Científicos detectan una enorme e inexplicable onda gravitacional

Los detectores LIGO, en Estados Unidos, y Virgo, en Italia, detectaron esta enorme onda gravitacional formada hace aproximadamente 7 mil millones de años.
(Foto: Ilustración)

La fuente de ondas gravitacionales más potente que nunca antes haya sido observada, fue detectada y corresponde al mayor descubrimiento desde que en 2016 se descubriera que las ondas gravitacionales son reales y que los científicos detrás de uno de los hitos científicos más importantes del siglo ganaran el premio Nobel de Física 2017. Pero ahora lo investigadores se encuentran ante un fenómeno inexplicable.

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Los detectores LIGO, en Estados Unidos, y Virgo, en Italia, captaron la misma señal el pasado 21 de mayo de 2019 que apenas y tuvo una duración de una décima de segundo. Y tras un año de estudio, los científicos finalmente pudieron reconstruir la manera en que se produjo este fenómeno similar que ocurre cuando dos eventos violentos en el universo chocan entre sí y se propagan a lo largo y ancho del espacio-tiempo como si una piedra fuera arrojada en un estanque de agua.

“Hoy por hoy no estamos preparados para comprender este fenómeno y no podemos responder las muchas preguntas que abre”, explicó al diario El País el físico teórico colaborador de Virgo, Toni Font.

Según los investigadores, la señal conocida como GW190521 se formó a una distancia de 5 gigaparsecs cuando el universo tenía la mitad de su edad aproximadamente. La señal se originó a partir de que, como detallaron los científicos en dos estudios publicados en la Physical Review Letters y en el Astrophysical Journal Letters, se creó una fusión entre dos agujeros negros, uno de ellos con una masa 85 veces mayor a la de nuestro Sol y otro con el equivalente a unas 66 estrellas solares. Los interferómetros láser de LIGO y Virgo captaron la señal unos 7 mil millones de años después de la colisión.

La fusión de estos dos agujeros negros formó un agujero aún más grande de aproximadamente 142 masas solares y liberó una energía de hasta 8 masas solares que se esparció por todo lo ancho del universo en forma de ondas gravitacionales.

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