Se trata de un fenómeno visual que habría sido diseñado por los antiguos pobladores de la zona.

Iris del Rocío Hernández, arqueóloga subacuática del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), anunció el descubrimiento de lo que parece ser un modelo miniatura del universo en un estanque natural ubicado en las faldas del volcán Iztaccíhuatl. De acuerdo con la especialista, en medio de la zona conocida como Nahualac descubrieron un tetzacualco (adoratorio), y el efecto óptico que se produce en el espejo de agua del estanque da forma a algo muy parecido a la representación de un tiempo y espacio primigenio, es decir, a un modelo miniatura del universo.

“La intención de que el agua rodeara elementos arquitectónicos rituales específicos parece haber sido una parte importante dentro del pensamiento mesoamericano, lo vemos en Tenochtitlan, o en la Ciudadela, en Teotihuacan, como lo reportaron recientemente Julie Gazzola y Sergio Gómez”, indicó la investigadora.

Iris Hernández cree que los habitantes originarios de la zona controlaban el agua proveniente de manantiales cercanos, que luego usaban para irrigar el estanque con el objetivo de crear un efecto visual que hacía parecer que la estructura y los montículos de piedra flotaban sobre el espejo de agua. Todo esto con un fin religioso.

“Esos efectos visuales, además de las características de los elementos que conforman el sitio y la relación que guardan entre ellos, hacen suponer que Nahualac pudo representar un microcosmos que evoca a las aguas primigenias y el inicio del tiempo-espacio mítico”, señaló la especialista.

La arqueóloga piensa que los antiguos mexicanos usaban el entorno natural que rodea el estanque para representar su modelo de universo, como un vínculo con los significados rituales del espejo y el quincunce mesoamericano; es decir, la representación de los cuatro rumbos del universo, cuyo centro manifiesta el punto de encuentro entre los planos cósmicos.

Nahualac consta de dos áreas. La principal es un estanque estacional dentro del cual se encuentra el tetzacualco, un templo prehispánico rectangular de piedras apiladas de 11.5 metros de lago y 9.8 metros de ancho. A pesar de ya no estar completo, todavía se pueden ver  las esquinas y los arranques de los muros, además de algunos montículos de piedras que formaban parte del templo. La segunda área se localiza a 150 metros al sureste de la estructura, sobre un amplio valle donde brotan manantiales. Ahí se han hallado piezas cerámicas con elementos decorativos asociados a Tláloc, el dios de la lluvia.

En el 2015 el INAH comenzó a proteger la zona, luego de que se reportó que estaba siendo destruida por los visitantes y vecinos.

fuente Notimex

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