Hablar de la Feria Internacional de Ciencias e Ingeniería de Intel no es nada más hablar de un concurso global para estudiantes de secundaria y preparatoria; es abrir un debate sobre la perspectiva de la educación científica y tecnológica en México y otros países en vías de desarrollo.

La semana pasada del 12 al 16 de mayo se llevó a cabo la edición 65 de esta feria en Los Ángeles, California. Es un programa de la Sociedad para la Ciencia y el Público en el que participaron de 1,783 estudiantes de casi 70 países, incluyendo la primera participación en la historia de Nigeria, Omán y Catar. Detrás de los casi 1,800 finalistas hay más de 10 millones de estudiantes alrededor del mundo que asistieron a cientos de ferias afiliadas locales, regionales y nacionales.

Ellos no son los científicos del mañana, son los científicos de hoy. Ángel Martínez de 18 años y Omar Pérez, de 17, son los dos estudiantes mexicanos reconocidos por su proyecto de física La materia oscura dentro de las galaxias de tiempo temprano. En palabras de los jóvenes, “el proyecto se trata de encontrar la materia oscura en galaxias elípticas; la materia oscura es masa que no se puede ver, pero que de todas formas tiene interacciones gravitacionales.” – (sencillo, ¿no?).

Estos estudiantes de la preparatoria del ITESM, Campus Guadalajara, recibieron el premio especial Sigma Xi de la Sociedad de Investigación Científica por 1,000 dólares.

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Ángel Martínez y Omar Pérez, mexicanos ganadores del premio Sigma Xi de la Sociedad de Investigación Científica por su proyecto La materia oscura dentro de las galaxias de tiempo temprano

El primer lugar de la feria fue para Nathan Han, un estudiante de Boston de 15 años que presentó el proyecto Características de mutaciones perjudiciales en genes supresores de tumores. Nathan creó una herramienta capaz de identificar y predecir mutaciones que generan cáncer. Lo hizo a través de la minería de información en bases de datos públicas (una prueba más de por qué es tan importante apoyar la transparencia y apertura de las bases de datos), con lo que después entrenó a un algoritmo para que detectara qué tan dañinas son las nuevas mutaciones genéticas. Su herramienta tiene una precisión de 81% y por ella recibió el premio mayor Gordon E. Moore de 75 mil dólares.

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Nathan Han, de 15 años, fue el ganador del premio Gordon E. Moor de 75 mil dólares por su proyecto Características de mutaciones perjudiciales en genes supresores de tumores

Los proyectos van desde la investigación científica pura, sobre todo por parte de estudiantes en países desarrollados como Estados Unidos, Japón y Alemania, hasta proyectos de investigación aplicada que buscan solucionar problemas prácticos que viven los jóvenes en sus comunidades (como la falta de agua o electricidad, la deserción escolar o la erradicación de plagas y enfermedades infecciosas).

En esta edición participaron 94 jóvenes de América Latina con 55 proyectos, de los cuales 11 fueron de México con estudiantes de Sinaloa, Guadalajara, Puebla y el Estado de México (pueden conocer la lista completa de finalistas aquí).

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En el evento de una semana los estudiantes de entre 14 y 19 años tuvieron la oportunidad de crear redes de contacto internacionales con otros jóvenes científicos y destacados expertos en su área de investigación, así como la posibilidad de ganar un total acumulado de 4 millones de dólares en premios, reconocimientos y becas tanto de la Fundación Intel como de la OEA junto con instituciones y organizaciones educativas.

“Conocimos a premios Nobel, que yo jamás en mi vida lo habría pensado”, comentó María Elena Ortiz, una estudiante de 18 años que forma parte del equipo de Puebla que presentó el proyecto CUCARI-YA, un insecticida biológico de bajo costo y sin contaminantes hecho a base de plantas tóxicas para erradicar la proliferación de las de cucarachas.

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María Elena Ortiz, Edgar Morales y Lorena Felipe, finalistas de Puebla con el proyecto CUCARI-YA: Insecticida biológico a base de plantas tóxicas

María Elena, que quiere estudiar medicina y especializarse en ginecología, se refiere a uno de los paneles de discusión a los que pudieron asistir los finalistas llamado Excelencia en Ciencia y Tecnología. En él participaron ponentes como el premio Nobel de Psicología/Medicina J. Michael Bishop, el premio Nobel de Química Martin Chalfie, el premio Nobel de Física John Mather, el premio Nobel de Química Sir Harold Kroto y Frances Arnold, ganadora del premio Draper Price.  Ahí, los estudiantes no sólo tuvieron la oportunidad de escucharlos, sino de hacerles preguntas en vivo y vía Twitter, pidiéndoles consejos sobre cómo enfrentar el fracaso y la crítica, cuál es el papel de la colaboración en la ciencia, y cómo pueden abordar las mujeres los retos de perseguir una carrera científica y tener una familia.

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Panel de Discusión Excelencia en Ciencia y Tecnología de la INTEL Isef 2014

Una parte esencial de la Fundación Intel desde 1989 ha sido promover la participación de mujeres y niñas en carreras técnicas y científicas. De acuerdo a un estudio privado de Intel, existe una brecha global en el mundo de 25% en términos de acceso a Internet entre hombres y mujeres. Por eso trabajan en reducir la desigualdad a través del financiamiento de proyectos como la película Girl Rising y también promoviendo la participación de mujeres adolescentes en la ISEF. Este año, por ejemplo, del total de 22 estudiantes que representaron a México, 10 fueron mujeres.

¿Pero por qué es tan importante promover la educación científica en los jóvenes? La innovación en ciencia y tecnología es un índice importante del desarrollo económico de un país. Fomentar el aprendizaje científico en los estudiantes desde un nivel básico es una oportunidad para generar mejores empleos e impulsar la creación de empresas nacionales especializadas con una capacidad de escala mucho mayor.

Sin embargo, sería absurdo pensar que todos los jóvenes que estén en contacto con este tipo de programas se convertirán en científicos profesionales, así que el objetivo es mucho más amplio. Se tratar también de formar a ciudadanos más proactivos, que tengan la capacidad de interactuar con la información compleja que exigen los problemas sociales en la actualidad (desde el manejo de estadísticas gubernamentales hasta una comprensión más profunda de conflictos medioambientales y de salud en el país). Se trata de darle herramientas a las nuevas generaciones para que puedan tomar decisiones de vida.

El mejor índice para conocer el grado de innovación de un país es el número de patentes que se solicitan. De acuerdo a Intel, por ejemplo, alrededor del 20% de los niños y jóvenes tienen patentes o aplican para una patente con las ideas y proyectos que presentan, así que este tipo de concursos también fomentan una participación activa en el grado de innovación con potencial comercializable.

Para ubicar nuestra situación actual, algunos datos interesantes:

  • En el sexenio pasado en México se invirtió un promedio de 0.43% anual del PIB en ciencia y tecnología, una cifra inferior al mínimo internacional recomendado de 1% y muy por debajo de la inversión de países como Corea del Sur, que en 2011 destinó 4% del PIB a esta área.
  • En 2011 se otorgaron 245 patentes a mexicanos y 11,240 a extranjeros. El coeficiente de inventiva (patentes solicitadas por nacionales por cada 10,000 habitantes) en México es de 0.05, mientras que en Japón es de 30.51 y en Estados Unidos de 6.7.
  • México ocupa la posición 53 de 144 países en el Índice de Competitividad Global (WEF).

El presidente Enrique Peña Nieto informó en 2013 sobre el compromiso del Gobierno Federal para incrementar la inversión a ciencia y tecnología hasta 1% del PIB para el final del sexenio. En 2014, el CONACyT, que cuenta con el programa de becas para estudios de posgrado más importante de México, tiene programados recursos por más de 31,586 millones de pesos.

Sin embargo, los resultados de este compromiso aún están por verse, y el trabajo para el desarrollo de la ciencia en los programas de educación está formado por un complejo sistema que demanda a gritos una mejor capacitación de maestros, la enseñanza y oferta de más y mejores recursos para estudiantes en todo el territorio nacional, y el desarrollo de programas de empresas privadas y gubernamentales para darle una oportunidad de salida y comercialización a las innovaciones de nuestros estudiantes e investigadores.

Lo que quedó completamente demostrado en la ISEF de Intel este año es el inmenso potencial que tienen nuestros estudiantes como futuros científicos e investigadores, y el gran compromiso que han tenido sus docentes con los proyectos.

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