Si J.R.R. Tolkien viviera sería un auténtico holgazán y tuitero de tiempo completo

Después de todo, J.R.R Tolkien, el artífice de El Hobbit y El señor de los anillos, no habría sido tan distinto que un millennial.
Foto: Shutterstock

La vida de J.R.R. Tolkien posee una vibra semejante a la podredumbre que se respira en las redes sociales y, al mismo tiempo, a la gran cantidad de ideas que emanan día con día de ahí. Si Tolkien, el legendario autor de El Hobbit y la epopeya de El Señor de los Anillos, viviera, sería un auténtico tuitero: tan holgazán, tan pesimista y tan cansado de su época como la gente de nuestra generación. 

Tolkien, entre Hobbits, mierda y pesimismo

Foto: BBC

John Ronald Reuel Tolkien nació el 3 de enero de 1892 y, tan pronto como creció, conoció la mierda. Su padre, Arthur Tolkien, un simple banquero británico, murió repentinamente dejándolo a él junto a su hermano menor y su madre, Mabel Tolkien, desamparados en Inglaterra a miles de kilómetros de su natal Bloemfontein, Sudáfrica.

A los tres años Tolkien conoció el repudio y la pobreza en una pequeña aldea llamada Sarehole, en Birmingham, pero también la felicidad. Al morir su esposo, Mabel cambió su religión al catolicismo provocando una ruptura familiar que los dejó abandonados en una deprimente casa. Sin embargo, fue ahí el lugar en el que Tolkien conoció a los Hobbits y corrió por primera vez por los campos de la Tierra Media, el sitio ficticio en donde posteriormente se establecería gran parte de su legendaria obra. “Era una especie de paraíso perdido”, dijo. 

“Crecí en una pobreza considerable, pero era feliz corriendo por ese país. Tomé la idea de los hobbits de la gente del pueblo y los niños”, contó Tolkien en una entrevista de 1966. 

Foto: Warner Bros.

Mabel fue una madre amorosa para John, pero también una maestra que lo cultivó. De ella aprendió sobre botánica y latín antes de los siete años. Tolkien tenía 12 años cuando Mabel falleció a causa de una diabetes que jamás se le diagnosticó. El autor de la biografía de Tolkien, Humphrey Carpenter, escribió que el fallecimiento de Mabel lo transformó en un ser pesimista, lo hizo capaz de violentos cambios de emoción”, explicó. 

“Una vez que la perdió (a su madre)”, apuntó Carpenter, “no hubo seguridad, y su optimismo natural se equilibró con una profunda incertidumbre”

Tolkien vivió una vida llena de miseria. Cuando creció fue dependiente de becas estudiantiles y de un sacerdote que, durante tres años, le prohibió hablar con la mujer que sería su esposa porque le consideraba una simple distracción. Sí, Tolkien perdió una beca debido a su amor, pero su voluntad fue más fuerte.

También fue un jodido sobreviviente… o algo así. O quizá solo tuvo demasiada suerte.  Tolkien también sirvió en la Primera Guerra Mundial y participó en la Batalla del Somme en donde perdió a la mitad de sus amigos; y durante la devastadora plaga de 1918, que mató a más de 40 millones de personas en todo el mundo, jamás contrajo influenza. 

Tolkien, el tuitero 

Foto: Especial

Tolkien era tan joven cuando ya había visto demasiada mierda,y me atrevo a decir que perteneció a una generación similar a la nuestra. Tan solo basta con revisar por unos segundos tu miserable timeline de Twitter para descubrir que nadie está satisfecho con su vida, su trabajo ni consigo mismo. Nuestra generación es una generación derrotada que ha estado atrapada en sus propios muros viendo desde una ventana, la de su computadora, cómo una pandemia ha cobrado la vida de más de 5 millones de personas. Al menos, nuestra generación puede presumir de tener algo en común con Tolkien: una plaga de miseria y enfermedad. 

Tolkien también padecía una especie de síndrome del impostor que jamás lo hizo esperar un “éxito económico” por sus obras, como confesó en una entrevista. Pero jamás se rindió.

No quisiera hacer alarde de las personas que leo en Twitter, pero a veces pienso en todo el potencial que esconden sus historias de 280 caracteres, que escriben mientras procrastinan, como el día en que Tolkien comenzó a escribir El Hobbit.  

“Todo comenzó cuando estaba leyendo los exámenes para ganar un poco de dinero extra. Eso fue una agonía”, contó Tolkien en una entrevista. “Una de las tragedias del profesor mal pagado es que tiene que hacer trabajos de baja categoría. Se espera que mantenga cierta posición y envíe a sus hijos a buenas escuelas. Bueno, un día llegué a una página en blanco en un libro de examen y escribí en ella: ‘En un agujero en el suelo vivía un hobbit’”. 

Eso solo sería el comienzo de una larga carrera de holgazanería para construir toda la mitología de su obra. Tuvieron que pasar muchos años antes de que la historia de los hobbits y la Comarca, el pequeño pueblo en donde Bilbo Bolsón vivía en una acogedora madriguera con puertas y ventanas, cobraran vida. 

Tolkien, el holgazán

Foto: Picture Post

JRR escribió El Hobbit durante gran parte de los años de la Gran Depresión mientras trabajaba como profesor en la Universidad de Oxford y, tan pronto como fue publicado, comenzó a escribir El Señor de los Anillos, que le llevó alrededor de 14 años de su vida. 

“Escribí el último (capítulo de The Lord of the Rings)… alrededor de 1949”, contó. “Recuerdo que de hecho lloré por el desenlace. Pero luego, por supuesto, hubo una tremenda revisión. Escribí todo ese trabajo dos veces y mucho, muchas veces, en una cama en un ático. No podía permitirme, por supuesto, la mecanografía”

Tolkien invirtió un esfuerzo inmenso para crear el mito de El Hobbit y El Señor de los Anillos. “Me dejé atrapar como lo hizo el Hobbit”, dijo. Sin embargo, fue un pésimo empleado que malgastaba su tiempo en quehaceres más importantes y, digamos que fue lo mejor que pudo haber hecho

Cuando pienso en mi trabajo y en todo el tiempo y esfuerzo que dedico a ello suelo sentir un profundo vacío y de vez en cuando siento algo de vergüenza por mi. ¿Acaso este es mi propósito? ¿Sentarme frente a un monitor como un simple robot que asiente cada que recibe una orden? Para alguien sin talento puede ser triste, pero Tolkien fue una de esas personas -en un millón- que logró equilibrar su aburrido y deprimente carrera como filólogo con la de un escritor de “cuentos para niños”, mientras soportaba las acusaciones de holgazanería de sus compañeros. 

“(Tolkien) me confesó una vez que algunos estaban decepcionados por lo poco que había hecho en la forma académica, pero que había optado por explorar su propia visión de las cosas”, dijo su estudiante de investigación VA Kolve. 

Alguna vez Tolkien admitió durante una entrevista que no sentía ninguna clase de culpa por haber dedicado una gran parte de su vida a una historia ficticia como profesor de lengua inglesa. Al contrario, estaba seguro de que su obra le hizo mucho bien al lenguaje. “Contiene mucha sabiduría lingüística”, aseguró. “No siento ningún complejo de culpa por El señor de los Anillos”. 

El Señor de los Anillos fue publicado en 1950 y, para haber sido un hombre que vio demasiada inmundicia y que creía que la historia del hombre era una falsa promesa de progreso, logró demostrarnos a través de su obra que a pesar de que el mundo estuviera a punto de sumirse en su propia mierda, aún hay esperanza.

Foto: Warner Bros.

La Tierra Media es nuestro mundo en una etapa diferente de la imaginación, diría Tolkien. Si Frodo logró salir de la Comarca, por qué nosotros no hemos de hacer lo mismo. Para J.R.R. salir de la comarca requirió de más que un simple impulso o una chispa que encendiera su imaginación como los fuegos artificiales de Gandalf.

Según Nietzsche, los grandes hombres, como los períodos de grandeza, son explosivos que acumulan una inmensa energía,  y una vez que haya sido recopilado el material necesario durante un “largo período sin explosiones”, basta de un pequeño “estímulo” en la ecuación que genere un gran estallido de genialidad. Tolkien, de alguna manera, también fue un acumulador de conocimiento que no sin antes haber sabido lo necesario comenzó una gran aventura hacia la imaginación.  

Quizá la procrastinación y la holgazanería de la que tanto se le acusa a nuestra generación solo sea un breve momento para crear algo más grande como el mito de Tolkien y sus hobbits. Después de todo y tanto, J.R.R Tolkien murió el 2 de septiembre de 1973 de causas naturales.

Nota: Este artículo se escribió con base en entrevistas que ofreció J.R.R. Tolkien a la BBC, The Guardian, y una serie de artículos publicados en Polygon, Lithub, y el icónico perfil que la revista de The Telegraph publicó en 1968.

***

Caja Negra es un viaje a las entrañas de la historia del cine y la cultura pop; un espacio para desmenuzar las películas y los géneros que más nos apasionan. Solo por nuestro canal de YouTube.

ANUNCIO