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Estos son los efectos de las armas nucleares en la salud humana

Recordamos el tipo de consecuencias inmediatas y a largo plazo que pueden esperarse del empleo de armamento nuclear en la salud humana.

El 6 de agosto de 1945 siempre será recordado porque, a las 8:15 de la mañana, dio inicio la Era Nuclear tras el lanzamiento de la bomba atómica, el famoso Little Boy, sobre Hiroshima, Japón. Sin embargo, aunque para Estados Unidos marcaría el principio del triunfo de la II Guerra Mundial. Cuatro días más tarde, el 9 de agosto, los ciudadanos de Nagazaki voltearon al cielo paro ver descender otra bomba atómica.

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Las consecuencias para la población de los pueblos japoneses va más allá de la destrucción de la ciudad y se extienden, como los terroríficos tentáculos de un pulpo invisible hasta nuestros días. De acuerdo con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) algunos estudios médicos realizados desde ese lejano 1945 hasta nuestros días han demostrado el tipo de consecuencias inmediatas y a largo plazo que pueden esperarse del empleo de armamento nuclear en la salud humana.

Las bombas nucleares de entre 10 y 20 kilotones (la potencia de las bombas que destruyeron ambas ciudades) y detonadas a una altura de 1 kilómetro sobre una zona densamente poblada crearon una bola de fuego que se generó al momento de la explosión del arma y la cual produciría una liberación de calor, de ondas de choque y de radiación. A partir de este tipo de daño podemos establecer que existen tres tipos de víctimas por efecto de las armas nucleares.

Víctimas causadas por el calor

(Foto: Telegraph)

Habrá que empezar diciendo que, como señala el informe del CICR, la temperatura del suelo que se encuentra debajo del epicientro de la explosión de una bomba nuclear aumenta aproximadamente a 7,000 ºC y vaporiza a todos los seres vivos en la zona. Las personas que consiguen sobrevivir a la vaporización sufren intensas quemaduras, en su mayoría de un espesor total.

Detalla el informe:

“Las quemaduras graves pueden producirse en un radio de hasta 3 kilómetros de la explosión. Además, muchas personas que miren en dirección de la explosión y vean la bola de fuego a ojo descubierto sufrirán ceguera temporal debido al efecto flash durante unos 40 minutos, o incluso daños oculares permanentes, en particular quemaduras y cicatrices en la retina que afectarán su campo visual”.

Víctimas causadas por la onda de choque

(Foto: Telegraph)

Luego del hongo o la bola de fuego se generan las ondas expansivas que se desplazan a velocidades supersónicas. Las personas morirían o quedarían gravemente heridas al colapsar sus viviendas. Según el estudio de la Cruz Roja, la caída de los edificios y escombros, pueden lesionar y matar a los seres humanos (como si se tratara de una catástrofe natural); pero también el impacto de la onda podría arrojar a las personas por los aires provocándoles al mismo tiempo el estallido de órganos internos, fracturas de cráneo y heridas penetrantes. Muchas personas también quedarían sordas debido al estallido de sus tímpanos.

Efectos de la tormenta ígnea y radiación

(Foto: Telegraph)

La tormenta ígnea (un incendio de tal intensidad que crea y mantiene su propio sistema de ventilación que lo aviva) consumiría todo el oxígeno en las cercanías y las personas refugiadas en los lugares cerrados sobre o bajo tierra morirían asfixiadas. Las personas que llegasen a sobrevivir sufrirían daño por radiación.

La Cruz Roja señala que los efectos inmediatos de la radiación son:

  • Disfunciones del sistema nervioso central (a dosis muy elevadas);
  • Náusea, vómitos y diarrea causados por lesiones en el tracto gastrointestinal, que pueden ocasionar una deshidratación potencialmente fatal y problemas de nutrición; y
  • destrucción de la capacidad del cuerpo de producir nuevas células sanguíneas, lo cual provoca hemorragias incontroladas (debido a la ausencia o la significativa reducción del número de plaquetas) e infecciones potencialmente mortales (debido a la ausencia o reducción del número de glóbulos blancos).

La radiación afectaría a las personas de manera inmediata durante semanas y meses siguientes. Este efecto característico de las armas nucleares afectaría también a las personas situadas fuera de la proximidad inmediata de la explosión. Eso no es todo el viento puede llevar la lluvia raodiactiva a considerables distancias y afectar poblados vecinos.

Algunas personas pueden pensar que no han sido dañadas por la radiación, sin embargo algunos síntomas son presentados días después de la explosión como:

  • Sangrado de encías,
  • infecciones incontrolables
  • heridas que no sanan
  • Daño en la sangre

A largo plazo se han detectado daños como leucemia y cáncer de tiroides.

Para 1950, las muertes atribuidas a las bombas que fueron lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki habían aumentado a 200,000 y 140,000 personas, respectivamente. A finales de los años 40, amuentaron los casos de leucemia y se alcanzaron niveles máximos en la década siguiente. También se detectó un incremento en el riesgo de cáncer de mama, esófago, colon y pulmón.

Como seguramente ya sabes, los daños de la radiación que provocaron las bombas se pueden observar hoy en algunos sobrevivientes, que consiguieron sobrevivir, pero que presentan algún tipo de secuela derivada de las bombas.