La censura en Dragon Ball y el anime es pura ignorancia

Esta y otras censuras en la historia del anime nos muestran ignorancia de todos lados.
Dragon Ball fue censurado una vez más en Latinoamérica, pero esta vez por un motivo más justo | Fuente: Toei Animation

La semana pasada, Dragon Ball fue sacado del aire en Argentina y una vez analizando y revisando qué fue lo que sucedió, no puedo decirlo de otra forma: la censura al anime es pura ignorancia.

Antes que nada, hay que entender un poco el contexto y seré breve con ello porque no hace falta darle muchas vueltas al asunto. La autoridades argentinas determinaron retirar la emisión de Dragon Ball Super porque hay personajes y situaciones dentro del anime que hacen apología al acoso sexual, especialmente las que tienen que ver con el Maestro Roshi.

No hay cómo discutir que lo que se presenta en pantalla NO es acoso sexual. Este es un tema que Akira Toriyama y, ahora Toyotaro, siempre han metido en alguna parte de Dragon Ball, ya sea como un recurso cómico o como un mero pretexto para presentar algún personaje y ahorrar espacio y esfuerzo para siguientes cuadros.

En ese sentido, tiene toda la razón la queja presentada y, sobre todo, la decisión de sacarlo del aire, porque el anime en Argentina se presentaba y transmitía en un canal con temática infantil y que se vende en el país de esa forma, a pesar de que la clasificación de Dragon Ball Super es PG-TV (en la que se deja claro que es necesario que sea vista con un adulto responsable del o la menor de edad).

Sin embargo, existen demasiados matices en esa decisión que demuestran la ignorancia que hay, en la legislación, en los canales de televisión y, sobre todo, en la audiencia.

El anime y el estigma de la censura

La censura no es nueva. En esta ocasión se hace bajo una petición legal aceptada y ordenada por las autoridades argentinas. Sin embargo, durante la segunda etapa de la llegada de anime a Latinoamérica, este pasó por un proceso de censura ordenado por grupos sociales conservadores, que veían en este tipo de dibujos animados, un estilo sumamente diferente que tenían Disney o Warner, sobre todo alejado de la visión tradicional que tenemos en esta parte del mundo: colonizada, conservadora y sumamente influenciada por la religión.

Dragon Ball, al ser uno de los más populares, fue de los que más le tocó tener que lidiar contra este tipo de prejuicios, pero no era algo que tuviera que ver con estos guerreros alienígenas, sino directamente con la xenofobia y el miedo a que dibujos extranjeros, hablados en otro idioma, utilizando bases culturales regionales, estuvieran emitiéndose en televisión.

Afiche que se repartía en Perú alertando del peligro satánico de Dragon Ball | Fuente: RPP

Asimismo, cada una de estos animes eran presentados como productos para niños, ya fueran Candy Candy, un drama romántico pensado para un público adulto; Saint Seiya, un anime de peleas para adolescentes; o Doraemon, una serie infantil para niños de kínder y primaria.

Esta falta de distinción en el contenido y la irregularidad para tipificar, junto al prejuicio completamente occidental de que si son caricaturas son automáticamente para niños pequeños, comenzó con un problema de censura tan grande que terminó por tener una segunda versión del otaku, pero bajo el contexto Latinoamérica.

Esto no impidió, para nada, que se hiciera populares, con todo y que fueron cada vez más censurados y limitados hasta que nos quedamos solo con Dragon Ball, Naruto, Captain Tsubasa, Saint Seiya y unos cuantos más, que se volvieron el pan de cada día de niños, jóvenes y adultos durante décadas.

La razón de la censura, tanto antes como ahora, parte de un terreno de desconocimiento y de ignorancia, mismo que las cadenas de televisión han perpetuado al recortar los pedazos que pueden parecer problemáticos porque no se adoptan a la religión dominante en el continente, o que no parecen adecuadas para el público que aseguran pertenece.

El choque cultural del anime

Durante siglos, las culturas asiáticas fueron aisladas y distanciadas del mundo. Su idioma, alfabeto y signos son completamente a los que conocemos y utilizamos en occidente. Los hispanohablantes, aunque no entendamos el francés o el alemán, sabemos que una “A” es una “A” y no una “あ”.

El choque cultural que trajo la apertura de Corea del Sur y Japón en los años ochenta trajo consigo un mundo que parecía completamente diferente. No solo por su propia naturaleza, sino porque era completamente diferente a los prejuicios y estereotipos que se tienen de esa región, sobre todo tras la caricaturización que la Segunda Guerra Mundial provocó con las personas chinas y japonesas.

Ese mismo choque nos trajo también vicios y conductas que, con el paso del tiempo, siguen presentándose en su cultura popular. El caso del maestro Roshi es uno; la figura del viejito morboso, o del hombre sin control de sus impulsos sexuales, o el hentai (una forma de decir morboso o pervertido en Japón), es demasiado común.

La censura occidental en Tokyo Revengers buscó evitar a toda costa mostrar la manji de la ToMan | Fuente: Liden Films (Crunchyroll)

No necesariamente se muestra como un arquetipo positivo, aunque sí como un recurso cómico que se ha cuestionado cada vez más, tanto en la industria y sociedad japonesa, como entre los públicos que tiene en todo el mundo. No es lo mismo ver al Maestro Roshi o a Jiraiya hace 20 años, que verlos ahora mismo. Tampoco es lo mismo verlos en Japón o Taiwán, que verlos en México o Argentina.

Juzgar culturas por sus signos y sus representaciones culturales desde la figura de extranjero es complejo, porque no entendemos contextos, procesos culturales y mucho menos el tenor de cada una de las situaciones y la respuesta que tendrá ese mismo pedazo de entretenimiento.

Por ello mismo, la decisión del ministerio argentino ahora mismo puede ser un paradigma en la distribución de contenidos culturales en ese país. Porque si bien es cierto que lo que está ahí es una clara muestra de acoso sexual, este tipo de escenas se repiten en un sinfín de contenidos que pasan en cualquier otro canal de televisión y en cualquier otro tipo de series o películas.

¿Vale la pena sacar todo eso del aire? Sería complicado decir que sí y sería aún más complicado seguir el hilo de esta dictaminación, en la que todo acto que haga apología de algún delito tenga que ser censurado para tener obras que se adapten a la ley como concepto.

Sanji fue presentado con una paleta en lugar de un cigarro cuando se estrenó One Piece en América | Fuente: Cartoon Network / Toei Animation

Esto, por supuesto, no justifica ni hace menos las acciones que se ven en Dragon Ball. Que sea un anime, que sea ficción y que sea animado no lo hacen menos grave, no le dan ningún tipo de validez o impunidad, pero si la censura es el primer tipo de respuesta que se tiene ante acepciones culturales diferentes de las nuestras, el anime puede enfrentar un estigma similar al que le ocurrió durante los primeros años del Siglo XXI. La prohibición sin educación es solo demagogia.

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