1999 fue un año especial para los cinéfilos y los fanáticos de la ciencia ficción. Después de casi 20 años de espera, por fin era lanzada otra película de Star Wars, la precuela que contaría la caída al lado oscuro de Anakin Skywalker. Era un evento que prometía cambiar para siempre nuestra concepción del cine comercial y de las épicas espaciales. En ese entonces yo no era más que un puberto tembloroso que estaba formado para ver la cinta que esperé toda la vida. Era el suceso del siglo, el momento cumbre de todos los que alguna vez soñaron con llegar a las estrellas.

No tengo por qué describir el fiasco que resultó, cada uno de nosotros tendrá su propia historia que contar al respecto. Solo diré que jamás voy a olvidar los rostros desencajados y heridos de los asistentes que salieron conmigo de la sala. Era un desfile de stormtroopers con los cascos en la mano, c3p-os silenciosos, yodas con el maquillaje corrido y darth vaders que súbitamente habían perdido todo autocontrol.

A estas alturas no vale la pena insistir en todo lo que estuvo mal en esa película, ni en todas las traiciones que Lucas perpetró en contra de sus fanáticos en las cintas originales. Pero no hay que dejar de recordar nuestras historias de decepción, porque una nueva trilogía se avecina y no podemos tolerar un nuevo fiasco que enterraría para siempre una de las mejores sagas de ciencia ficción que se han hecho nunca.

Desde que se anunciaran las intenciones de Disney, la red se ha llenado de opiniones de todo tipo. Al día de hoy, ya sabemos bastantes cosas sobre esta producción, como su director, su elenco, el encargado de la música y algunos pocos detalles de la trama. Los ingredientes están puestos sobre la mesa, pero aún no podemos estar seguros que esta nueva saga llenará nuestras expectativas. No está de más tener en claro qué es lo que esperamos de las nuevas películas, por eso preparamos esta lista con lo queremos para el Episodio VII y lo que venga después.

Viejos efectos especiales

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Los efectos especiales son un elemento fundamental para que el Episodio VII sea una buena película. Si tuvieramos que decir una sola cosa por la que George Lucas perdió la cabeza fueron los efectos especiales. Por ellos se atrevió incluso a manosear la vieja trilogía. No necesitamos 3D ni motores gráficos súper potentes, no necesitamos multitud de personajes animados por computadora, no necesitamos una ópera visual a lo exagerado; simplemente queremos el viejo espíritu de Star Wars.

¡Cuidado con los efectos especiales! Personajes entrañables como el propio Yoda, Chewbacca, C3P-O o hasta Darth Vader obtuvieron su caracterización gracias a los limitantes a los que se enfrentó Lucas en las viejas películas. En cambio, el exceso de efectos nos trajo a Jar Jar Binks. Todos queremos ver escenas espectaculares, pero si quisiéramos un despliegue técnico de efectos y una galaxia hiperrealista en 3D iríamos a ver otra película.

En lo particular prefiriría un dejo vintage en los efectos especiales. El enfrentamiento de Luke contra Darth Vader, por ejemplo, tiene una elegancia y una profundidad insuperable, como la de los viejos encuentros entre samuráis en las películas de Kurosawa. Cuando los contrincantes se la pasan saltando y haciendo movimientos inncesarios los enfrentamientos pierden seriedad y se vuelven risibles. De nuevo, si quisiéramos coreografías exageradas veríamos otra película.

El viejo diseño

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Las curvas suaves, las naves brillantes y los diseños limpios no son para Star Wars. Nada más anti-épico ni anti-western que el minimalismo. Por el contrario, queremos de vuelta esa estética casi steam punk, esos viejos cacharros del futuro que como sus dueños también están acostumbrados a las hazañas desmesuradas. No nos importa que la hiperestilización y lo retrofuturista no sea apropiado para la cajita feliz, lo que queremos es que vuelva la magia de los diseños angulosos, rudos y ruinosos.

Las naves limpias son para otro tipo de ciencia ficción, para la que habla de la distopía del poder y la supresión del heroísmo. La épica del espacio es siempre agresiva y exagerada, ningún guerrero se va a dar tiempo de pulir el chasis de su nave de combate y a nadie le molestan un par de rasguños. Nada sería más traumático que ver al Halcón Milenario con pintura plateada de espejo como las naves de Naboo, nada menos guerrero, menos serio, menos épico.

Un paseo por la galaxia

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Cuando Luke y Obi-Wan llegaron por primera vez a Mos Eisley, en el planeta Tatooine, parecía un pueblo de western. En otras palabras, se asemejaba a un pueblo con una sola calle, con casas avejentadas a los lados, estiércol en el suelo y matones ocultos en cada esquina. La cantina de Mos Eisley es memorable porque no parece sino un hoyo en el suelo en donde cualquier cosa podría pasar. Cuando veíamos el lugar con los viejos efectos especiales sabíamos que no era más que la parada temporal en medio de una tierra hostil y peligrosa, nada más que un montón de casas pegadas unas con otras, el detritus social producto de una larga guerra.

Cuando Lucas metió las panorámicas de Mos Eisley y vimos que era una ciudad de grandes cúpulas, con edificios regulares y construcciones firmes, el efecto se arruinó por completo. En esa ciudad se podía vivir tranquilo, no era más que un suburbio o una población “en crecimiento” que ya hospeda su primer Wal-Mart. Star Wars no es una saga urbana, se desarrolla en los límites de la civilización y en los terrenos salvajes. Mos Eisley pasó de ser un sitio peligroso a una copia demasiado fiel de Naboo.

Queremos ver de nuevo los terrenos hostiles. No estaría de más que nuestros héroes pasaran de nuevo por la luna de Endor, el sistema Dagobah o el planeta Hoth. Fue muy triste ver los agregados finales de El regreso del Jedi, en donde remotas y ordenadas ciudades festejaban una victoria que no era suya, desde cómodos palacios que el cantinero de Mos Eisley jamás hubiera pisado.

La épica del espacio

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I

La épica es desmesura. Si la Guerra de Troya fue al menos en parte como la imaginamos, seguramente habría involucrado motivos políticos y comerciales. Pero Homero no habla de ello, y nosotros como lectores de épica estamos dispuestos a creer que la guerra más grande de la historia se desató solo por la belleza de una mujer. Así debe ser Star Wars. No una intrincada trama política con consejos reunidos a diestra y siniestra, sino una vertiginosa historia plena de desmesuradas acciones épicas. Debe ser un puñado de rebeldes y un montón de ositos enanos plantándole cara al Imperio, debe ser una pequeña nave capaz de destruir la estación espacial más grande de la galaxia, debe ser Leia metiéndose en un agujero lleno de mafiosos y cazarrecompensas para salvar a Han Solo.

La acción más heróica, trágica y desmesurada de toda la épica la lleva a cabo Héctor, cuando sale a combatir con Aquiles a pesar de que tiene la certeza de que va a perder; como Luke dispuesto a ir por Darth Vader en El Imperio Contraataca.

No queremos un exceso de personajes infantilizados. La épica del espacio del siglo XXI no puede ser armoniosa ni feliz. Tampoco queremos ver un melodrama débil en pantalla como el protagonizado por Anakin y Padmé. Hay romance en la primera trilogía, pero se encuentra subsumido a la tragedia o a la épica. Star Wars tiene que ser la historia desmesurada del espacio, donde los héroes emprenden acciones más allá de sí mismos, sin sensiblerías ni exceso de acrobacias.

II

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Cuando se supo que la nueva trilogía podría estar centrada en los hijos de Luke, Han y Leia de inmediato flotó una idea en el aire: Harry Potter. No queremos la escuela de Jedi como un reciclaje de Hogwarts; Luke aprendió en un pantano, no en limpias y ordenadas aulas, y así es como siempre nos imaginamos el entrenamiento Jedi. Tampoco estamos interesados en una versión high school de Star Wars, no queremos que la adolescencia de los hijos de Han se reduzca a niños tarados que lo único que pueden hacer es enamorarse. La adolescencia no es lo que nos dicen las chick flicks, y la épica no tolera la existencia de personajes tan pusilánimes.

No queremos una historia ordenada de lógica política y naves último modelo. La épica del espacio tiene la belleza incorrecta y desenfadada de Leia, no la actuación robótica y demasiado estudiada de la princesa Amidala. El vestuario de Natalie Portman (y no es que tenga nada en contra de ella) fue un exceso de civilización en un mundo salvaje, el de Carrie Fisher era el precio que una princesa tenía que pagar para codearse con el heroísmo.

Star Wars es una saga salvaje, de héroes desaliñados que se convierten en caballeros Jedi bañados en lodo y que no tienen buenos modales. Es la saga de los extraterrestres fascinantes y aterradores, de los peleoneros de cantina y de los osos de peluche que resultan ser una tribu salvaje. En la verdadera épica del espacio siempre se dispara primero porque si no estás muerto.

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