La muñeca diabólica Anabelle, en Come Home

Annabelle Comes Home es una divertida cinta de horror familiar que no logra, sin embargo, sacudirse los peores topiezos del universo de The Conjuring.


No puedo decir que soy imparcial con las películas de James Wan. Tampoco puedo decir que no tengo un cierto prejuicio contra Gary Dauberman, el escritor de las dos anteriores películas de Annabelle y de joyas podridas como The Nun, que ahora dirige Annabelle Comes Home. Los que me han leído desde hace rato, saben que no me gusta, para nada, lo que este par ha hecho con el terror mainstream americano. Creo que James Wan es un productor talentosísimo que, en realidad, vende puro aire: fórmulas programadas para funcionar y olvidarse, éxitos de taquilla momentáneos que no construyen nada durable. Además, la pasión de Gary Dauberman por utilizar el horror como propaganda cristiana se me hace, en sí, despreciable.

Fui a ver Annabelle Comes Home sabiendo que Dauberman dirigía una historia producida y concebida por James Wan. Y, como se imaginarán, no estaba muy entusiasmado. Es más, desde antes de entrar a la sala, ya estaba afilando el lápiz para destrozar esta película. Para mi sorpresa, mi experiencia fue sorprendentemente positiva. Con esto, no quiero decir que ésta sea una buena película. Ni siquiera que sea una buena película dentro del irregular universo de The Conjuring. En realidad, lo que me sorprendió en Annabelle Comes Home es que se trata de una película formuláica, que cumple con todos los pecados de la saga en su horrendo final y su deficiente guión, pero que tiene algo único. La forma en que Dauberman filmó esta película me impactó positivamente y si a mí, que odio su trabajo, me pareció interesante, algo debió hacer bien.

(Warner)

Historia de una casa embrujada

La historia de Annabelle Comes Home sucede inmediatamente después de los eventos que arrancaron la historia de Annabelle en 1968, cuando Debbie recibe como regalo a la muñeca embrujada y sufre una cantidad escalofriante de ataques junto a su roomate, Camilla. Esa fue, si bien lo recuerdan, la escena que inauguró todo el universo de The Conjuring, allá por 2013. Ahora, seguimos la historia de los Warren tomando la muñeca para resguardarla en un lugar consagrado dentro de su santuario de horrores. De regreso de casa de Debbie y Camilla, los Warren, sin embargo, se dan cuenta de que la muñeca, más que estar poseída, es un vehículo que canaliza la presencia de otros espíritus. Después de resguardar la muñeca tras un contenedor de vidrio bendecido, los Warren están seguros de que el mal no volverá a salir.

Un año después, la hija de los Warren es una adolescente tímida que vive con problemas de bullying en su escuela: todos sus compañeros saben a qué se dedican sus padres y no dejan de molestarla. Además, empieza a mostrar las mismas cualidades psíquicas de su madre: Judy Warren puede, también, comunicarse con los muertos. Un fin de semana, los Warren parten para investigar un caso lejano. Dejan a Judy con una babysitter particularmente amable y responsable, llamada Mary Ellen y piensan que todo estará bien. Sin embargo, Daniela, la amiga de Mary Ellen, quiere, a toda costa, entrar al cuarto prohibido de los Warren para intentar comunicarse con su padre, recientemente fallecido. Su curiosidad, evidentemente, desatará un infierno cuando libera a Annabelle de su prisión santificada. Ahora, sin la ayuda de los Warren, tres adolescentes deberán enfrentarse a todos los males que liberará la presencia diabólica de Annabelle.

(Warner)

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El argumento de esta cinta se basa, fuertemente, en la idea de una casa embrujada en el sentido fílmico y en el sentido de una atracción de feria. Por un lado, está la idea del miedo contenido en la casa de los Warren; un miedo que sólo, efectivamente, los Warren -como los superhéroes de Dios en el universo de James Wan- pueden conjurar. Ahí, el espectáculo se da en la mejor tradición del William Castle de 13 Ghosts (1960). Por el otro lado, una vez que se libera este mal, la casa se convierte, literalmente, en una casa de los sustos: monstruos diferentes a cada esquina, ambientes transformados por la iluminación y las máquinas de humo, un espacio restringido de pasillos y vueltas programadas, etc.

Con estas dos influencias principales, Annabelle Comes Home se convierte en un aparato bien aceitado para espantar a cuenta gotas y mantener todo, al mismo tiempo, en un ambiente completamente familiar, restringido e intrascendente. Y, si esta cinta no tiene ningún argumento original, al menos, sorprendentemente, de la mano de Gary Dauberman, logra tener una forma interesante de suspenso que logra transformar un universo formuláico en una experiencia lúdica.

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La forma rescatable

Antes de Annabelle Comes Home, Gary Dauberman no tenía ninguna experiencia como director y eso me aterraba. El guionista de basuras de la talla de The Nun y las dos secuelas de Annabelle, ahora iba a dirigir una película que él mismo escribiría bajo la batuta siempre prescriptiva de James Wan. Yo, al menos, esperaba lo peor. Pero Dauberman, contrario a todo lo que mis prejuicios podían decir, resultó ser un director con ideas interesantes. Antes que nada, decidió hacer de su película una cinta PG-13 para seguir su idea -aterradora en sí- del horror como un medio familiar para transmitir ideas católicas. Eso quiere decir que la película debía ser apta para niños de 13 años, que no podía tener nada obsceno, que no podía tener gore y que no podía tener violencia sexual. En general, eso querría decir que la película iba a ser una mega flojera de horror familiar.

Sin embargo, Dauberman utiliza estas restricciones a su favor para jugar con el aspecto divertido de la casa embrujada. Al usar este tropo y mezclarlo con una comedia adolescente con personajes interesantes y bien actuados por un gran elenco joven, la película logra sobrellevar la enorme dificultad de mantenerse por encima de la censura. Ésta es, tal vez, la cinta más ligera y divertida del universo de The Conjuring (si consideramos que The Nun sólo fue chistosa involuntariamente) con un humor completamente ñoño en los desencantos del pobre Bob Palmeri, el interés amoroso de la babysitter perfecta, Mary Ellen; ese pobre muchacho con pelo engominado y sonrisa beatífica que viene a cantarle serenata a su pretendida en, digamos, el más oscuro de los momentos.

(Warner)

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Todo este ambiente de feria americana, de diversión inocente, funciona bastante bien gracias a la fotografía de Michael Burgess (The Curse of La Llorona). El poco experimentado fotógrafo logra, aquí, hacer guiños a los colores de Bava, Argento y Fulci en un ambiente reciclado de casa de los sustos. Burgess logró, también, de paso, jugar con la iluminación sobre niebla falsa y entendió muy bien el aspecto más lúdico de luz y sombras en espacio confinados.

Por otra parte, está el maravilloso diseño de vestuario de Leah Butler que, después de Shazam!, sigue sorprendiendo con su originalidad barroca. En esta ocasión, la diseñadora logra recrear perfectamente el final de los sesenta y principio de los setenta con los pantalones acampanados y los abrigos largos, con una paleta de colores pastel y con un enorme gusto para el vestuario masculino de trabajo y ocio. El esfuerzo de Butler se acompaña, además, por la siempre fina labor en el departamento de arte de este universo. Esta vez, hay que resaltar el trabajo del diseñador de sets Al Hobbs (Westworld, Alita: Battle Angel, Bumblebee) que logra recrear con minuciosidad los detalles de la casas de los Warren y añadir algunos espacios espantosos con papel tapiz escalofriantemente sesentero.

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Sin embargo, lo que me pareció más interesante y sorprendente de esta película fue la decisión de Dauberman, como director, de jugar con las expectativas del público. Ésta es la primera vez que observo, en una película de The Conjuring, que se utilice un mecanismo tan autorreferente como lo que hace aquí Dauberman. El asunto es que, midiendo las expectativas del público frente a los jumpscares, Dauberman crea un suspenso único. Con una paciencia inhumana, el director sostiene, durante tiempos insoportables, el silencio previo al jumpscare. Así, al retrasar el susto y no entregarlo directamente, Dauberman vuelve casi insoportable la tensión de la anticipación y, de paso, juega con las expectativas de un público acostumbrado a las fórmulas del mundo de Wan.

Por primera vez, entonces, los mecanismos de tensión en una película de este universo se voltean a ver a sí mismos y critican su facilidad. Esto me parece sumamente interesante. Y, bueno, tengo que admitirlo, es algo que no esperaba, en lo absoluto, de la primera película dirigida por Gary Dauberman. Muchos críticos estadounidenses no entendieron este mecanismo y criticaban la falta de jumpscares en una película hecha para tener jumpscares. A mí, en cambio, me parece absolutamente loable intentar cambiar el horizonte de expectativas de un público que está más condicionado que los perros de Pavlov.

Sin embargo, a pesar de todas estas bondades, Annabelle Comes Home sigue siendo una película de horror mediocre, mal escrita y con el predecible final que caracteriza las producciones de este universo. Y sí, ni modo, por más que tenga detalles encantadores, por más que quise darle chance a Dauberman y a Wan, parece que las cintas de estos dos creadores siempre se tropiezan con la misma piedra.

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La misma piedra

Dauberman no lo puede evitar: es un hombre de fe que utiliza estas películas para transmitir lecciones de moral cristiana. En Annabelle Comes Home, estas lecciones no desbordan hacia la paranoia crística más ridícula como en The Nun, pero también tiene sus bemoles. De entrada, la película vuelve a poner a Ed y a Lorraine Warren como los superhéroes católicos de este universo. Y eso, discúlpenme que insista en el tema, pero me parece de lo más criticable. De hecho, esta película está dedicada a Lorraine Warren y todo en ella nos lleva a una beatificación consciente. Dauberman quiere demostrar que el don de Lorraine Warren de comunicar con los espíritus es una prueba de la existencia de Dios. De ahí la insistencia en los consuelos que le da a la adolescente incapaz de procesar la muerte de su padre: hay algo después de la muerte, hay algo hermoso para los justos y un infierno para los malvados.

Más allá de crear superhéroes católicos, de crear a fantasmas de curas como guías espirituales, de invocar demonios y toda clase de parafernalia religiosa, Dauberman desatina completamente en muchos otros aspectos. En realidad, la propaganda religiosa sólo parece molestarme a mí y acepto aquí mi parcialidad en el asunto. Pero nadie me va a poder negar que el argumento robado a Sixth Sense en esta película disminuye considerablemente su originalidad y empieza a mostrar que el director-guionista se quedó rápidamente sin ideas.

(Warner)

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En efecto, para volver más palpable el miedo dentro de una casa repleta de espíritus, Dauberman hizo de la hija de los Warren una medium tan poderosa como Lorraine. Así, sin ninguna imaginación, retoma los argumentos de Sixth Sense (hasta calcar la escena de “veo gente muerta”) y vuelve a los mismos mecanismos gastados que vimos repetirse al infinito en The Conjuring 2. Pero ahí no se queda lo repetitivo.

Como todas las anteriores películas del universo de The Conjuring, ésta es una cinta hecha para que te diviertas un rato con sustos baratos y, después de unos cuantos espantos, te vayas completamente relajado con el conocimiento seguro de la primacía del bien sobre el mal. En todas estas películas el mal siempre es conjurable, siempre es comprensible, siempre hay un mecanismo para desactivarlo. En ese sentido, Annabelle Comes Home es una cinta más en el olvidable esquema de James Wan. Un esquema en el que el final de las películas siempre es el mismo: todo va aumentando en estridencia hasta un clímax ruidoso en el que, de alguna manera casi aritmética, se conjura el mal.

En esta película, pasa exactamente lo mismo y tenemos el mismo tipo de finales inocuos que sirven, solamente, para relajar al público y preparar la próxima entrega de la saga. Porque, claro, todos vimos ese evidente easter egg que guiñaba para The Crooked Man. Así, me quedo con demasiadas preguntas: ¿De qué sirve explorar los mecanismos del jumpscare? ¿De qué sirve tener los elementos para hacer una cinta visualmente apelativa? ¿De qué sirve jugar con los límites mismos de la comedia en el horror si, al final, vas a acabar con un guión maltrecho que banaliza absolutamente todo lo que has logrado? A pesar de que ya no espero nada de la saga de The Conjuring, Wan y Dauberman siempre  logran decepcionarme.

(Warner)

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Lo bueno
  • La fotografía de Michael Burgess que recuerda momentos icónicos del horror setentero.
  • El hermoso vestuario de Leah Butler.
  • El tremendo trabajo de sets de Al Hobbs.
  • Que Dauberman entendió cómo funcionan los jumpscares y las expectativas el público.
  • Que es una película ligera de humor familiar y eso también es interesante.
  • La sorprendente actuación de Mckenna Grace.
  • Las sólidas actuaciones de reparto.
  • Que casi logra ser original.
Lo malo
  • Todo lo demás.
  • El final terrible y terriblemente predecible.
  • El hecho de que sólo es una película pivote para sacar más películas.
  • Que se desperdicie todo lo que casi logra.
  • Que siga siendo una melcocha de propaganda religiosa.
Veredicto

(Warner)

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Annabelle Comes Home tiene algunas de las ideas más originales que ha tenido esta saga en mucho tiempo: comedia familiar, recuerdos de cine setentero y de diversiones de feria, grandes papeles para adolescentes y una fina comprensión de las expectativas del jumpscare. Aún así, como pasa con todas las producciones de Wan, termina siendo una cinta inconsecuente, de horror barato y olvidable que canaliza ideas religiosas y que busca, nada más, extender el dominio de una saga que ya recolectó casi 2 mil millones de dólares en el mundo. ¿Cuántas más James Wan? ¿Cuántas más?

Título: Annabelle Comes Home.

Duración: 106 min.

Director: Gary Dauberman.

Elenco: Mckenna Grace, Madison Iseman, Katie Sarife, Vera Farmiga, Patrick Wilson.

País: Estados Unidos.

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