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El Mago de OZ y la importancia del Technicolor

Así funcionaba el Technicolor en las películas de antaño
(Foto: MGM)

Cuando la Metro Goldwyn-Mayer decidió producir The Wizard of OZ y dejar que Victor Fleming la dirigiera, nunca pensó que una de las películas más caras de la Historia del cine sería un rotundo fracaso en taquilla al momento de su estreno en 1939.

Y es que a pesar de recibir críticas positivas y tener nominaciones al Oscar, la película, que le costó 2,777 millones de dólares a la MGM, sólo consiguió recaudar apenas 3 millones de dólares. Tuvieron que pasar diez años para que tras sus reestrenos en 1949, el estudio pudiera recuperarse un poco y, posteriormente, cuando la cinta llegó a la televisión se convirtió en un ícono de la cultura cinematográfica.

La cinta tenía un reparto de primera línea: Judy Garland, Frank Morgan, Ray Bolger, Jack Haley, Bert Lahr, Billie Burke y Margaret Hamilton; todos ellos, actores que ya contaban con buenas tablas en la industria. ¿Entonces por qué El Mago de OZ fracasó en taquilla?

En primera se trataba de un musical infantil, lo cual, en un inicio, reducía el público al cual estaba dirigida. En segundo lugar, la Guerra comenzaba a cobrar forma nuevamente en el imaginario estadounidense para concluir con la participación de esta nación en el conflicto bélico a partir de 1941 (dos años después de la película). En este sentido, y reconociendo que Hollywood se mueve por tendencias (las cintas de superhéroes ahora), en ese momento las películas que interesaban a la audiencia eran de otro tipo: aventuras, romance histórico y terror sobrenatural.

(Foto: MGM)

Por último, y esta es una apreciación meramente personal, considero que la transición de las escenas en blanco y negro a la vida en Technicolor del Reino de OZ era un fenómeno visual tan maravilloso como difícil de aceptar por parte del público. Los colores vivos, que permitían mostrar los contrastes entre Kansas y OZ no conectaban con una sociedad que tenía puesto su interés, su miedo y su emoción en otro lugar.

Hasta el momento se conocía la técnica del Technicolor en filmes más bien restaurados (Como el Fantasma de la Ópera) y que ofrecían un primer avance de esta tecnología. El Mago de Oz fue de las primeras películas en grabarse con esta técnica de colores saturados inventada por la empresa Thomson hoy Technicolor Inc. Otra película que ese mismo año se pudo apreciar a color fue Lo que el Viento se Llevó y ahí, sí, la audiencia cayó rendida a la cursi historia de amor de Scarlett O’Harra (Vivien Leigh) y Rhett Buttler (Clark Gable).

¿Cómo funcionaba el Technicolor?

Muchos piensan que, a la manera de Georges Méliès, las películas en Technicolor se pintaban tal cual, cuadro por cuadro. Sin embargo se trata de un tipo de cámara (la Technicolor DF-24 Beam Splitte), la cual –básicamente– exponía simultaneamente tres tiras de película en blanco y negro que a su vez psaban por un lente que se dividía a través de un prisma en dos rayos de luz.

(Foto: MGM)

Como señala el sitio Colorsm:

“Uno pasaba a través de un filtro verde, que bloqueaba la luz roja y azul y formaba una imagen en una tira de película pancromática (es decir, sensible a todo el espectro luminoso). El otro pasaba a través de un filtro magenta que bloqueaba la luz verde y se imprimían en un bipack de dos películas y la película frontal era sensible sólo a la luz azul. Los tres negativos resultantes se usaban para producir tres matrices de impresión, que a su vez se usaban para imprimir imágenes de tinta superpuestas en cyan, magenta y amarillo en una sola tira de película, creando una copia de proyección a todo color”.

Grabar en Technicolor no era nada barato, se tenían que alquilar las cámaras de la compañía y contratar a dos operadores de las mismas para utilizarlas. Además, para que las cámaras fueran aprovechadas se necesitaba de una gran cantidad de luz y se dice que era tanto el calor que existía en el set que incluso la gente se desmayaba durante el rodaje de El Mago de OZ. La MGM gastó cerca de un cuarto de millón de dólares en pura electricidad.

Otro de los defectos del Technicolor era que no todos los colores se capturaban con fidelidad, por ejemplo, para conseguir que las zapatillas rojas brillaran intensamente se tuvieron que pintar las lentejuelas a mano, pues la cámara no conseguía tomar la viveza del brillo rojo de los zapatos.

Por más problemático que fuera, el Technicolor permitió desarrollar a la industria las siguientes técnicas de filmación a color y a los espectadores nos legó impresionantes atardeceres, vivos caminos amarillos y un sinfín de experiencias que nos acercaron más a la magia de Hollywood.

El siguiente video (vía Vox) muestra la evolución del Technicolor:

Finalmente, El Mago de OZ es considerada hoy en día como Memoria del Mundo por la Unesco junto a otras cintas como Los olvidados de Buñuel y Metrópolis de Fritz Lang. Además es considerada el tercer mejor musical del cine estadounidense por el American Film Institute.