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Life es una buena película de horror y ciencia ficción que, a pesar de sus torpezas, guarda momentos intrigantes.

Life nunca se vendió como algo más que un blockbuster de verano. De hecho, la producción de la cinta adelantó su estreno en vista de la llegada de Alien: Covenant el próximo 19 de mayo. Y parece evidente que es imposible hacerle frente a la madre de todas las franquicias del horror espacial con una película de verano, por más increíble que sea.

Eso muestra que Life sabe de dónde viene y hacia dónde va. Es una cinta inspirada en una larga tradición de horror en el espacio que se remonta a Forbidden Planet (1956) y llega a Dark Star de Carpenter (1974) pasando por Terrore nello spazio de Mario Bava (1965) y, claro, los grandes clásicos noventeros que fueron, después de Alien (1979), Event Horizon (1997) y Dark City (1998).

Por lo mismo, esta película sabía que no podía meterse a dividir la taquilla contra una nueva entrega de la saga de Alien. Entre el respeto a una tradición y la admisión de su propia y pasajera inferioridad, Life sabe muy bien cuál será su lugar en la historia del cine. Por eso, a diferencia del terrible error que fue Passengers, la película de Daniel Espinosa no pretende ir más allá de sus posibilidades.

Y eso es lo que hace que sea una cinta lograda: Life admite sus torpezas y nos permite ver, entre ellas, destellos de genialidad con apropiada diversión espantosa. No pedimos más. Y eso no es poco.

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Life admite sus torpezas y nos permite ver, entre ellas, destellos de genialidad.

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Life: Una historia de homenaje

Life cuenta la historia de un grupo de astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional (o ISS por sus siglas en inglés). Su misión es recapturar una sonda que fue mandada a Marte para recolectar muestras en la superficie. Pero no se trata de cualquier tipo de muestra: la sonda encontró rastros de materia orgánica en la superficie de nuestro planeta vecino.

Eso significa que, de recuperar las muestras, estos científicos podrían demostrar la existencia de vida fuera de la tierra. Y eso plantea otro tipo de problemas. Toda muestra orgánica extraterrestre debe ser analizada con la máxima precaución para no provocar algún tipo de infección desconocida. Por eso, el análisis de las muestras se realiza a bordo de la ISS: la estación permite aislar el componente orgánico para proteger la vida en la tierra en caso de cualquier infortunio.

Pero, como es de esperarse, todo empieza a salir mal cuando los científicos logran despertar al organismo. La muestra de vida empieza a crecer a una velocidad inaudita dando muestras de prodigiosa inteligencia. Su conformación es peculiar: cada célula se mueve de forma independiente en un conjunto coordinado; cada célula es fotosensible, muscular y neuronal; todo en esta criatura es ojos, cerebro y músculo… al mismo tiempo.

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Todo en esta criatura es ojos, cerebro y músculo… al mismo tiempo.

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Cuando el organismo extraterrestre se escapa de las primeras barreras de contención la cosa se pone fea y los astronautas tendrán que tomar decisiones complicadas. ¿Están verdaderamente dispuestos a sacrificar su vida para evitar que un organismo tan destructivo llegue a la tierra? ¿Pueden ser más inteligentes y creativos que una especie desesperada que lucha por su vida? ¿Podrán comprender y adaptarse a un organismo que es pura fuerza, pura voluntad, pura hambre?

Como pueden ver, la trama general de la película funciona bastante bien en el esquema del horror espacial de supervivencia. Toma los elementos necesarios de cintas anteriores y los redimensiona en una cuestión mucho más directa, biológica y simple de cadena alimenticia y lucha entre la especie y el individuo.

A pesar de sus diferencias, en toda la cinta vemos, entonces, estas referencias a Alien de Ridley Scott. Por ahí tenemos el hermoso juego del rastreo de la criatura que señala directamente la gran cinta del 79, tenemos las violaciones bucales del alienígena, tenemos los gritos sofocados en el vacío.

Y, también, están ahí las referencias a Event Horizon (en las tomas del biólogo colgado entre amarres y en la visión del cadáver del personaje de Reynolds flotando, crucificado en el vacío); y a The Thing (en el suspenso corporal y el alienígena que se esconde entre los astronautas mientras comparten un momento íntimo).

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La trama general de la película funciona bien en el esquema del horror espacial de supervivencia.

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Logros propios de Life

A partir de estas citas intertextuales que cimentan el tono de la película y que muestran su conciencia de homenaje, Espinosa creó sus propios delirios. Y los momentos más angustiantes de la cinta son los mejores. En particular, vemos en Life una nueva gama de muertes espaciales: desde la horrenda ingesta de un alienígena destructivo hasta un personaje que se ahoga con el anticongelante de su traje de astronauta.

Y, claro, está también la inventividad temporal. Porque esta película no se sitúa en nuestro presente. Diversas publicaciones cometieron el error de subestimar los detalles creativos de Life. Porque, como la mejor ciencia ficción, el más grande acierto de los ya legendarios guionistas detrás de Deadpool y Zombieland, es no divulgar abiertamente todos sus secretos.

Aquí se habla de la ISS, de una sonda no tripulada a Marte, de una ocupación de seis astronautas en órbita, tal y como existen ahora. Pero las indicaciones del marco temporal están en los pequeños detalles.

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Aquí se habla de la ISS y de una ocupación de seis astronautas en órbita, tal y como existen ahora.

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Es evidente que hay ciertas tecnologías que aún no existen en la ISS, como los hologramas de la nave o de la tripulación; es evidente que la ISS no tiene actualmente ese enorme tamaño; y es evidente que no hemos logrado recobrar muestras de Marte para traerlas a la tierra. (De hecho, una misión para recuperar muestras del suelo marciano es una de las más grandes obsesiones de las agencias espaciales.)

Así, con pequeños detalles, nos damos cuenta de que la película está situada en un futuro no muy lejano. Y esto se confirma con otras indicaciones del guión.

La comandante de la misión, Katerina Golovkina (Olga Dihovichnaya) habla en algún momento de los treinta años que lleva la ISS orbitando la tierra. Sin embargo, hasta el día de hoy, sólo tiene 18 años en órbita. Esto nos señala que la película ocurre alrededor del 2029 o 2030. También, el personaje de Jake Gyllenhaal, David Jordan, habla de un despliegue de tropas americano en Siria (cosa que aún no ocurre) y de una población terrestre de 8 mil millones de personas (cifra a la que aún no llegamos). Y todo esto nos indica bien que la película se desarrolla en un futuro cercano retratado con realismo precavido y sin aspavientos.

Life
El hombre se ve confrontado a un depredador que lo sobrepasa y, por primera vez, siente miedo..

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Ahora, ¿qué cambia todo esto? Al situarse en el futuro, esta cinta nos señala los peligros de un mañana en el que el hombre no deja de pelearse, no deja de sobrepoblar el planeta y no deja la misma curiosidad científica que nos puso en el espacio. En ese sentido, nos muestra al hombre tal y como siempre ha sido: igualmente destructivo y constructivo; creativo y burdo; genial y suicida.

La idea, finalmente, es interesante porque, a esta visión del hombre que nos muestra el futuro reflejo de nuestras inclinaciones, se opone una fuerza de vida predatoria que podría amenazar el lugar que ostentamos en la cadena alimenticia. El hombre se ve confrontado a un depredador que lo sobrepasa y, por primera vez, siente miedo…

Alien nuevo, Alien viejo

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El hombre, para este extraterrestre, no es más que una fuente de comida.

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Como bien pudieron notar, toda la premisa de esta cinta toma mucho de Alien. Porque esa es la trama central de la genial película de Ridley Scott: después de la voluntad de vida más evidente, más allá de la fuerza que impulsa la supervivencia de Ripley, queda el problema de la tierra, de la especie, del resto de la humanidad frente a un depredador terrible que parece no parar con nada.

La diferencia fundamental aquí está en un principio científico sobre la constitución de cada alienígena. Mientras que los Aliens de Scott son una especie que utiliza al humano como huésped reproductivo, la forma de vida de Life toma al hombre como un vano montón de huesos, agua y carne. El hombre, para este extraterrestre, no es más que una fuente de comida que se roba, al respirar, el necesario oxígeno de toda vida basada en carbón.

En algún momento, el biólogo de la misión, Hugh Derry (Ariyon Bakare), hace un comentario evidente pero agudo: el extraterrestre (apodado, cariñosamente, Calvin), no los odia, simplemente necesita destruirlos para asegurar su supervivencia. En la primera película de Alien, el xenomorfo es algo más que un depredador alimentándose. Hay algo en él de maldad demoníaca, de pura necesidad de destrucción.

Aquí, por el contrario, no hay ninguna maldad. Ésta es una fuerza vital que simplemente busca sobreponerse a lo que observa como su mayor amenaza. Y esto nos recuerda un aspecto fascinante del universo cósmico de Marvel. Porque en Marvel entendieron, con ciertos cómics contemporáneos, el balance poco evidente entre vida y muerte en el llamado “cancerverso”. La muerte es lo que permite la vida moderada, en ciclos, tal y como la conocemos en nuestro planeta. La vida, como fuerza irracible, sin control, se convierte en un cáncer, lo consume todo, no se frena ante nada. La vida destruye y la muerte permite dar vida.

Life
Ésta es una fuerza vital que simplemente busca sobreponerse a lo que observa como su mayor amenaza.

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Eso es exactamente lo que nos presenta esta película: la vida desbordada de un ser que parece nunca rendirse; que, al encontrarse fuera de las condiciones propicias para su desarrollo, hiberna; que mata y consume todo lo que encuentra a su paso. Y ahí está la hipótesis de la ausencia de atmósfera y los cielos azules en Marte: ¿qué tal que éste es un ser mucho más voraz que el hombre? ¿Qué tal que este ser dominó Marte y lo consumió hasta reducirlo a un desierto sin vida?

Y así se entiende el logro fundamental de esta película. Mucho más allá del brillante plano secuencia del inicio, mucho más allá de las sólidas actuaciones, la acción y el horror, está la idea de un universo contextual amplio. El descubrimiento de Calvin propone una historia no dicha, la historia milenaria de otro planeta, la historia de otra civilización y otros organismos que duermen como los dioses antiguos de Lovecraft.

En perfecto contraste está la tierra y una historia futura que no conocemos. El futurismo de la cinta se pregunta entonces por el pasado de nuestro universo y crea así un ambiente de descubrimiento familiar pero perfectamente extraño, cercano pero intrigante, viejo pero futuro. Y claro, el final nos deja pensando sobre el futuro de Calvin y el pasado humano. Esta forma de vida venció a los hombres y, después de la claustrofobia, después de las penurias del espacio y de un planeta sin atmósfera, se encuentra en medio de la exuberante vegetación, entre el mar y las costas del pacífico sur.

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El error de los astronautas fue pensar como individuos…

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Los astronautas pudieron decidir sacrificarse ambos, pudieron hacer todo lo posible para expulsar a Calvin al espacio exterior. En vez de eso, optan por la supervivencia de uno. Por un segundo, dejan de pensar como especie y piensan como individuos, olvidan a la bestia y se elevan más allá de la naturaleza. Calvin no los odia, nunca lo hace personal; pero ellos no pueden dejar de odiarlo al enfrentarlo como individuos, siempre olvidándose de la especie.

En ese momento, son derrotados por una fuerza que sólo piensa en la supervivencia de la naturaleza por encima del individuo; derrotados por las células que piensan en manada con un hambre única de vida. El error de los astronautas es haber reemplazado la idea de familia (como reproducción de la especie) por la otra familia (amistad asexuada). Su error fue tratar de ser más que humanos; su error fue pensar como individuos; su error fue no haber sido suficientemente animales.

Life
En Life, nos sentimos atrapados, en un mundo que no conocemos, con los astronautas.

Life

Lo bueno
  • El gran homenaje al horror espacial clásico.
  • Que la cinta no se queda en el homenaje y crea sus propios méritos.
  • La inventividad de las muertes espaciales.
  • El despliegue visual que, si no es original, si es notable.
  • Las sólidas actuaciones
  • La forma de crear, sutilmente, un contexto
  • La posibilidad de un universo expandido (¿alguien dijo Venom?)
Lo malo
  • Los malos momentos de un buen guión.
  • Que no busca ir más allá en la propuesta de género.
  • Que el diseño de Calvin grande pierde el misterio.
  • Que el final busca apantallar y puede obviar la reflexión.
  • Que no se hacen más películas de horror espacial.
Veredicto

Life 1

Life es una cinta que, a pesar de ciertas torpezas narrativas, está muy bien escrita. Sabe perfectamente cuál es su público, sabe perfectamente a qué rinde homenaje y sabe perfectamente qué méritos le son propios. Y todo esto lo hace con la elegancia de la fotografía fluida del genial Seamus McGarvey (el virtuoso detrás de joyas recientes como Nocturnal Animals y We Need to Talk About Kevin y de grandes espectáculos de acción como The Avengers y Godzilla); y con sólidas actuaciones por parte de un elenco bien escogido.

Por eso, a pesar de no revolucionar un género que se está agotando, esta cinta da buenos momentos de nostalgia y sólidos minutos de horror claustrofóbico. Y sobre todo, establece una premisa esencial que los blockbusters de ciencia ficción olvidan con frecuencia: menos es más y la sutileza del guión importa. Aquí imaginamos un antes, un durante y un después en el tiempo; y, sin embargo, todo el contexto de la cinta es un misterio. Así, nos sentimos atrapados, con los astronautas, en un mundo que desconocemos. La diferencia es que, con cada muerte grotesca, con cada momento de angustia, con cada sutil pista, en vez de huir, todo nos incita a quedarnos.


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