movilizar a 51 mil individuos por hora; sin embargo, si un tren queda atascado en una estación por más de 60 segundos debido a estos pasajeros necios, fácilmente vemos cómo la tozudez de una sola persona es capaz de afectarnos a todos”, explicó el también miembro del Instituto de Investigaciones Económicas.

El objetivo del programa, de acuerdo a Carreón, es regular a la gente y mostrarle lo conveniente que resulta corregir prácticas como impedir “el libre cierre de puertas” en relación a mejorar los tiempos y el servicio. Estas prácticas entorpecen más el servicio que el mal funcionamiento, por ejemplo.

¿Cómo funciona MetRevolución?

A partir de analizar cuadro por cuadro más de 80 horas de grabación de gente subiendo y bajando del Metro, los investigadores del Instituto de Investigaciones en Matemáticas Aplicadas y en Sistemas, notaron que los pasajeros “se desplazan por flujos, es decir, que aprovechan el impulso de quienes van al frente para moverse y llegar a donde quieren”.

Con estos datos, lo investigadores desarrollaron un modelo computacional para detectar el punto en el que se daban las fricciones y los choques al abordar los trenes y establecieron que era porque las corrientes humanas se movían al unísono y en direcciones encontradas. Entonces, para evitar las colisiones, concluyeron que lo mejor era establecer dos tiempos claramente separados y sucesivos: uno para ascender y otro para descender.

Con señalamientos simples en el piso del andén, los investigadores lograron que de forma intuitiva se colocarán al lado de las puertas del vagón, delimitando con ello zonas donde los pasajeros debían concentrarse e integrar pequeños grupos, “pero en vez de ello comenzaron a formar filas de forma espontánea”, como lo explica la diseñadora de las señalizaciones, Tania Pérez

“Algo a destacar es que los usuarios que hoy se forman en espera de su turno son aquellos que en diciembre pasado se empujaban en los andenes; no los cambiamos, son los mismos. Lo que demostramos con esto es que, con una intervención sencilla, es factible guiar el comportamiento humano”, señala Carlos Gershenso, uno de los asesores del proyecto.

El éxito ha sido tal, que la propuesta ya se replicó en varias estaciones, lo que aporta más elementos a los universitarios para calcular el impacto de adoptar esta estrategia en todas las estaciones de una misma línea, “lo que sería ideal, pues con ello aumentaríamos la cantidad de trenes en tránsito a lo largo de una ruta y, por ende, se potenciaría el número de individuos desplazados”, indicó Carreón.

fuente UNAM

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