Foto: Daniel Berehulak/Getty Images.

Coincidiendo con el Mobile World Congress, el evento de telefonía celular más importante del mundo, se presentó un informe que crítica a las empresas de tecnología más importantes.

Amnistía Internacional (AI) y Afrewatch presentaron una extensa investigación para documentar cómo funciona el mercado del cobalto, un material esencial en la fabricación de las baterías de litio que dan poder a todos los smartphones y los autos eléctricos que se comercializan en la actualidad. Las ONGs indican que el 50% del cobalto que se usa en todo el mundo proviene de las minas de la República Democrática del Congo, donde se explota y arriesga la vida de miles de mineros, muchos de ellos de apenas siete años de edad.

Los representantes de AI pasaron poco más de un año en el Congo, realizando un seguimiento de los movimientos alrededor de cinco minas de la región. En ese periodo de tiempo registraron 80 muertes de trabajadores mineros (muchos de ellos menores de edad), todas asociadas por las precarias condiciones para realizar el trabajo y las largas jornadas sin descanso. AI cree que la cifra de muertes podría ser mucho mayor, debido a que las mineras intentan ocultar lo más posible las accidentes y ocultan “los cadáveres bajo rocas”.

UNICEF calcula que las mineras tienen trabajando un aproximado de 40,000 niños en el país africano, todos sin equipo de protección, sin condiciones higiénicas (ni siquiera tienen baños) y con jornadas que alcanzan las 24 horas seguidas sin salir a la superficie.

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Foto: Thomas Coombes/Amnistía Internacional.

Las mineras congoleñas entregan prácticamente todo el cobalto extraído a la compañía Congo Dongfang Mining, filial de la empresa china Huayou Cobalt, quien procesa el cobalto y lo revende a tres compañías asiáticas especializadas en fabricar componentes para baterías de litio: Ningbo Shanshan, Tianjin Bamo, y L&F Materials. Estas tres compañías controlan todo el comercio del litio que se usa en los dispositivos tecnológicos, el cual suministran a fabricantes que lo revenden a Apple, Samsung,  Microsoft, Sony, Daimler y Volkswagen, por mencionar sólo a algunas de las más importantes compañías.

“Los hermosos escaparates y creativos anuncios publicitarios de las tecnologías de vanguardia son posibles gracias a niños africanos que cargan todos los días pesadas bolsas llenas de piedras, mineros que desfilan por estrechos túneles excavados artificialmente, expuestos a sufrir daños pulmonares permanentes”, indicó Mark Dummett, representante de AI.

En el informe AI indica que contactó a los representantes de 16 multinacionales tecnológicas para buscar que asumieran su responsabilidad en la explotación de niños en África, todas negaron tener relación directa con Huayou Cobalt, y mencionaron que no tenían la capacidad logística para comprobar de donde obtenían el litio sus proveedores.

“Empresas cuyas ganancias globales ascienden a los 125,000 millones de dólares al año no pueden afirmar que les resulta imposible comprobar de dónde proceden los minerales esenciales para realizar sus productos”, señala Dummett.

El informe cuestiona la manera en que se reparten las ganancias del cobalto, quedando la mayor parte del dinero en las compañías asiáticas y pobres migajas en manos de los mineros del Congo.

“La extracción de los materiales básicos que ponen en funcionamiento un automóvil eléctrico o un smartphone debería llevar prosperidad a los mineros del Congo. Pero lo cierto es que llevan una vida miserable, trabajando hasta el agotamiento para no ganar casi nada. Las grandes marcas pueden cambiar esta situación”, criticó el investigador.

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Foto: Amnistía Internacional.

Además, el documento critica la secrecía con la que se manejan las compañías tecnológicas, que tienen reglas y políticas que atacan el trabajo infantil, pero no piden lo mismo a sus proveedores.

“Es una gran paradoja de la era digital que algunas de las empresas más ricas e innovadoras del mundo puedan vender aparatos increíblemente avanzados sin tener que demostrar dónde adquieren la materia prima para sus componentes. Sin duda es su particular versión del refrán ‘ojos que no ven, corazón que no siente’, porque en el mercado global de nuestros días los consumidores no tienen ni idea de las condiciones existentes en las minas, las fábricas y la cadena de montaje”, dijo Emmanuel Umpula, director ejecutivo de Afrewatch.

En la parte final del informe, AI y Afrewatch indican que es necesario que los gobiernos del mundo creen mayores leyes que regulen el mercado del cobalto, igual que ya ocurre con el oro, el coltán/tantalio, el estaño y el tungsteno que se extrae en zonas en conflicto:

“Sin leyes que obliguen a las empresas a comprobar dónde consiguen los minerales y a desvelar la información (…), las compañías tecnológicas pueden seguir beneficiándose de los abusos contra los Derechos Humanos”, finaliza el informe.

Muchas de las compañías tecnológicas tienen en sus estatutos política de “tolerancia cero” con el trabajo infantil, sin embargo, como afirma Dummett, eso no importa nada cuando no exigen lo mismo a sus proveedores.

Tal parece que los diamantes no son los únicos productos que están manchados de sangre, probablemente el smartphone desde el que lees esta noticia también lo esté. Si estás interesado en firmar la petición que AI dirige a Apple y Samsung, buscando presionar para que se aseguren de sólo comprar cobalto de compañías que no contraten niños, puedes hacerlo desde este enlace.

fuente Amnistía Internacional

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