El ingeniero mexicano es egresado del ITESM.

El CONACyT dio a conocer que Guillermo Adrián Valdés Sánchez, un Ingeniero en Electrónica y Comunicaciones egresado del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM), Campus Ciudad de México, fue uno de los científicos mexicanos que participaron en el proyecto LIGO, el responsable de comprobar la existencia de las ondas gravitacionales teorizadas por Albert Einstein hace 100 años.

Gracias a su desempeño académico, Valdés ganó una beca otorgada por el Centro de Astronomía de Ondas Gravitacionales, la cual le permitió cursar una maestría en física en la Universidad de Texas en Brownsville (UTB). A la par, realizó sus prácticas profesionales en el Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA, donde ayudó a levantar el proyecto de construcción del Nompuewenu Observatory, el primer observatorio del sur de Texas.

“Ya inscrito en la maestría, conocí al que era el director del Departamento de Física, el doctor Mario Díaz. Él me convenció de que la física me llevaría a donde yo quisiera. Lo primero que hizo fue darme el libro Interferometric Gravitational Wave Detectors, escrito por el doctor Peter Saulson. Cuando lo abrí no entendí nada. Nunca me imaginé que años más tarde, Peter Saulson me pediría ayuda para completar un análisis de los datos de LIGO”, señaló Valdés.

Gracias a una beca otorgada por el Conacyt, el joven mexicano pudo entrar a estudiar un doctorado en física en la Universidad de Texas en San Antonio (UTSA), donde fue contactado para participar en LIGO como Scientific Collaboration (LSC) por dos periodos seguidos.

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El mexicano relató como vivió el descubrimiento de las ondas gravitacionales el 14 de septiembre de 2015, recordando que no parecía un día fuera de lo común, hasta que los potentes detectores de rayos cósmicos de LIGO comenzaron a emitir una alarma que hizo que todos los científicos presentes prestaran atención.

“Si un fenómeno acontece, es detectado con mayor amplitud por estos sensores. De esta manera, si no hubiera presentado las características de una onda gravitacional, se descartaría automáticamente; sin embargo, lo que registraron los sensores en ese histórico 14 de septiembre no podía ser otra cosa que una onda gravitacional” recordó emocionado el mexicano.

Cuando comprobaron que los dos detectores de LIGO, separados por tres mil kilómetros de distancia, registraron lo mismo la mayoría se dio cuenta de que les tocó presenciar por primera vez en la historia la detección de una onda gravitacional. No obstante, al contrario de lo que podríamos pensar, nadie festejó ni comentó nada hasta la junta de medio día.

“En LIGO tenemos un plan a seguir para comprobar que cualquier candidato a detección sea real. El candidato tenía todas las características de una onda gravitacional y uno de los primeros pasos fue investigar que este candidato a detección no fuera una inyección, es decir, manipulaciones forzadas para monitorear la calibración del detector”.

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Después de una primera comprobación de la señal, los normalmente tranquilos científicos se volvieron locos de emoción:

“Podías ver muchas caras de incertidumbre y risas entre nerviosas y de felicidad, pero todos sabíamos que nos esperaba un largo camino por recorrer antes de confirmar que nuestra detección era real”.

A partir de entonces y hasta el anuncio formal del descubrimiento de las ondas gravitacionales, todo el equipo de LIGO se abocó a buscar posibles fallas de la detección.

“Se trabajaba a marchas forzadas para saber el resultado, todos lo hacíamos con gusto porque estábamos impacientes de conocer el resultado. Una vez que concluimos el plan y conocimos el resultado no cabíamos de felicidad. Pero no fue hasta el día 11 de febrero de 2016 cuando David Reitze, director ejecutivo de LIGO, mencionó las palabras que han quedo grabadas en mi mente y corazón: ‘Ladies and gentlemen, we have detected gravitational-waves, we did it!’. En ese instante todos lloramos, reímos, brincamos y aplaudimos de la felicidad. Esta detección no solo tiene impacto en la ciencia, el entendimiento del universo siempre tiene un gran impacto en la humanidad y el experimento LIGO es un ejemplo de lo que los seres humanos somos capaces para lograr metas que pareciesen inalcanzables”, describe emocionado el científico mexicano.

El joven científico mexicano reivindicó el papel de contar con apoyo del Conacyt para poder formar parte de este momento histórico.

“El Conacyt me otorgó la estabilidad económica suficiente para dedicarme cien por ciento a mis estudios. Muchas veces, esta falta de apoyo económico es la que limita el desarrollo de las personas y los proyectos. Agradezco al Conacyt por creer en mí y ayudarme. Con mi trabajo les quiero mostrar que su inversión no ha sido en vano”, declaró Valdés Sánchez.

Ojalá las becas de este tipo no se limiten, sobre todo tomando en cuenta que la Secretaría de Hacienda redujo en un 35 % el presupuesto del CONACyT.

fuente Conacyt

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