¿Puede econtrarse el amor en Tinder? 8 historias de éxito y fracaso en las aplicaciones de ligue

Algunos usuarios nos cuentan cómo les ha ido utilizando este tipo de aplicaciones.

A lo largo de la historia, la idea del amor se ha ido transformando conforme a los usos y costumbres, de ahí que en pleno siglo XXI, donde la tecnología ya forma parte de las discusiones filosóficas económicas y sociales, la forma de relacionarnos con los demás ha cambiado. Chats Rooms, páginas de citas, redes sociales constituían hasta hace poco, la forma en la que uno “ligaba”. Luego, vinieron las aplicaciones como Tinder o Bumbble, y, todo parece indicar que se establecieron nuevos códigos para echar romance.

Ante estas nuevas formas de conocerse, una de las preguntas más generalizadas es: ¿Estas aplicaciones son para tener sexo o para enamorarse? Lo cierto es que cada uno habla como le va en la feria y, para comprender un poco más este fenómeno, me di a la tarea de recopilar algunos testimonios y opiniones de personas que han utilizado este tipo de apps.

Es importante mencionar que decidí mantener el anonimato de cada uno de los personajes que vivieron los casos que expongo, no sólo porque pudieran resultar conocidos para alguien, sino porque ponerle nombre a los testimonios también podría alejarnos de cierta objetividad para la nota.

Cuénteme tu historia

No había pasado mucho tiempo después de que pedí, a través de mis redes sociales, el testimonio de personas que utilizan aplicaciones de ligue, cuando comenzaron a llegarme infinidad de testimonios. Uno tras otro se sucedían, muchos amigos y conocidos querían contar su testimonio. “La gente necesita ser escuchada”, pensé. También pensé que en un mundo donde estamos conectados, podríamos sentirnos más solos a pesar de postear y tuitear sin control.

El primer testimonio llegó como a las cinco minutos después de que publiqué el mensaje. La historia me resultó increíble por positiva y alentadora (debo confesar que no me gustan nada las aplicaciones de ligue):

“Hicimos Match en Tinder. Empezamos a platicar y, al poco tiempo, nos pasamos los números por WhatsApp. A los pocos días empezaron las llamadas. Finalmente nos conocimos al mes, yo fui a la Ciudad de México por cuestiones de trabajo, y aprovechamos para conocernos. La primera cita fue en el Vips de Plaza Lilas. Todo se dio muy natural. Lo que me gustó mucho fue que me sentí muy cómoda con él, no hubo poses. Anteriormente, sólo había salido con dos más, los cuales básicamente buscaban sexo. Siento que las apps de este tipo sacian una necesidad de atención, de sentirse atraído y deseado por alguien, esto puede confundirse con el amor, pero hay que estar bien atentos, porque las mujeres buscan tener una relación y los hombres sólo buscan sexo. La diferencia es que sólo nos conocimos a través de la app, pero el proceso de salir fue muy similar al de una relación tradicional. Ahora llevamos dos años de relación, uno viviendo juntos y, como cualquier pareja, nos caemos gordos a veces”.

Después,llegó hasta a mí una historia un poco más sórdida:

“Una vez me metí, no sé como pero llegué dentro de Tinder a esa “orgía zone”, donde le das match a alguien pero te sale una opción que si quieres con más; y yo por curiosidad dije ‘va’ y me pasaron el número de alguien, pero fue muy raro, me arrepentí casi al instante porque el chavo del que me dieron su número no se le podía ver la cara en WhatsApp y me empezó a hacer preguntas como: ‘¿Qué quieres?’ y yo le preguntaba que de qué iba todo aquello. Entonces hablamos de orgías, pero era muy escueto en sus respuestas. Sólo me decía ‘lo que tú quieras es posible’ y por pura curiosidad le pregunté varias cosas. Que si podía mirar, cuántas personas eran en el show, pero sólo me decía, ‘en serio puede pasar lo que tú quieras’ y yo me quedé así de WTF. Al final, no me dio buena espina porque no sabía nada de él, entonces lo bloqueé y desde el match, la chica que me contactó con él me dijo: ‘¿lo bloqueaste’? y me sorprendió cómo es que se daban cuenta al instante, incluso llegué a pensar que eran la misma persona y que la chava era el gancho”.

Ignoraba que existiera una cosa llamada así. Incluso me pregunto si funciona y en un país donde los secuestros y la sextorsión están a la orden del día. Confieso que me asusta pensar que existan perfiles de ese tipo dentro de la aplicación. Algunas personas con las que he platicado sobre el tema consideran que Tinder dejó de ser, desde hace mucho tiempo, una aplicación para conocer gente y se volvió algo más pornográfico.

Una vieja amiga me contó una historia que también puede explicar un poco más lo que está sucediendo con las aplicaciones de este tipo:

“A mí me pasó lo más horrible del mundo mundial. Instalé Tinder y Bumble hace un par de meses. Yo llegue a la CDMX y, pues, los únicos amigos que tengo aquí son gays. Los adoro, pero tarde o temprano te aburres de hablar de desfiles de modas y pasarelas y así (ellos son modelos). El asunto es que mi único amigo heterosexual siempre andaba trabajando en el extranjero, y nunca podíamos vernos o hablar, y un buen día platicando por cel (de cagada estaba en CDMX) me dijo: ‘tienes que instalar Bumble y Tinder, porque neta ya sólo hablas de cosas gays’. Lo instalé y el resultado fue espantoso.

Empecé a conectar con güeyes y lo que puedo decir es que la gente es fake, si no toda, la mayoría. Suben fotos y, ya sabes que todo entra por los ojos, traté a algunos… ¡bastantes! Y un buen día dije, ok, voy a salir con uno. El vato resultó tener como 12 años más de los que mostraban sus fotos. En las fotos era muy guapo, en persona horrible, pero déjate eso, súper prepotente, mamón, conmigo bien, pero con el resto de la gente culero. Borracho a morir y, ya sabes, que soy mala para decir que no, así que a pesar de que me moría por irme, no podía. Para no hacerte el cuento largo, el mono era borracho y groserísimo, hasta que me cansé de soportarlo y le dije que me quería ir y me acabo corriendo. Jamás he vuelto a salir con nadie de esas madres. Me da terror. Con otros, al agregarlos a WhatsApp por la foto de perfil te vas dando cuenta de que ni al caso. El 90% de las personas que están ahí sólo te quieren coger. El otro 10% sí te saca plática. Así que, si quieres sexo sin compromiso con un extraño, instala esa cosa y, si no, mejor no gastes tu tiempo en registrarte. Cero buscar amor. Yo buscaba amigos y error. Así que la dejé”.

Historias similares fueron apareciendo con el paso de los días. Dicen que “el amor entra por los ojos”, pero ahora que todo está lleno de filtros, que existen técnicas para tomarse selfies y parecer más alto o más delgado, ¿cómo saber qué es real y que no? Desde luego, esta es la parte superficial del asunto. Resulta increíble que una foto defina, en parte, las relaciones afectivas.

También hay quienes después de una ruptura utilizan la aplicación para salir del impasse emocional y, al parecer, puede cambiar tu destino.

“Usé Tinder como por 12 meses (creo). Topé la app porque mi roomie la usaba bastante, al punto de poner en sus fotos un sello de ‘cuenta verificada’ diciendo que era un usuario premium (todavía no existía una versión de paga en la app). Venía de terminar una relación bastante complicada y pensé que la app podría ser una forma rápida de empezar a entablar conversación con mujeres sin tener que salir, de buenas a primeras, a conocer en persona. Al final salí con distintas mujeres, nunca en plan de ligar en un principio, más bien a platicar y, ya de ahí, ir viendo si era factible algo más. Algunas mujeres con las que salí se volvieron amigas, otras no pasaron de mensajes, unas no me volvieron a responder, a otras las ignoré igual. De todas las mujeres con las que platiqué, entablé una relación con 3. La primera acabó pronto (1 mes) y no nos volvimos a ver ni hablar. La segunda duró unos 2 o 3 meses, nos volvimos amigos y lo seguimos siendo. La tercera es mi pareja actual con quién llevo 4 años. Sobre mi pareja actual, si hubo momentos complicados y de pelea en los cuales mencionábamos Tinder o los “matches” previos al nuestro. Poco a poco, ese tema se ha diluido. De igual forma, al inicio era complicado mencionar cómo nos conocimos, ahora es más fácil comentarlo pero preferimos siempre decir ‘internet’”.

Los casos de éxito se sucedían, más que las tragedias amorosas o los fracasos sentimentales a través de las aplicaciones.

“Seré breve… Conocí a la persona con la que me case hace un mes, y en dos semanas nos uniremos por la iglesia, nada más y nada menos que en Tinder. Pero a todos les contamos que nos conocimos cenando tacos. Fue amor a primera vista, el día de nuestra primera cita hubo clic. A la semana iniciamos una relación y ahora estamos felizmente juntos”.

¿Por qué la gente se avergüenza de decir que se conocieron por Tinder? Este tipo de aplicaciones tiene todavía un peso social que se relaciona más con el sexo que con el amor, o así parece. Hay un tabú sobre conocer a alguien por internet y enamorarse, ¿por qué? Tal vez porque nuestra idea del amor romántico nos prohibe ese tipo de actos.

En realidad, las historias positivas fueron más que las negativas, yo esperaba desde luego lo contrario, pero no nos adelantemos a las conclusiones.

Desde luego, y no sé por qué me extraña, hay gente que la usa cuando sale un par de días del país.

“Pues, nunca he tenido una muy mala experiencia, en realidad valoro Tinder muy positivamente… Conocí a uno de mis amigos favoritos ahí, nos conocemos hace casi dos años y nuestra amistad e muy fuerte y él es increíble. Gracias al primer Match con el que salí, conocí a una amiga que me invitó a un club de lectura precioso (era su roomie) y nos fuimos de viaje juntas y somos muy felices… El match no evolucionó en nada, jajajaja. Acabo de hace un viaje y lo usé. Y fue increíble. Lo había cerrado porque me saturó un poquitín.Y lo descargué de nuevo llegando a Roma y wow. Primero pensaba que era imposible, que todos los perfiles debían ser falsos. Tipos hermosos con trajes de baño diminutos en playas chulísimas, o con unos atuendos de revista… Pero sí eran reales y pues hice bastantes matchs y al final, tengo que admitir que los tipos ridículamente guapos no son mi mayor debilidad. Sí que salí con un par, un griego y uno siciliano y la pasé increíble, ya sabes, es Roma, así que paseos nocturnos y pasta casera y fiesta. Por cierto, algo que noté es que hay gente que sí busca, no algo serio, pero sí algo más que salir una noche con alguien que se va a los tres días. Había tipos a los que sí les decía, estoy de vacaciones y me voy en dos días, como que no les interesaba y a mi justo me parecía una manera de acelerar el proceso de conocer a alguien, porque siempre tuve poco tiempo en cada lugar”.

También hay quienes se arrepienten de bajar la aplicación porque se encuentran en otra relación. El siguiente y breve testimonio, no sólo es divertido, también deja de manifiesto algunas cosas que he creído constantemente sobre este tipo de aplicaciones y el narcisismo que, como bien se sabe no conoce límites, pero también es un testimonio de amor propio, de reconocer que lo mejor, cuando se quiere a alguien es poner límites.

“Hace unas semanas andaba bien jarioso y con ganas de arruinar mi vida y abrí una cuenta de Bumble con mi nombre real y mis fotos sin decirle a mi esposa. Pasé dos días dándole swipe y chateando con una rusa que se dedica a programar software. Un día le di ‘like’ a una mujer conocida de mi esposa y luego entré en pánico y borré mi cuenta. Fin”.

Una historia más

Estoy agradecido con todos los testimonios, tuve que recolectar los mejores y, como una forma de pagar la deuda que tengo para con todos aquellos que me mandaron sus historias, aquí va la mía.

Abrí Tinder hace como cuatro años, me sorprendió la cantidad de personas conocidas que encontré en la aplicación. A esas personas, por pudor, no les daba ‘like’, así, comencé a hacer algunos matches, pero en realidad las conversaciones no trascendían mucho (soy malísimo para cosas como chatear, contestar whatsapps y ese tipo de cosas). Me daba flojera piropear, hablar de intereses comunes y esas cosas.

Finalmente, un día cedí y de conversar con alguien en Tinder pasé a intercambiar números y, en cosa de nada, ya estábamos platicando por WhatsApp. Nos madábamos fotos sobre nuestro outfit diario, nos reíamos mucho, todo era, por así decirlo, muy ameno. Así que decidimos vernos un día.

Cuando llegué a la cita, todo comenzó a salir mal. Las fotos habían mentido un poco, sentí que no había ningún atractivo entre ambos. Comenzamos a platicar. Una charla más seria sobre nosotros, y eso implicaba también hablar sobre nuestra forma de pensar, de concebir el mundo. No hubo nada de clic, pensábamos completamente distinto, incluso llegué a sentirme irritado. Mi cita también, pero algo cruzó por nuestras cabezas. Una especie de triste resignación, pues estábamos solos y ya estábamos ahí.

Basta con decir que entonces entendí que muchas veces uno se relaciona con gente sólo porque está solo, porque no se tolera a sí mismo y termina estando con gente por resignación. Lejos de sentirme dichoso terminé sintiéndome mal durante algunos días.

Tal vez las cosas han cambiado, las aplicaciones ahora funcionan diferente. En definitiva, sé que no son lo mío. La mayoría de los testimonios fueron de mujeres, los hombres, por cobardía, por pudor o por pensar que revelarían que sólo buscaban sexo, terminaron por mandar pocas historias.

No sabría bien a bien qué pensar de todo esto. Pero a bote pronto, creo que estas aplicaciones no son para todos y desconozco los nuevos códigos del amor, me quedo con más dudas que certezas, pero tampoco es que podas dar borrón y cuenta nueva, estás formas de relacionarse están ahí y tendremos que aprender, tarde o temprano, qué hacer con ellas.