Reseña: Skjelvet — Una lección sobre cómo hacer películas de desastres

| 22 de marzo de 2019
Skjelvet (Gran Terremoto 9 Grados) no es una película excepcional, ni una novedad única, pero en su marco humilde y comprensivo, es una sólida adición al género de desastres.

Hay que decirlo de entrada, la distribución no le ha hecho ningún favor a Skjelvet (Gran Terremoto 9 Grados). Seguramente, al ver el póster, muchos de ustedes pensaron que era una basura de serie B que debió salir directo a vídeo y que no podría, ni siquiera, ganarse un lugar de culto entre ridículos maravillosos como Sharknado. Pero, a pesar de todos los horrores que cometió con ella la mercadotecnia, Skjelvet es una película de desastres bastante interesante que le hace honor a su antecesora, Bølgen (La Ola).

Claro, si pensaron automáticamente que esta película era una basura, no es su culpa, queridos amigos. Para tratar de comercializar un desastre que nos es tan cercano, las distribuidoras y los genios mercadólogos, decidieron darle un tratamiento sensacionalista a la cinta: ponerle un nombre que no deja gran cosa a la imaginación, un póster que indica acción antes de calidad y el horrendo doblaje al inglés para hacerla más familiar entre el público mexicano. Todas estas estrategias desvirtúan el valor real de la cinta y esa es una verdadera una lástima. Ver la película doblada es horrible y no se lo recomiendo a nadie. Pero no por eso puedo dejar de resaltar las virtudes originales de Skjelvet como digno pilar de esta interesante saga de desastres noruegos.

(Fantefilm)

El desastre de los desastres

Roland Emmerich no inventó la rueda: las películas de desastres son un género antiquísimo. En los primeros años del siglo veinte ya existían dos películas que retrataban, arremedándose, rescates heroicos de bomberos: Fire! de 1901 y su imitación estadounidense Life of an American Fireman de 1903. En las décadas que siguieron, hubo cantidad de películas sobre el hundimiento del Titanic, la mítica The Last Days of Pompeii (1935) y, claro, el nacimiento de otro subgénero con la llegada de King Kong (1933). Todas estas cintas tenían elementos en común: escépticos y alarmistas, el suspenso en la calma que siempre antecede a la catástrofe, héroes que se sacrifican y, claro, un enorme confianza en la capacidad del cine para retratar la realidad.

El cine de catástrofes es, en ese sentido, un género absolutamente visual, que reposa en la capacidad mágica de impactar los sentidos de los espectadores de forma inmediata. Por eso, el cine de catástrofes tuvo un auge importante a la par de nuevas creaciones en efectos especiales en los años setenta y, luego, en los años noventa. The Towering Inferno (1974), Airport (1970) y The Poseidon Adventure (1972) se reflejan en Dante’s Peak (1997), Daylight (1996) y Titanic (1997). El interés de estas cintas, junto a las más radicales películas de apocalipsis, está en vivir una tragedia de magnitudes épicas sin salir rasguñado. Los que sobreviven a estas tragedias son los elegidos y, como ellos, nosotros salimos rebautizados, bendecidos, renovados de la sala.

Skjelvet (The Quake o Gran Terremoto 9 Grados, como le pusieron, discretamente en estos lares) sigue esta tradición. Tomando, sobre todo, la inspiración de Earthquake (1974), esa gran barrabasada horrible y genial de Charlton Heston que tantos vimos en Cine Permanencia Voluntaria de Canal 5. Con todo y esta inspiración difusa, la secuela de Bølgen (La Ola) es una muy digna cinta de desastres. Y sí, aunque muchos no sepan por la mala comercialización que la brandea como serie B de directo a video, Skjelvet continúa los logros de una de las mejores cintas de desastres de nuestro siglo.

Bølgen (La Ola) logró revivir un género problemático con personajes empáticos, una historia creíble y genuinas sorpresas en suspenso y realización. Por eso, el regreso de la familia de Kristian Eikjord nos tenía bastante emocionados. El resultado es una sorprendentemente buena película de desastres. Me dirán, después de tantos bodrios, de ver los efectos especiales de Volcano (1997) y de que Roland Emmerich sigue pirándose, que la vara no está muy alta… y tienen razón. Aún así, Skjelvet, con un cuarto del presupuesto de la humilde Roma, es una demostración práctica de cómo se debe hacer una película espectacular con muy pocos recursos y sobrado estilo.

(Fantefilm)

Rascacielos con pies de gelatina

Skjelvet nos sitúa tres años después de los eventos de Bølgen (La Ola): Kristian Eikjord se convirtió en un héroe nacional por salvar a tantos en la catástrofe de Geiranger, pero su salud mental está declinando. Su esposa, Idun lo abandonó y se mudó, con sus dos hijos, Soren y Julia, a Oslo. Mientras, él vive en un colapso mental depresivo, paranoico y culposo coleccionando recortes de periódico sobre la catástrofe, tratando de encontrar a los desaparecidos y, en general, despreciándose.

Un buen día, Kristian reconoce un nombre en la televisión. Konrad Lindblom, un geólogo de Oslo que llevaba meses mandándole cartas, muere aplastado por un derrumbe sísmico. Intrigado, Kristian comienza a abrir las cartas que Lindblom le mandaba desde hace meses y a comprender la urgencia de su insistencia: todo parece indicar que un enorme terremoto está por ocurrir en el suelo inestable de Oslo. El efecto de un sismo poderoso sería devastador en esta zona de rascacielos con pies de gelatina. Ahora Kristian deberá intentar convencer a las autoridades de un acontecimiento totalmente improbable mientras demuestra su sanidad e intenta rescatar, nuevamente, a su familia.

(Fantefilm)

La premisa de esta película se basa en miedos reales. Hace 115 años, en 1904, un terremoto de 5.4 grados en la escala Richter sacudió la zona de Oslo. Fue el sismo más fuerte que ha sufrido la capital (y, en efecto, Noruega tiene la zona sísmica más importante del norte de Europa). Algunos científicos creen que la rareza de estos sismos significa que la tensión entre las placas tectónicas puede estarse acumulando y que, eventualmente, podrá ocurrir otro sismo de igual o mayor magnitud en Oslo.

Bajo esta premisa, Skjelvet desarrolla una nueva entrega en la terrible historia de Kristian Eikjord. Y, a diferencia de las últimas películas de desastres estadounidenses (el 80% protagonizadas por Dwayne Johnson), Skjelvet logra desarrollar a personajes familiares con genial eficacia, crear gran acción y suspenso con limitado presupuesto y revivir un género en franca decadencia hollywoodense.

(Fantefilm)

Ingenioso manejo de tropos conocidos

Skjelvet no es, ni de cerca, un película tan sorpresiva como lo fue Bølgen (La Ola): la cinta dirigida por Roar Uthaug (mente maestra detrás de la genial Cold Pursuit) fue absolutamente refrescante para un panorama sin posibilidades. Primero, nadie pensaba que el género de desastres pudiera ser algo para películas europeas indie de bajo presupuesto. Después, nadie pensaba que pudiera haber tsunamis en los fiordos de Noruega (salvo los noruegos, claro). Finalmente, nadie creía que algo malo pudiera pasar en uno de los países más ricos y seguros del mundo. Lo nórdico europeo parecía el reino de lo detectivesco, noir y depresivo… nunca de la acción espectacular de blockbuster.

A pesar de toda la incredulidad, Bølgen (La Ola) fue un éxito crítico que renovó un género acaparado por los enormes presupuestos (un poco como lo que logró hacer Gareth Edwards con Monsters) y, de alguna manera, demostró que no todo lo barato en las películas de desastres, es necesariamente malo. Como continuación, Skjelvet mantuvo el mismo presupuesto, el mismo tono en la dirección y el mismo talento para hacer mucho con poco. Claro, esta secuela no está dirigida por el gran Uthaug, sino por el experimentado cinefotógrafo John Andreas Andersen (Hodejegerne). Y, a pesar de que Andreas Andersen no tiene el callo en la dirección de su predecesor, logra mantener el mismo tono de la premisa original y capturar la misma certeza visual.

(Fantefilm)

Skjelvet  no abusa de los efectos visuales y no necesita hacerlo. Aprovecha tres o cuatro tomas compuestas de CGI y, después, confía plenamente en los espacios cerrados de set. Con esto, a pesar de participar del género profundamente visual de las cintas de catástrofes, Skjelvet encuentra todos sus aciertos en la confianza íntima que tiene en los personajes. Ahí está una primera enseñanza para Hollywood: el mundo puede acabarse sin que te importen los personajes que observan un espectacular apocalipsis. No basta con ver caer la estatua de la libertad, el impacto está en ver el desastre desde los ojos compasivos del padre y la hija, por ejemplo, en Deep Impact (1998) de Mimi Leder.

En este sentido, la mayoría de la película recae, claro, en el genial Kristoffer Joner (The Revenant) que logra darle una profundidad única y desesperada al personaje de Kristian. Pero las actuaciones complementarias de Ane Dahl Torp como Idun y de la pequeña Julia de once años por Edith Haagenrud-Sande son tremendamente eficaces. En este sentido, al igual que Bølgen (La Ola), ésta es una cinta de desastres que no se olvida de sus protagonistas. No son, simplemente, humanos prescindibles, sino el centro mismo del suspenso. Y, entre más nos importan los personajes, más sentimos el riesgo que viven, más nos duele su pérdida y más celebramos su salvación.

(Fantefilm)

A partir de la empatía que generan los personajes, el suspenso se logra on una dirección acertada y un montaje preciso, al relacionar, visualmente, los peligros de una ciudad con la certeza narrativa del temblor. Mucho antes de que ocurra, los espectadores saben, por el título de la cinta, que va a ocurrir. Pero Andreas Andersen retrasa lo más que puede el momento climático, sitúa a los personajes en un lugar temible e improbable y drena todo segundo de suspenso posible antes de la liberación final.

Por supuesto, muchos de los elementos utilizados aquí para crear suspenso los conocemos desde hace tiempo. Están ahí los tropos típicos de las cintas de desastres con un protagonista científico. Por ejemplo, la desconfianza general en las advertencias que crea suspenso entre la fatalidad que el público conoce y la incredulidad de todos los que deberían, en serio, preocuparse. Kristian es el primero en prever un desastre (de nuevo) y nadie lo toma en serio, especialmente el especialista que tiene el poder de dar la alarma. Aquí, claro, la diferencia es que la incredulidad nace del frágil estado mental de Kristian y de la improbabilidad de su experiencia: los colegas de Kristian no quieren sonar la alarma porque la premisa misma que conecta a estas cintas es poco plausible. De forma elegante, Skjelvet te invita a creer en ella mostrando por qué es sensiblemente difícil hacerlo.

(Fantefilm)

Skjelvet entiende perfectamente la imposibilidad de su premisa. Y, aún así, se da el lujo de gozar de los elementos espaciales típicos del género. Aquí, el tropo del rascacielos derrumbándose y el terrorífico cubo de ascensor encuentran una renovada vitalidad con un nuevo sentido de vértigo, dolor por la pérdida y suspenso. Aquí vemos, incluso, una ingeniosa reinvención del vidrio rompiéndose en Jurassic Park: The Lost World.

Al usar todo el esplendor gastado de estos recursos prototípicos, al usar los elementos de CGI a cuentagotas,  al apoyarse en el carisma de sus personajes y la interpretación certera de sus actores, la cinta de Andreas Andersen logra crear una real sensación de peligro.  Skjelvet es por eso una clase magistral para productores de Hollywood: incluso en los géneros más grandilocuentes, más cercanos a la locura desproporcionada de los estudios gigantescos, se pueden hacer grandes cosas con muy poco. Ésta es una prueba de versatilidad en géneros que parecían agotados y, por estos gestos, junto a Hodejegerne (Headhunters) en el thriller, Trolljegeren (Trollhunter) en el found footage de horror y Gräns (Border) en la fantasía cruda, tenemos mucho que agradecer al nuevo cine nórdico.

Lo bueno
  • Las actuaciones lideradas por el gran Kristoffer Joner.
  • La dirección certera de John Andreas Andersen.
  • El uso mesurado y eficiente de los efectos visuales digitales.
  • El enorme logro del suspenso creado.
  • Las trepidantes escenas de acción.
  • Que el argumento científico no es absolutamente implausible (cof cof Emmerich).
  • El increíble uso espacial de la arquitectura de Oslo.
  • Que no quiere ser más de lo que es.
Lo malo
  • El carisma nulo de Jonas Hoff Oftebro y toda la parte de la historia que involucra a Sorne.
  • Que no es muy sorprendente en cuanto a tropos de cintas de desastres.
  • Que no es frecuente esta calidad en cintas de desastres.
  • Que el doblaje al inglés le quita toda seriedad a la cinta y la vuelve ridícula.
  • Que algún imbécil decidió pasarla en México doblada al inglés.
  • El estúpido doblaje al inglés.
  • Que está doblada al inglés.
  • ¿Mencioné lo horrendo que es el doblaje al inglés?.
Veredicto

Skjelvet (Gran Terremoto 9 Grados) no es una cinta particularmente original, ni única, ni maravillosa. Sin embargo, en el grandilocuente y repetitivo mundo de las cintas de catástrofes, logra ser una secuela más que digna de la impecable Bølgen (La Ola). Retomando elementos narrativos y espaciales típicos del género, John Andreas Andersen logra mantener vivos a los personajes, guiar con buen cauce las grandes actuaciones del elenco y darnos una película trepidantemente bien hecha con muy poco. A veces, con las disculpas de Hollywood, menos es mucho más.

Título: Skjelvet (Gran Terremoto 9 Grados) (The Quake).

Duración: 106 min.

Director: John Andreas Andersen.

Elenco:
Kristoffer Joner, Ane Dahl Torp, Edith Haagenrud-Sande, Jonas Hoff Oftebro, Kathrine Thorborg Johansen, Fridtjov Såheim, Thomas Bo Larsen.

País: Noruega.

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