El barbón de Cuatro Ciénegas conspiró en contra del caudillo del sur con ayuda de Estados unidos.

El historiador Francisco Pineda reveló que, de acuerdo con sus investigaciones, Venustiano Carranza hizo uso de armas químicas en contra del Ejército liberador del Sur, comandado por Emiliano Zapata.

De acuerdo con Pineda, Carranza se alió al gobierno de Estados Unidos para iniciar una guerra de exterminio en contra de Zapata y sus seguidores. El barbón que aparecía en las monedas de 100 pesos en los años ochenta y noventa, puso a cargo del plan para exterminar a Zapata al general Pablo González, un militar leal a Carranza.

Carranza y Estados Unidos no veían con buenos ojos los planes del caudillo del sur, quien buscaba expropiar las grandes haciendas, fragmentarlas y repartirlas entre el pueblo, liberar a los campesinos que prácticamente eran esclavos de los latifundista, legalizar el derecho de huelga y darle reconocimiento a los usos y costumbres de los indígenas.

Así, para acabar con las huestes zapatistas, Estados Unidos proporcionó armamento a Carranza y el ejército constitucionalista. Lo más interesante, y poco conocido, es que también financiaron la fabricación de una máquina que servía para fabricar proyectiles con gas asfixiante. Los carrancistas pensaban que la novedosa maquinaria aniquilaría fácilmente a los zapatistas.

Según Pineda, el gas asfixiante era una arma química fabricada con fosgeno -un veneno incoloro con olor a maíz verde- cuyos síntomas no eran inmediatos. Además, para evitar que los zapatistas llegaran al Distrito Federal, diseñaron una línea de trincheras de más de 100 kilómetros, implementaron un enorme sistema de tortura, incendiaron pueblos, destruyeron siembras de los campesinos zapatistas para matarlos de hambre, ordenaron deportaciones masivas a Yucatán y esclavizaron a poblaciones enteras en campos de trabajo.

A pesar de toda la ofensiva en su contra, Zapata logró expulsar de su territorio a los carrancistas, e implementar un gobierno alterno al de la capital durante 1917 y parte de 1918. Al final, los carrancistas no lograron acabar con Zapata con su mejor armamento, sino gracias a la traición del general Guajardo, que negoció con Pablo González entregar a Zapata a cambio de un asenso y una recompensa económica.

fuente El País

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