Cómo y por qué Neil Armstrong fue seleccionado para ir a la Luna y caminar sobre ella

Todo lo que envuelve a Neil Amstrong es un misterio, a pesar de ser uno de los nombres más conocidos de la historia humana
NASA

Neil Armstrong fue el primer humano en pisar la luna. Salió del transbordador Eagle con todo el peso de la Guerra Fría en sus hombros para unir al mundo en torno a las palabras que marcaron su vida y la de sus acompañantes, pero ¿qué se necesita para ser un hombre como ninguno otro en la historia? ¿Por qué la historia reposa en los hombros de una persona y no de otra?

Neil Armstrong nació el cinco de agosto de 1930 en Wapakoneta, Ohio, un estado que siempre ha buscado sobresalir entre sus grandes hermanos del noreste; siempre a las sombras, pero siempre soñando, entre grandes zonas rurales y grandes sueños modernizadores de aquellos estadounidenses que jamás abandonaron la segunda enmienda ni el miedo al extranjero, fuera británico o de cualquier otra parte del mundo.

(NASA)

Desde pequeño su destino estuvo en el aire. Pasó por encima de su hermano y a los 15 años comenzó su instrucción como piloto de avión, misma que conlcuyó a los 16 años, logrando tener su licencia para volar mucho antes que conseguir su licencia para conducir automóviles.

Esa obsesión con el aire lo llevó a estudiar ingeniería en aeronáutica con una beca de la Armada Naval de Estados Unidos en la Universidad de Purdue, por lo que también recibió entrenamiento militar y se convirtió en piloto de la marina. Al igual que Buzz Aldrin, tuvo que servir en la guerra de Corea y prestó servicio en 78 misiones. Aunque sus hazañas militares no fueron de alto impacto como las de Aldrin, nuevamente logró superar en reconocimiento a su generación y poco a poco se hizo de un espacio en la NACA (National Advisory Comitee for Aeronautics) y presentó su postulación para formar parte de la NASA, en medio de la guerra fría de los años cincuenta.

Tras varios años en la NASA se convirtió en astronauta en 1962 y para 1966 fue comandante de la misión Gemini VII, en la logró ensamblar este vehículo a la nave Agena que se encontraba en órbita terrestre. En este momento, Neil Armstrong demostró su capacidad como comandante al liderar y ejecutar el aterrizaje forzoso de la misión Gemini VII en el Océano Pacífico, lo que le valió el ser nombrado comandante para la misión Apollo 11.

Como siempre, su vida fue un misterio y la única razón por la que terminaba tomando más puestos era porque sus logros hablaban por sí mismos. Rumbo al despegue y lanzamiento del Apolo 11 rumbo a la luna en 1969, Neil Armstrong seguía sin tener idea de cómo, o por qué, sus capacidades resultaban útiles en los mejores momentos. Él, ante cualquier situación, solo era una persona que ejecutaba planes y realizaba las acciones pertinentes y no más.

Neil Armstrong dando clases en la Universidad de Cincinatti

El 20 de julio de 1969 la misión Apolo 11 aterrizó con éxito en la Luna abordo de la nave Eagle, la primera en pisar suelo lunar y llevar consigo una tripulación de tres personas. El encargado de salir a pisar la Luna por primera vez era Buzz Aldrin, el operador más joven de la misión, como dicta el protocolo de misiones espaciales: un chivo expiatorio tiene que salir a revisar que el descenso sea seguro para el líder de la operación.

Sin embargo, al momento de abrir la puerta del Eagle y ver la superficie lunar, Neil Armstrong se paró y dio un paso adelante, solo antes de decir su frase más recordada y que, por muchos años, él evitó recordar: un pequeño paso para un hombre, pero un gran salto para la humanidad.

El punto máximo de la guerra fría, enmarcado en esas simples palabras, subyugando a la URSS y su poderoso imperio bajo la bandera estadounidense ondeando (por alguna razón) más alto que en cualquier montaña, fue producto de las ansias de Neil Armstrong , de una mala planificación o simplemente de la suerte.

Según Buzz Aldrin para él era claro que no podía ser el primero en pisar la Luna, tenía que ser el comandante de la misión, pero nadie se había atrevido a cambiar el protocolo antes y Neil, un asiduo amante de los protocolos y las situaciones bajo control, tampoco parecía ser de aquellos que por un mero acto simbólico lo habría de romper.

Él mismo dejó claro que la decisión que se tomó para que él no bajara primero, más allá de la representación simbólica, fue la correcta. Según algunas versiones de cómo sucedió el aterrizaje del Eagle sobre la Luna, este abrió su puerta del lado contrario a donde estaba sentado Buzz Aldrin.

Esto significaba que para seguir el protocolo él tendría que haber saltado encima de Neil Armstrong , que estaba contiguo a la salida de la aeronave. Eso significaba poner en riesgo a la tripulación , pudiendo dañar alguno de los trajes o el Eagle mismo, por algún paso en falso simplemente por cumplir un protocolo.

Esto llevó a Neil a ni siquiera tener que decir palabra: él simplemente puso un pie fuera de la nave y dijo su famosa frase. La historia épica de un hombre que lidera una misión con el acartonamiento propio de un marine ebrio en la bahía de Corea frente al mar amarillo, terminó siendo eso: una historia gris como la Luna.

Los logros y los méritos de Armstrong no fueron lo que lo llevaron a salir primero y pisar la Luna. Tampoco lo fueron sus grandes hazañas bélicas o mucho menos su destacada visión del patriotismo. Para Neil Armstrong pisar la Luna era una misión más; un pequeño paso para él, claro está.

El fetiche americano del hombre heroico que hace todo en pos del hombre por su ética impoluta nacida del patriotismo fue derribada por una leyenda que, años después, lo que menos quería era hablar de una misión más en su carnet y en su currículum.

Neil Armstrong es una leyenda que aspiraba a colgar una medalla en la sala de su casa, olvidarse del trabajo y limpiar su auto. Mientras el mundo y el universo seguían dando saltos, él solo quería dar un paso.

The New York Times