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Saint Seiya: Así fue el gran boom de la serie en los años noventa

Saint Seiya fue una serie generacional, que marcó a casi todos los niños de los años noventa.

Antes de que el internet se volvería pan de todos los días, hubo un tiempo en que la educación de muchas generaciones estuvo a cargo de la televisión. Yo formé parte de esa generación y, por lo general, veía la tele después del colegio y todas las mañanas los sábados y domingos. La vida se trataba de otra cosa, la percepción del tiempo y el espacio era otra. En 1993, Checoslovaquia dejó de existir luego de 75 años para dar paso a la República Checa y Eslovaquia; George Bush y Boris Yeltsin firmaron el acuerdo de desarme nuclear START II y se estrenó Jurassic Park y Philadelphia.

Todo esto lo supe después (a excepción del estreno de Jurassic Park), porque en 1993 sólo me importaba jugar con mi primo Yeyo con mis Playmobil, echar la cascarita con Tavo y Beto en la privada en la que vivía, cazar caracoles en el jardín y jugar a que tenía poderes especiales para controlar el viento. Fue en ese año, también, cuando, un sábado muy temprano, sintonicé en mi vieja televisión –que había sido de mi madre y, posteriormente de mi hermana (las consecuencias de ser el hermano menor)– una caricatura donde dos personajes con una especie de armaduras de animales se enfrentaban arriba de un ring. No sabía de que se trataba, pero me cautivó.

La señal era muy mala –en aquel entonces vivir en provincia era una desgracia y sólo podíamos ver un par de canales con buena señal, para ver los otros, tenías que arreglártelas con la antena o bien, como en mi caso, darle un par de golpecitos al costado de tu televisión para sintonizar otros canales–; recuerdo, sin embargo, que sentí una atracción casi instantánea por ese programa, esos hombres eran capaz de sacrificarse con tal de demostrar que eran el más fuerte, de repente aparecieron los cortes comerciales y pude escuchar algo del opening por primera vez: “caballeros del zodia-a-a-co, contra las fuerzas demonia-cas”; luego, al regresar de los comerciales nuevamente: “caballeros del zodia-a-a-co, contra las fuerzas demonia-cas”.

Ahí estaban, en medio de un torneo, sacrificando sus vidas, Seiya de Pegaso pelando contra el Dragon Shyru. Una de las batallas más épicas que recuerde del anime, por todo lo que significaba, porque los dos tenían un propósito que iba más allá de ganar la armadura dorada de Sagitario, porque ambos estaban dispuestos a reconocer que el otro era un gran rival, porque al final, Seiya gana la batalla asestando un golpe mortal a Shyru. Pero, cuando este está a punto de morir, lo salva, porque también es su amigo y si algo aprendieron los hijos de Mitsumasa Kido es que lo más importante siempre es la amistad. Cuando la caricatura terminó la canción volvió a sonar, esta vez completa. “Los guardianes del universo…”.

Desde ese momento todos los sábados me despertaba antes de las 8:00 de la mañana para asistir puntual a mi cita con Los Caballeros del Zodiaco. Me parecía genial que unos tipos usaran unas armaduras para pelear y defender a Atena. Todo el arco argumental del torneo galáctico y las doce casas es increíble. Los sacrificios, las historias, las relaciones que se construyen entre unos caballeros y otros. El sentido de la amistad antes mencionado y la idea del sacrificio que muestra la caricatura me parecía algo fuera de serie. Recuerdo que una vez, cuando Shyru muere a manos de Shura de Capricornio, lloré muchísimo porque me parecía que cambiar el amor de Shunrei, por el bien de la humanidad era muy conmovedor. Durante el episodio tenía la tele a todo volumen y mi mamá me gritaba desde su cuarto “bájale el volumen a tanto sufrimiento”.

Incluso los caballeros de acero se me hacían personajes geniales. Conocer el poder de Shaka de Virgo, el hombre más cercano a dios, y el verdadero poder de Ikki el ave Fénix es, sin duda, una de las cosas que los fanáticos más recordamos de la serie. El dolor que escondía Saga de Géminis, la ambición de Máscara de Muerte, el narcisismo de Afrodita de Piscis y el misterioso poder de Mü, la aguja escarlata, la ejecución de Aurora, el cuerno dorado de Aldebaran, son hoy por hoy datos que millones conocen alrededor del mundo.

En México, a pesar de que ya existían animes como el maravilloso Mazinger Z, Caballeros del Zodiaco fue el despertar de muchos de nosotros hacia algo distinto. Luego vinieron Asgard y la saga de Poseidón. Años después apareció la saga de Hades y Kurumada fue repitiéndose una y otra vez, sin mucha capacidad para innovar. Pero, por lo menos en los noventa, ahí nos tenía una y otra vez, todos los sábados viendo pelear a los valerosos caballeros. No importaba que luego de las Doce Casas la caricatura iniciará desde el torneo galáctico, no importaba que siempre sucedía lo mismo en cada uno de los arcos argumentales, ahí estábamos nosotros para aprender y memorizar los poderes. Acudíamos a las tiendas en busca de la armadura de oro de nuestro signo zodiacal. Tener un caballero de bronce era la onda. Yo, incluso tuve una especie de peto que era la armadura de Pegaso.

Gracias a Saint Seiya conseguí interesarme por primera vez en la mitología griega. Compraba libros, las historias de los mitos acababan por cautivarme, eso me llevó después a leer otras cosas: Edgar Allan Poe, Lovecraft, Bram Stoker, etc. Todo se lo debía a los Caballeros del Zodiaco y la mitología griega.

Años más tarde, cuando llegó internet y tuvimos una computadora Compaq Presario en casa y una impresora HP, me gasté la tinta imprimiendo toda la serie que había encontrado doblada al español, como si se tratara de una novela. Pasaba horas buscando qué seguía de la historia, en una época en que parecía que nunca llevarían a la animación la saga de Hades.

Y así ha sido hasta ahora, siempre espero que Saint Seiya vuelva con algo más de esplendor que las últimas sagas, como Omega, donde ya nada tiene sentido; o la serie de CGI que Netflix está preparando y que se ve espantosa. Espero, sentado y paciente frente a los 5 picos de Roshan que esos tiempos geniales de Saint Seiya vuelvan.

Afortunadamente, gracias a BitMe, el nuevo canal de televisión de paga, podré volver a ver la serie original, esa que me cautivó y me hacia pararme temprano todos los sábados de mi infancia.