El Proyecto Manhattan y la bomba que definió una era

El Proyecto Manhattan desarrolló la bomba atómica que arrasó con Hiroshima y Nagasaki, abriendo paso a una era marcada por el terror nuclear.
(Foto: Código Espagueti)

La bomba atómica. Pensar en ella de inmediato nos remite a Hiroshima y Nagasaki. A Enola Gay. A la Segunda Guerra Mundial. A una era en la que la humanidad vivió -y sigue viviendo- bajo la constante amenaza de una guerra usando este tipo de armamento, que casi por seguro terminaría con la vida como la conocemos.

Pero, ¿cómo fue que la humanidad concibió y desarrolló la bomba nuclear? ¿Cómo logró Estados Unidos conseguirla antes que los nazis o los rusos? ¿Qué hay detrás del llamado Proyecto Manhattan? A 74 años de que se utilizó por primera vez, te contamos la historia del arma que definió toda una era.

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Fisión nuclear y los nazis

El descubrimiento de la fisión nuclear por parte de los químicos alemanes Otto Hahn y Fritz Strassmann en 1938, y su explicación teórica por parte de Lise Meitner y Otto Frisch, hicieron del desarrollo de una bomba atómica una posibilidad teórica. Cuando un átomo de material radiactivo se divide en átomos más ligeros, se produce una liberación repentina y poderosa de energía. El descubrimiento de la fisión nuclear abrió la posibilidad de tecnologías nucleares, incluidas las armas.

Lise Meitner y Otto Hahn (Foto: Wikicommons)

Las bombas atómicas son armas que obtienen su energía explosiva de las reacciones de fisión. Las armas termonucleares, o bombas de hidrógeno, dependen de una combinación de fisión nuclear y fusión nuclear. La fusión nuclear es otro tipo de reacción en la que dos átomos más ligeros se combinan para liberar energía.

El 22 de abril de 1939, Wilhelm Hanle propuso en un coloquio el uso de fisión de uranio en una uramasquina (máquina de uranio, es decir, reactor nuclear), Georg Joos -un afamado teórico en Física-, junto con Hanle, notificaron a Wilhelm Dames, del Ministerio de Educación del Tercer Reich, de posibles aplicaciones militares de la energía nuclear. El grupo incluía a los físicos Walther Bothe, Robert Döpel, Hans Geiger, Wolfgang Gentner Wilhelm Hanle, Gerhard Hoffmann y Georg Joos

Joos, Hanle y su colega Reinhold Mannkopff comenzaron a trabajar informalmente en la Universidad Georg-August de Göttingen. El grupo de físicos era conocido informalmente como el primer Uranverein (Club del Uranio) y formalmente como Arbeitsgemeinschaft für Kernphysik, es decir, Grupo de Trabajo en Física Nuclear. El trabajo del grupo se suspendió en agosto de 1939, cuando los tres fueron llamados a entrenamiento militar, a un mes del estallido de la Segunda Guerra Mundial.

Los científicos que habían huido del régimen Nazi, como Albert Einstein, sabían que los alemanes estaban trabajando en la bomba atómica y el temor hizo que buscaran la manera de evitar que fueran los primeros en conseguirla.

Intervención de Einstein

En agosto de 1939, los físicos húngaros Leo Szilard y Eugene Wigner redactaron la carta de Einstein-Szilard, que advertía sobre el desarrollo potencial de “bombas extremadamente poderosas de un nuevo tipo”. Instó a los Estados Unidos a tomar medidas para adquirir reservas de mineral de uranio y acelerar la investigación de Enrico Fermi y otros sobre las reacciones en cadena nuclear. Albert Einstein, quien llegó a Estados Unidos en 1933 en calidad de refugiado, la firmó y la entregó al presidente Franklin D. Roosevelt, recalcando el peligro que representaba el trabajo de los científicos nazis:

Entiendo que Alemania realmente ha detenido la venta de uranio de las minas checoslovacas de las que tiene control. Que haya tomado tales medidas tan anticipadas tal vez podría entenderse por el hecho de que el hijo del subsecretario de Estado alemán, von Weizsäcker, está adscrito al Kaiser-Wilhelm-Institut en Berlín, donde ahora se repite parte del trabajo estadounidense sobre uranio.

(Fuente: Wikicommons)

Impulsado por esta carta y otros informes del comité, Roosevelt autorizó al Comité de Investigación de Defensa Nacional a explorar la investigación nuclear, y el 28 de junio de 1941, firmó la Orden Ejecutiva 8807 que creó la Oficina de Investigación y Desarrollo Científico con Vannevar Bush como su director. Para abordar directamente la necesidad de investigación nuclear, la CNDR formó el Comité de Uranio S-1 bajo la dirección de Lyman Briggs.

Ese verano, el Comité S-1 fue visitado por el físico australiano Marcus Oliphant, miembro del Comité MAUD. La contraparte británica de S-1, el Comité MAUD estaba avanzando en un intento de crear una bomba atómica. Como Gran Bretaña estaba profundamente involucrada en la Segunda Guerra Mundial, Oliphant buscó aumentar la velocidad de la investigación estadounidense sobre asuntos nucleares. En respuesta, Roosevelt formó un Grupo de Política Superior, compuesto por él mismo, el Vicepresidente Henry Wallace, James Conant, el Secretario de Guerra Henry Stimson y el General George C. Marshall en octubre.

Proyecto Manhattan

El Comité S-1 celebró su primera reunión formal el 18 de diciembre de 1941, sólo unos días después del ataque japonés a Pearl Harbor. Al reunir a muchos de los mejores científicos del país, el grupo decidió seguir explorando varias técnicas para extraer uranio-235, así como diferentes diseños de reactores. Este trabajo progresó en las instalaciones de todo el país, desde la Universidad de Columbia hasta la Universidad de California-Berkeley. Al presentar su propuesta a Bush y al Top Policy Group, fue aprobada y Roosevelt autorizó la financiación en junio de 1942.

Fermi y Szilard todavía estaban involucrados en la investigación de reacciones en cadena nuclear, el proceso por el cual los átomos se separan e interactúan, ahora en la Universidad de Chicago, y lograron enriquecer con éxito el uranio para producir uranio-235.

Mientras tanto, científicos como Glenn Seaborg estaban produciendo muestras microscópicas de plutonio puro, y funcionarios gubernamentales y militares canadienses estaban trabajando en la investigación nuclear en varios sitios en Canadá.

(Foto: Wikipedia)

El 28 de diciembre de 1942, el presidente Roosevelt autorizó la formación del Proyecto Manhattan para combinar estos diversos esfuerzos de investigación con el objetivo de convertir las armas en energía nuclear. Se instalaron instalaciones en ubicaciones remotas en Nuevo México, Tennessee y Washington, así como en sitios en Canadá, para realizar esta investigación y las pruebas atómicas relacionadas.

Oppenheimer y el Proyecto Y

El físico teórico J. Robert Oppenheimer ya estaba trabajando en el concepto de fisión nuclear (junto con Edward Teller y otros) cuando fue nombrado director del Laboratorio de Los Alamos en el norte de Nuevo México en 1943.

El Laboratorio de Los Alamos, cuya creación se conocía como Proyecto Y, se estableció formalmente el 1 de enero de 1943. El complejo es donde se construyeron y probaron las primeras bombas del Proyecto Manhattan.

Prueba Trinidad (Foto: Wikipedia)

El 16 de julio de 1945, en un remoto lugar desértico cerca de Alamogordo, Nuevo México, la primera bomba atómica fue detonada con éxito, la Prueba de la Trinidad, creando una enorme nube de hongo de unos 40 mil pies -más de 12 mil metros- de altura y que marcó el comienzo de la Era Atómica.

Los científicos que trabajaban bajo Oppenheimer habían desarrollado dos tipos distintos de bombas: un diseño a base de uranio llamada Little Boy y un arma a base de plutonio llamada Fat Man. Con ambos diseños en proceso en Los Alamos, se convirtieron en un importante parte de la estrategia de EE. UU. destinada a poner fin a la Segunda Guerra Mundial y dar inicio a una era definida por la bomba y el terror nuclear.

Little Boy y Fat Man

Ante la negativa de Japón de los llamados a rendirse, el presidente que sucedió a Roosevelt, Harry S. Truman, autorizó el uso de la bomba contra la ciudad de Hiroshima. El 6 de agosto, el coronel Paul Tibbets partió de Tinian con la bomba, llamada Little Boy, a bordo de la B-29 Superfortress Enola Gay.

Little Boy (Foto: Wikicommons)

Lanzado sobre la ciudad a las 8:15 a.m., Little Boy cayó durante cincuenta y siete segundos, antes de detonar a la altura predeterminada de 1,900 pies -579 metros- con una explosión equivalente a aproximadamente 13-15 kilotones de TNT. Creando un área de devastación completa de aproximadamente tres kilómetros de diámetro, la bomba, con su resultante onda de choque y tormenta de fuego, destruyó efectivamente alrededor de 7.5 kilómetros cuadrados de la ciudad, matando entre 70 mil y 80 mil personas e hiriendo a otras 70 mil. Su uso fue seguido rápidamente tres días después cuando Fat Man, una bomba de implosión de plutonio, cayó sobre Nagasaki. Generando una explosión equivalente a 21 kilotones de TNT, mató a 35 mil e hirió a 60 mil. Con el uso de las dos bombas, Japón rápidamente se rindió, dando fin a una de las guerras más crueles en la historia de la humanidad.

Fat Boy (Foto: Wikicommons)

Definiendo una era

Con un costo de casi 2 mil millones de dólares y empleando a aproximadamente 130,000 personas, el Proyecto Manhattan fue uno de los esfuerzos más grandes de los Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial. Su éxito marcó el comienzo de la era nuclear, en la que se aprovechó la energía nuclear para fines militares y pacíficos. El trabajo sobre armas nucleares continuó bajo la jurisdicción del Proyecto Manhattan y vio más pruebas en 1946. El control de la investigación nuclear pasó a la Comisión de Energía Atómica de los Estados Unidos el 1 de enero de 1947, tras la aprobación de la Ley de Energía Atómica de 1946. Aunque fue un programa muy secreto, el Proyecto Manhattan fue penetrado por espías soviéticos, incluido el famoso espí alemán, Klaus Fuchs, durante la guerra. Como resultado de su trabajo, y el de otros como Julius y Ethel Rosenberg, la hegemonía atómica de los Estados Unidos terminó en 1949 cuando los soviéticos detonaron su primera arma nuclear, dando así inicio a la Guerra Fría, que estuvo constantemente marcada por las tensiones nucleares entre ambas potencias.

Ahora, el terror nuclear sigue persistiendo. No sólo se trata de Estados Unidos y Rusia. Ahora hay más países que poseen armamento nuclear y que nos hace reflexionar sobre la inconsciencia de aquellos científicos que desarrollaron armas que son capaces de acabar con la vida. El peligro no ha desaparecido y el riesgo estará latente mientras sigan existiendo.