Spritz es una aplicación que en últimos días ha causado revuelo en el mundo de la tecnología. La posibilidad de leer 600 palabras por minuto sin entrenamiento y con total comprensión parece sacada de un comercial de “productos milagro”. No obstante, la empresa responsable asegura que es así, y muestra varios estudios para comprobarlo. Aunque muchos sitios en tecnología se han emocionado con esta posibilidad, los especialistas de la lectura no lo ven así. Aquí te decimos por qué.

Recientemente Samsung presentó a Spritz como una aplicación novedosa que forma parte de una gran campaña de exclusivas para el Galaxy S5 y el smartwatch Gear 2. Lo que promete Spritz parece imposible: leer 600 palabras por minuto con la misma comprensión que en la lectura normal (o incluso más, según ellos).

Primero vamos a lo básico, ¿cómo funciona Spritz? La tecnología primaria de esta app se construye sobre la llamada “presentación rápida de series visuales” (rapid serial visual presentation, o RSVP). Cuando leemos normalmente, nuestros ojos se toman su tiempo para ir de una palabra a otra y para entenderlas todas de manera individual. Esta app presenta rápidamente y en el mismo sitio cada palabra, con lo cual no perdemos tiempo moviendo la vista. Más aún, ralentiza la presentación en el caso de palabras que por su morfología podrían confundirse (como “cama” y “coma”) y la acelera con palabras que se identifican a golpe de vista (como “ferrocarril”).

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Ahora bien, la RSVP no necesariamente es novedosa. En realidad se trata de un desarrollo ampliamente explorado en los setenta y que desde entonces ha mostrado sus limitaciones. Según aquellos estudios, una velocidad de 250 PPM (palabras por minuto) es capaz de igualar la comprensión de una lectura normal, pero los 600 PPM que propone Spritz disminuye tal comprensión un 20%, y eso sin contar con el “parpadeo de atención” (attentional blink).

Este fenómeno se presenta en el RSVP con más de 150PPM. Básicamente, cuando el cerebro encuentra una zona especialmente significativa o emotiva, tiende a perder la atención de las próximas palabras, no importa si estas son más importantes que las anteriores.

Ahora bien, existen otro tipo de problemas con esta aplicación relacionados con la experiencia de lectura. Spritz demanda una atención absoluta, mientras que la lectura tradicional permite distracciones, evocaciones y pausas. Por otra parte, las pausas de atención (como los “parpadeos de atención”) pueden ser fatales en Spritz, que restringe al usuario a una lectura siempre lineal, mientras que los libros, aunque son más lentos, permiten una experiencia más creativa y participativa.

Spritz parece una experiencia hecha para terminar textos, no para leerlos. Ciertamente que la velocísima producción de información exige prácticas de lectura más rápidas para abarcarlo todo, pero esas prácticas no favorecen los procesos cognitivos más sofisticados, como la relación espacio-temporal de los textos y su sentido. No todo lo escrito necesita ser pensado a profundidad, pero algunos textos no pueden ser leídos sin esta atención.

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Las unidades léxicas (palabras) son una unidad de sentido que sólo funciona en conjunto. Para muchos, una verdadera unidad de sentido sería una oración, o un párrafo o un capítulo; algunos más incluso asegurarían que el texto completo es una unidad cerrada de sentido. De manera que entender sus partes mínimas, no necesariamente nos haría comprender un texto, porque lo importante en él no serían las palabras en sí, sino sus relaciones.

Claro que hay de textos a textos. Algunos son más demandantes, y exigen mayor nivel de imaginación o de pensamiento crítico o analítico. Mientras que los mails que recibimos o las noticias breves que nos llegan día con día francamente pueden no ser entendidas palabra por palabra para develar su sentido.

En suma, Spritz puede ser útil para leer una gran cantidad de textos cotidianos, pero nunca los más importantes. Sin lugar a dudas que se trata de un sistema revolucionario para pantallas tan pequeñas como las de los smartphones o los smartwatches, pero nunca pasará de ser un lector de cosas sin importancia. Para los textos que definen nuestro accionar, la manera que nos relacionamos con el mundo o nuestro comportamiento tendremos que conformarnos con la misma tecnología de hace miles de años: las palabras esparcidas en un vasto espacio en blanco.

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vía The Conversation

fuente John Henderson

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