Se han descubierto cientos de exoplanetas hasta el momento, pero sólo una mínima parte de ellos podría ser habitable. Muchas condiciones deben combinarse para que un cuerpo celeste albergue vida, y pocos planetas observados hasta ahora las cumplen. Sin embargo, es probable que varias de sus lunas sí estén capacitadas para ello.

De los cerca de mil exoplanetas descubiertos desde 1995, sólo una mínima parte podrían albergar vida. El caso más notorio es el de Kepler-186f, que orbita alrededor de un sol rojo a la misma distancia que lo hace Mercurio de nuestro sol amarillo. Las condiciones de su estrella hacen suponer que recibe un tercio de la energía que recibe el planeta de nuestro Sistema Solar, por eso se puede especular que se encuentra dentro de la llamada zona Goldilocks, o zona de habitabilidad; es decir, a cierta distancia respecto a su estrella que abre la posibilidad de que un cuerpo estelar albergue agua en estado líquido (y vida).

En nuestro Sistema Solar resulta que Venus está demasiado caliente y Marte demasiado frío como para tener agua líquida. La Tierra (obviamente) es el único planeta del sistema que se encuentra dentro de la zona Goldilocks. Sin embargo, la ubicación de un cuerpo celeste no es el único factor que influye en la determinación de si es habitable o no. Existen muchísimas variables difíciles de predecir, por ejemplo, sabemos que en algún momento en Marte había agua y que la Tierra era una bola de nieve hace 650 millones de años.

Se supone que los Ewoks habitan una luna del planeta Endor
Se supone que los Ewoks habitan una luna del planeta Endor

Muchos de los exoplanetas que se calcula se encuentran en la zona Goldilocks son enormes, como Júpiter. No es que estos cuerpos sean los más comunes en el universo, sino que son más fáciles de encontrar por su tamaño. Júpiter cuenta con una atmósfera exterior llena de diversos gases e hidrógeno líquido, que cubre una superficie de miles de kilómetros de hidrógeno metálico. De manera que cualquier superficie rocosa está confinada en el núcleo, que sufre una presión de casi un millón de atmósferas.

Pero Júpiter tiene lunas, ¿cierto?, que además no necesariamente comparten su situación atmosférica. Se sospecha, por ejemplo, que Europa, uno de sus satélites, alberga agua líquida debajo de su superficie congelada. También se sabe que Encélado, satélite de Saturno, esconde un océano debajo de su superficie de hidrocarburos congelados. Así que es bastante probable que muchos exoplanetas no tengan las condiciones necesarias para mantener vida, pero tal vez sus lunas sí las tengan.

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Los personajes de Futurama en la Luna

La investigación de las exolunas

Según un estudio reciente liderado por Duncan Forgan y Vergil Yotov de la Universidad de Edimburgo, existen varias formas de descubrir exolunas e investigarlas. Una de ellas es midiendo el efecto gravitacional que tienen sobre los planetas que orbitan, pues la co-dependencia de fuerzas podría afectar la órbita del planeta alrededor de su estrella. La variación podría ser de apenas unos segundos, pero serían suficientes como para determinar la existencia de una luna alrededor de un exoplaneta.

El estudio asegura que la temperatura de una exoluna tiene variables que le aportan ciertas ventajas sobre los planetas. En ese sentido, la fuerza de marea (efecto secundario de la fuerza gravitacional) puede convertirse en una suerte de calefacción interna para la exoluna, producto de la interacción gravitacional con su planeta. También se exploran las condiciones de la reflexión de la luz por parte de los planetas a sus lunas y el efecto de los eclipses planetarios.

Alana, del cómic Saga, proviene del planeta Landfall; y Marko de Wreath, una de sus lunas
Alana, del cómic Saga, proviene del planeta Landfall; y Marko de Wreath, una de sus lunas

Con todos estos elementos, Forgan y Yotov proponen una clasificación para las futuras exolunas: “habitable”, “caliente”, “bola de nieve” y “transitoria”. La primera categoría se refiere a una luna con una superficie de más de 10% con temperaturas entre el punto de congelación y el punto de ebullición del agua. La segunda y la tercera señalan un satélite con más de 10% de sus superficie por abajo de los 0°C y por encima de los 100°C respectivamente. La categoría “transitoria” señala que las zonas habitables de una luna cambian con el paso del tiempo.

Hasta el momento no se ha descubierto ninguna exoluna, pero es posible que pronto tengamos noticia de estos satélites. La investigación suena prometedora y definitivamente amplía considerablemente las perspectivas de la investigación sobre la vida fuera de nuestro planeta. ¿Será que en algún punto encontraremos Ewoks en una de las lunas lejanas?

vía The Conversation

fuente Cornell University Library

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