Encuentran evidencia de actividad humana de 30 mil años de antigüedad en Zacatecas

Es un giro inesperado en la historia de la llegada de los primeros pobladores en América.
(Foto: Ciprian Ardelean)

Hasta ahora se creía que los primero pobladores del continente Americano habían sido los clovis, que llegaron aquí hace unos 13 mil 500 años. Pero la historia de la llegada de los primeros pobladores a América acaba de dar un giro de tuerca, gracias al descubrimiento de una serie de evidencias localizadas en el estado de Zacatecas, en la cueva del Chiquihuite.

En la llamada cueva del Chiquihuite, en Zacatecas, a más de 2 mil 700 metros sobre el nivel del mar, se encontraron evidencias de que fue ocupada hace aproximadamente 13 mil o hasta 30 mil años. El estudio multidisciplinario, publicado en la revista Nature, fue realizado por la Universidad Autónoma de Zacatecas y liderado por el arqueólogo Ciprian Ardelean, que llegó en 2010 al lugar tras recorrer un año entero y a pie,  kilómetros y kilómetros de la región de Concepción del Oro, hasta encontrarse con la cueva del Chiquihuite, en la que había restos de cientos de herramientas hechas con piedra, huesos de animal, plantas y sedimentos, de los cuales están basadas sus conclusiones.

La cueva del Chiquihuite está ubicada a mil metros sobre el suelo del valle y está compuesta por dos cámaras interconectadas de alrededor de 50 metros de ancho y 15 metros de altura, con un suelo inclinado repleto de estalagmitas. Es un lugar inhóspito, en el que Ardelean y sus colegas desenterraron unos mil 900 artefactos de piedra con un tallado inusual que, según el propio investigador, son datos que indican que la diversidad de población que llegó a Norteamérica fue muy amplia, con grupos que seguían sus propias rutas y enfrentaban diferentes entornos de manera particular, mientras desarrollaban sus propios estilos.

Los investigadores explican que la piedra de los objetos fue tallada con “una tradición cultural de trabajo de piedra desconocida, que perduró durante los casi 18,000 años de ocupación del sitio”.

“La principal contribución de Chiquihuite es que trae otra pequeña luz, otra señal diminuta, que hay algo allí”, dijo Ardelean.

A través de las técnicas científicas de radiocarbono y el método de luminiscencia ópticamente estimulada, fue que los investigadores pudieron llegar a determinar la antigüedad de restos microscópicos en los huesos, carbón y sedimentos en los que se conservaron polen y fitolitos. 

Los primeros vestigios se encontraron en 2012, a través de un pozo de sondeo que le indicó el potencial arqueológico, y en 2016 comenzó la primera temporada de campo, derivada de un proyecto de investigación avalado por el Consejo de Arqueología del INAH; a la fecha lleva cuatro temporadas de campo. Desde las primeras capas halló artefactos de piedra de factura extraña que al principio le costó trabajo entender: lascas transversales, es decir, más anchas que largas.

El autor principal de la investigación fue Ciprian Ardelean, junto con tres investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH): Joaquín Arroyo Cabrales, codirector del Proyecto Paleontológico en Santa Lucía; Alejandro López Jiménez, también paleontólogo en Santa Lucía, e Irán Rivera González, investigadora de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.