Recomendación de la semana: Picnic en la Fosa Común

La particular versión del terror lovcraftiano a la mexicana de Armando Vega-Gil es algo que no puedes dejar de leer.

México es un país en el que la literatura de terror es un campo fértil, basta ojear por la mañana cualquier periódico para encontrar una y mil historias que nos dejan con los pelos de punta, la presión arriba y con ganas de llamar a nuestros seres queridos para saber si se encuentran bien. Historias de la vida real que, en teoría, harían que los habitantes de nuestro ensangrentado país busque libros, películas y series completamente alejadas de nuestra realidad, intentando escapar de los sinsabores del día a día… y sin embargo, México es uno de los países que mejor recibe al género de terror en cualquiera de sus formas.

El grueso de las opciones en librerías relacionadas con el terror son de origen extranjero, primordialmente anglosajón. Afortunadamente existen grandes perlas dentro de la literatura de terror nacional. Entre ellas destaca Picnic en la fosa común de Armando Vega-Gil, una novela claramente influenciada por la literatura de H.P. Lovecraft, pero llevando el horror cósmico a la capital de México, donde la historia sobrenatural se ve aderezada con la corrupción gubernamental, negligencia empresarial y mucho gore, todos formando el pan nuestro de cada día en la CDMX, dando forma a una historia que nos conmoverá por, a pesar de estar enmarcada en un mundo donde lo fantástico es posible, ser brutalmente plausible.

(Ediciones B)

De entrada, Picnic en la fosa común nos presenta a Bernardo Vera, alias Veritas, un reportero de nota roja chilango que se embarca en una investigación peculiar: descubrir el origen de un olor apestoso que surge del Metro capitalino, pero no un olor de axilas sin desodorante, sino algo verdaderamente putrefacto. A lo largo de la novela, que termina por desenvolverse en los oscuros drenajes de la Ciudad de México, se revela la existencia de una conspiración que involucra a políticos corruptos y una empresa inmobiliaria siniestra, un culto a un ente milenario, un terror ancestral que viene de más allá de la conquista, que vendría siendo una especie de Cthulhu autóctono, todo enmarcado con la historia de vida de Veritas, que se va revelando poco a poco, con estampas de su vida en la Ciudad de México que, de tan reales, nos podrían servir de reflejo, sobre todo si uno es uno de los millones de habitantes de la cada vez más inhóspita capital.

Lo más terrorífico de la novela es que, los pasajes más duros no están nada alejados de la realidad cotidiana de los capitalinos, el mismo Armando Vega Gil indicó hace unos años, durante el lanzamiento de Picnic en la fosa común:

“Picnic en la fosa común es resultado de veinte años de investigación. Tengo un enorme archivo de recortes de periódico con notas sobre situaciones extrañas y extremas que suceden en la Ciudad de México.”

Tal vez por eso, después de leer la novela, es inevitable imaginar que, tal vez, el caos de la metrópoli es producto de una auténtica conspiración de un ente primigenio, que volvió a todo el que pisa este lugar en un ser corrompido, mentiroso y traicionero.