The-Boys-Amazon-Prime-Reseña-Serie-Series-Critica-Opinion-Review, Ciudad de México, 9 de agosto 2019

The Boys, la nueva serie de superhéroes de Amazon Prime, es una adaptación interesante que, sin embargo, no alcanza la genialidad del material original.

The Boys es la nueva apuesta de Amazon Prime para entrar en el gastado mundo de los superhéroes. Digo, ya habían intentado un acercamiento con The Tick, pero esta idea es mucho más ambiciosa. La nueva serie de Eric Kripke (el creador de Supernatural) quiso hacer, más que una parodia del género, una absoluta afrenta a sus ridículos presupuestos.

Ahora bien, ¿qué se puede esperar después de treinta películas de superhéroes en una década? ¿Que se puede hacer, en tono de afrenta, cuando ya se adaptó Alias de Brian Michael Bendis y que está a punto de adaptarse, otra vez, Watchmen de Alan Moore? ¿Cómo tomar con verdadera originalidad este tema tan complejo, tan querido, tan choteado?

The Boys no tiene la respuesta y, ciertamente, Amazon Prime tampoco. Pero se mueren en la línea intentando hacer algo diferente. Muchas veces torpe, otras veces acertada, la nueva serie de The Boys será una grata sorpresa para quienes no conozcan la obra de Garth Ennis. Para lectores más familiarizados con el retorcido mundo de estos y tantos otros cómics, la serie les parecerá un menjurge diluído y lleno de endulzantes. En medio de estas dos opiniones, creo que The Boys es una apuesta interesante, a pesar de ser fallida.

Espero que esta reseña les sirva para situarla y, después, para discutir conmigo sobre sus aciertos y sus tropiezos. Al final, cada quién elegirá siempre su parodia favorita en una década que parece querer matar a la sátira.

El principio de The Boys

Cuando hablamos de The Boys estamos hablando, por supuesto, de la serie de cómics creada, en 2006, por el genial escritor Garth Ennis y el dibujante Darick Robertson. ¿Y de qué va todo el asunto?

The Boys fue un cómic creado para Wildstorm, una filial de DC. Después de seis episodios ultrasexuales, ultrasanguinarios, ultrapolíticos, irreverentes y violentos en muchísimos sentidos, DC se quiso desentender de la serie. Dijeron que el tono era demasiado “Antisuperhéroes”.

Claro, la historia de The Boys se centra en ver sangrar a los invencibles héroes de capa (porque aquí, hasta Superman necesita curitas). En particular, la trama de Ennis empieza con los hombres comunes que siempre están detrás de los héroes extraordinarios. Aquí, hablamos de Vought American, una empresa que se adueñó del desarrollo de Compound V, una sustancia carísima que puede alterar el ADN de cualquier sujeto que la consume y que fue creada por científicos de la Alemania nazi.

Si se consume en cantidades considerables, puede, incluso, convertir a cualquier humano en un superhéroe. Si se utiliza en dosis moderadas puede ser una droga peligrosa o puede, de forma controlada, dar a alguien una resistencia o fuerza sobrehumana por un tiempo limitado. Todo depende, claro, de la calidad del producto y de cómo sea controlado; todo depende, pues, como con mucha alopatía actual, del dinero de quien la consuma.

De entrada, aquí se plantea un problema: al ser la única compañía en el mundo que manufactura esta sustancia de forma considerable, Vought tiene un monopolio de superhéroes. Claro, en otros países, existen otras versiones menos afortunadas o permanentes que los experimentos de Vought. Con la Guerra Fría, se crearon héroes comunistas, existen variantes europeas y por ahí los republicanos rescatan a un superhéroe nazi… pero ningún país, ninguna compañía, nadie tiene el poder de Vought. Bienvenidos a la lógica torcida del libre mercado.

Para fines de comercialización y entrenamiento, en este mundo acostumbrado a la presencia de los superhéroes, hay diferentes equipos y jerarquías. Están los más encumbrados, The Seven, que son el grupo de élite. Luego están Teenage Kix y The Young Americans, dos versiones de equipos juveniles fabricadas para competencia de marketing y entrenamiento de superhéroes núbiles: unos son perfectos posters del deseo republicano, WASP, americano; los otros son la idea de una rebeldía incipiente, malosos más al estilo de los X-Men en contraste con los imitadores de Capitán América. Después están Payback y numerosos otros grupos de superhéroes que van degenerando hasta llegar a Superduper, unos superhéroes infantiles con retraso mental.

Para mantener en cierto orden este mundo desquiciante en el que existen cerca de 200 mil superhéroes, los cómics cumplen una función esencial: son los guardianes de la historia oficial, pragmática, de una compañía ultra poderosa y de una nación que apenas confía en sus fuerzas militares. Los superhéroes, como seres creados, dados al estrellato, como divas inestables e impredecibles, cometen numerosos errores: todos los días mueren personas como daño colateral de riesgo reducido. El gobierno, incapaz de controlarlos, se escuda tras la enorme capacidad de manejo de crisis de Vought: los cómics cuentan las mentiras perfectas para hacer de sociópatas funcionales, héroes patrióticos. Digamos que, en esa melcocha ideológica, Estados Unidos nunca fue ajeno a la propaganda.

Finalmente, en este mundo controlado por una gran corporación, el contrapeso no existe. Y, por eso, para salvar un estado incipiente, el gobierno recurre a medidas desesperadas. Así, a través de sus sistemas de inteligencia, crea una fuerza para estatal uncia: The Boys. Con un financiamiento masivo y la libertad de ser anónimos tras bambalinas Billy Butcher y sus Boys (Frenchie, The Female (of the Species) y Mother’s Milk) pueden dar rienda suelta a sus ansias de revancha sangrienta; mercenarios subcontratados por el gobierno por su capacidad para golpear, controlar, vigilar, chantajear o asesinar superhéroes.

Mientras Mother’s Milk nació bajo los perniciosos efectos del Compound V (de ahí, con algunos detalles bastante gráficos, viene su apodo) y Frenchie y The Female parecen tener siempre esos poderes (además de una capacidad inaudita para la violencia); Billy Butcher se inyecta una forma diluida de Compound V para poder castigar superhéroes. Y así lo hace también con Hugh Campbell, su nuevo recluta.

Hughie no entiende nada de este mundo y sólo ingresa en él como una forma de venganza. Butcher lo encuentra poco después de que A-Train, un miembro estelar de The Seven, matara, como daño colateral, a su novia Robyn. Hughie, desamparado, no quiere aceptar el dinero que le paga Vought por mantener silencio, quiere vengarse de los que le hicieron eso, de los que sienten que están por encima de la humanidad. Y ahí es donde empieza la compleja, trágica y violenta historia de más de setenta grandes entregas de cómics.

Otro medio, otra visión

Como era de esperarse, en la serie, las cosas son muy diferentes a lo que vimos en los cómics. De entrada, Amazon Prime no se atrevió a retratar la violencia de la creación de Ennis. Con esto no me refiero nada más a la violencia gráfica (que es bastante explícita en la serie), sino, sobretodo a la violencia sexual. Hay ciertas cosas que las grandes productoras parecen todavía no estar dispuestas a retratar -a pesar de las supuestas libertades del streaming-. Aquí, por ejemplo, Ezequiel es gay, en vez de ser un evangélico violador pedófilo; Homelander no es tan sociópata para desgarrar bebés y bañarse en su sangre; el perro de Butcher no es un depredador sexual; y Tek Knight no aparece por ahí violando al gato de su psicólogo y muriendo en un heroico final dirigido por Michael Bay.

Esta reducción de la violencia es, por supuesto, algo natural en el cambio de medio. Porque, por más que hablemos de plataformas de streaming, al pasar de la permisividad del cómic a la televisión, algo siempre se pierde. Sobre todo ahora en que Amazon y Netflix se están asimilando a los planteamientos conservadores de la televisión. Por eso, las historias adaptadas del papel a la pantalla chica tienden a ser más sencillas, con tramas menos desgarradoras, violencia atemperada y sexualidad hasta el sano límite de los tabús.

Frente a esta reducción de la violencia, corresponde una forma visual que quiso cambiar radicalmente el tono de la creación de Garth Ennis. Ésta no es la historia absolutamente oscura, violenta y sexual que vimos en los cómics sino una versión muchísimo más rebajada. Aquí, el creador Eric Kripke contrató a un grupo nutrido de directores de televisión para tratar de darle un aspecto mucho más cercano al mainstream de los superhérores. En vez de emular la oscuridad de Netflix con sus primeras series de Marvel o de tratar de mantener, como en el cómic, una parodia a la seriedad compleja de DC, esta serie quiso imitar, más bien, la ligereza visual de las películas del MCU y del Arrowverse.

En ese sentido, la fotografía, el diseño de producción, el vestuario, todo busca emular las películas de Marvel y el universo televisivo de DC en sus acabados luminosos. También, en el casting, podemos ver a superhéroes muchísimo más cercanos a la televisión que a los cómics. Como ejemplo perfecto, tenemos a The Deep que, en vez de ser un personaje particularmente misterioso, es interpretado por el galán de Gossip Girl, Chace Crawford, en una reencarnación abortada de Aquaman con Green Arrow. El resto del elenco se acopla a estas preferencias y varía en su efectividad: desde la excelente Elisabeth Shue como Sitwell, hasta la decepcionante ausencia de Simon Pegg como Hughie, pasando por la estelar interpretación de Karl Urban como Butcher y la genial encarnación de Homelander por Antony Starr. Ninguno aquí, sin embargo, es exactamente como los personajes que creó Garth Ennis.

De la misma manera, en el aspecto de la trama, esta serie se adapta de forma considerablemente diferente al cómic. Por un lado, en vez de retratar a los cómics (y a The Legend) como el repositorio de la propaganda de Vought, vemos cómo todo se centra en el reality TV tan cercano a la era de Trump. Por eso, en esta serie no se discuten tanto narrativas, sino la importancia de la imagen televisiva, de los guiones ocultos detrás de la mercadotecnia espontánea, de las falsas sonrisas y los eventos caritativos para evadir impuestos.

En este universo más limitado, más cercano a la televisión en múltiples aspectos, más alejado de las tramas largas, construidas, de realidad alternativa que hablaban directamente con Watchmen, sentimos que todo pasa en un microcosmos de poder. Aquí, las viejas rencillas no van hasta las explicaciones históricas, los flashbacks para adentrarse en los personajes son limitados y todo parece quedarse en una confrontación mediática en un sólo canal. De esta manera, la pelea entre los mercenarios sedientos de venganza y la avara corporación es un teatro pequeño de un mundo limitado. Así, la adaptación de The Boys toma una obra grandilocuente, inmensa, que quiere construir un contexto complejo y la reduce a una cáscara de nuez.

Habiendo dicho esto, sin embargo, entiendo la elección de Kripke. En vez de tratar de generar otra serie oscura para hacerle frente al universo Marvel (cosa que el MCU mismo ya había hecho), en vez de tratar de llegar a la grandilocuencia de la nueva adaptación de Watchmen, el creador de Supernatural trató de hacer una versión paródica mucho más sencilla. El resultado es una mentada de madre a Marvel que funciona justo en la mezcla de la luz excesiva con la comedia oscura y la violencia sin apologías de Garth Ennis. Éste es un acercamiento, sin duda, efectivo p,ero, también, resulta en una adaptación que se queda corta por falta de ambición.

El desperdicio del horror

El cómic de The Boys puede ser criticado por muchas cosas. Ennis abusa de la violencia gráfica y tiene un enfoque particularmente masculino en las relaciones que establece. Toda la sexualidad en estos cómics está pensada a partir de un prisma misógino: desde la historia hasta la hipersexualización del arte. En este cómic, mucha de la violencia contra las mujeres, incluyendo asesinatos y violaciones, aparecen, solamente, para servir de motivación a personajes masculinos.

Sin embargo, todos estos planteamientos horribles sirven, justamente, para la parodia. Los cómics de superhéroes abusan de estos tropos y lo único que quiso hacer aquí Ennis es resaltar los aspectos violentos de una cultura que no los admite. O, al menos, eso parece mostrar todo el desarrollo de los 72 números de un cómic que no deja de cuestionar la lógica predatoria del amor a los superhéroes.

En esta adaptación televisiva, se conservan muchos de los principios violentos del cómic de Ennis, pero también se pierden algunos de sus cuestionamientos. Porque, sin la completa exageración de la violencia que roza el tabú y la revaloración histórica que cuestiona la realidad presente, la parodia es un desplazamiento y no un espejo. El hecho de transportar superhéroes a la vida real, o a un contexto histórico real, significa también transportar lo absurdo de sus planteamientos en la escala de nuestro tiempo y de nuestra fragilidad. Crear otro mundo para ellos es, al contrario, hacer la burla de un contenido y no de nuestra relación con él.

La cuestión aquí es que, por miedo a herir susceptibilidades, por miedo a confrontarse con tabús imposibles para la cultura pop masiva norteamericana, Amazon rebajó aspectos esenciales en la mitología de The Boys. La primera cosa es la violencia sexual generalizada. Si la violencia sexual sólo se enfoca aquí en violencia hacia las mujeres, el mensaje es muy distinto al que vimos en el cómic. Porque, en el material original, todos son víctimas de esta violencia masculina desbordada, todo se sexualiza, todo está comprometido en las redes de sexo y poder. El juego de víctima y victimario es, así, muchísimo más complejo.

El segundo aspecto que hay que considerar es el miedo a tocar la historia del trauma americano. Uno de los aspectos más revolucionarios del cómic es que reescriben la historia del 11 de septiembre para culpar a los superhéroes de un debacle aún más grande del que sucedió históricamente: las Torres Gemelas sobreviven, pero en el Brooklyn Bridge se incineran miles y miles de personas inocentes atrapadas en hora pico. Para adaptar esta masacre, en la serie, toman a los yihadistas como una excusa lejana y, en ningún momento, hablan del 11 de septiembre 2001.

Lo que sucede con esto es que, en vez de mostrarnos cómo los superhéroes podrían existir en nuestro mundo, en vez de observar la locura de nuestras fantasías de poder desde un aspecto histórico y político (como nos enseñó Alan Moore), y de exhibir el exceso sexual y de violencia de los superhéroes sin garrote (como nos enseñaron 2000 AD, Alias y Deadpool), la serie nada más nos muestra otro mundo posible. En este otro mundo, los héroes no son ejemplos de moralidad y las empresas son perversas, de acuerdo. Pero no se trata de nuestro mundo.

Lo interesante de hacer una ficción histórica con superhéroes, es que se muestra la desproporción de las ideas de bondad que les prestamos a los encapuchados y se balconea cómo los escenarios que escogemos para ellos son, siempre, demasiado amables. En el mundo real, los héroes serían falibles, sexuales, brutales, abusivos y las presas de conglomerados corporativos avariciosos. En un mundo ficcional pueden serlo o no.

La diferencia me parece clara y ahí es en dónde radica mi principal crítica a esta serie. Creo que la adaptación de The Boys hace un buen trabajo en llevar un cómic muy disruptivo, violento y difícil a la pantalla chica. Creo que la apuesta por limar las asperezas del trabajo de Ennis en la adaptación transmedia puede justificarse. Creo, también, que la elección estética y de guión funciona para la parodia del estilo televisivo de DC y fílmico de Marvel. Y creo, finalmente, que el giro final puede dar mucho espacio para que, en un futuro, veamos a los Boys inyectados de Compound V rompiendo madres en la ya confirmada temporada 2.

Sin embargo, lo que me parece frustrante aquí es que la serie no se haya atrevido a jugar con algo tan sencillo como una historia alternativa. Los escritores pensaron que este aspecto del cómic de Ennis no era necesario, era un añadido estético, otro efecto más para shockear a un público que esperaba sorpresa después de recetarse la locura de Punisher. En realidad, los planteamientos de realidad alternativa me parecen absolutamente esenciales para, en vez de contar una nueva historia de superhéroes, mostrarnos la pesadilla que sería verlos en nuestro mundo. El cómic de Ennis nos enseña que los superhéroes siempre tienen que vivir en otro universo, la adaptación de Amazon Prime, desea, a pesar de todos sus tropiezos, que existan en el nuestro.

Lo bueno
  • Que la adaptación edulcorada tiene una razón de ser.
  • Que se burla descaradamente del universo televisivo de DC y del MCU.
  • La enorme encarnación de Homelander que es lo más cercano al cómic.
  • La excelente actuación de Elizabeth Shue.
  • Que aparezca, al menos en un rol de su edad, Simon Pegg.
  • Que no restringieron el gore.
  • Que es bastante divertida de ver.
  • El twist final que salva mucho del argumento adaptado de la serie.
  • Que la segunda temporada promete cosas interesantes.
  • Que la era de los superhéroes parece estar llegando a su fin en pantalla.
Lo malo
  • Que quitaron una parte esencial del cómic: la ficción histórica.
  • Que sin la ficción histórica la crítica de estas ilusiones no es tan efectiva.
  • Que muchos personajes se diluyeron demasiado, como Frenchie, The Deep y The Female.
  • Que evitaron tratar todo aspecto global y contextual de este mundo horrible.
  • Que Hughie aprende demasiado rápido.
  • Que la fotografía parodiando los programas brillosos de DC puede ser cansada.
  • Que no pudo reproducir la violencia básica de Ennis.
  • Que no se atrevieron a ser más transgresores.
Veredicto

The Boys no se acerca, en lo absoluto, a la genialidad de Legion; no tiene la oscuridad ni el atractivo de las primera temporada de Daredevil o de Jessica Jones; y no logra ser la brillante parodia meta que fue la nueva encarnación de Deadpool. Sin embargo, con sus propias limitaciones creativas, la serie logra ser un reflejo interesante de los abusos de un género completamente gastados. Aquí vemos los profundos ridículos del marketing de Marvel, los horrendos acabados brillantes de algunos shows de DC (que, fuera de eso, no son tan malos) y, en reflejo, el estado de estupor de tantos espectadores atolondrados por el entretenimiento masivo. De cualquier forma, siendo una serie perfectamente disfrutable, me parece que desperdició la oportunidad de ser en verdad disruptiva. Al adaptar a Ennis sin el valor de Ennis, al intentar lo que logró el escritor sin tener el coraje que lo llevó a salir de DC, la adaptación de Amazon Prime no alcanza el potencial irreverente del material original. Y eso, en una época que necesita sátira violenta, que necesita disrupciones, que necesita verdaderos cambios frente a productos uniformes, es una lástima.

The-Boys-Amazon-Prime-Reseña-Serie-Series-Critica-Opinion-Review, Ciudad de México, 9 de agosto 2019

Título: The Boys.

Emisora: Amazon Prime

Duración: 8 capítulos.

Creador: Eric Kripke.

Elenco: Elisabeth Shue, Karl Urban, Jack Quaid, Antony Starr, Erin Moriarty, Dominique McElligott, Jessie T. Usher, Laz Alonso, Chace Crawford, Tomer Kapon, Karen Fukuhara, Nathan Mitchell.

País: Estados Unidos.

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