Desde 1968 hasta este verano post-Mundialero, la historia de los más famosos simios en pantalla ha sido un largo camino lleno de altibajos. La película que se estrena en las próximas semanas (Dawn of the Planet of the Apes) será la octava entrega en la larga historia del planeta de los changos. Después de tanta expectativa y casi cincuenta años de pocos logros y muchos fracasos, toca comentar ahora con todos los trailers que han salido y uno que otro detalle externo, qué es lo que podemos esperar de esta continuación.

Primero lo primero. No se me puede echar en cara: para mí la primera película en la larga serie sobre Planet of the Apes (1968) es uno de los grandes logros de Hollywood en ciencia ficción. Con todo y sus momentos cursis, el ángulo familiar y alguna que otra torpeza, ésta fue una gran película y eso es indudable. Es una reescritura completa de la novela de Pierre Boulle –el único más o menos fiel fue tal vez Burton–, adaptada perfectamente a sus circunstancias, que no da explicaciones superficiales y que se regodea a gusto, una y otra vez, en el desprecio oscuro por el ser humano sin llegar nunca a un hippismo banal muy poco palomitero. Todo desde el ángulo perfectamente logrado de un completo cínico, particular enemigo de su raza, oscuro y malencarado personaje interpretado con creces por el viejo acostumbrado del oeste, Charlton Heston.

Los logros innegables de esta primera película –que este año cumple 46 años de existencia– sólo quedan opacados por su enorme influencia en el cine de ciencia ficción y disminuidos por una larga serie de continuaciones y reboots que nunca le hicieron justicia. Siempre intentando regresar a la balanza entre animalidad y razón en los seres humanos confrontados con su propia bestialidad –de forma más sutil y angulosamente evolutiva que lo que hicieron después los zombies– las continuaciones a la tremenda historia del 68 fueron, en su enorme mayoría, unos bodrios terribles. Hay una excepción, claro, en la tercera película de la franquicia: Escape from the Planet of the Apes (1971). Esta cinta pasa de la comedia ligera a un cuento tremendamente crudo de miedo a la diferencia y la siempre impresionante capacidad del ser humano para odiar y destruir.

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Planet of the Apes (1968)

En realidad no me parece que esta película sea una tercera parte, como frecuentemente se le considera, sino un reboot afortunado que llegó a rescatar momentáneamente a la franquicia de la melcocha esa horrible, sin pies ni cabeza que acababa, junto con toda posibilidad de continuación, con el planeta Tierra. Me refiero claro a la horrorosa –no me canso de decirlo– y paranoicamente traumada en guerra fría Beneath the Planet of the Apes (1969). Véanla bajo su propio riesgo y consideren esta tendencia: todas las primeras partes de la franquicia –exceptuando la cosa rara que medio trató de hacer Tim Burton y que no cosechó ninguna secuela– fueron grandes películas que terminaron arruinándose en sus continuaciones. A la primera gran película siguió un bodrio completo que parece más una pesadilla febril; al primer reboot siguieron dos continuaciones (Conquest of the Planet of the Apes en el 72 y Battle for the Planet of the Apes en el 73) una más mala que la anterior; y ahora nos toca preguntarnos si al muy logrado segundo reboot  de 2011 que protagonizó James Franco le tocará la misma suerte terrible que ha marcado la historia de esta tan larga y gastada franquicia.

Respondo de una vez, adelantándome con riesgo a lo que después será: desde mi fanático gusto, me parece que esta película va a romper la maldición que pesa sobre las secuelas anteriores… y con creces.  Claro, tengo varias razones para este juicio adelantado. Por una parte, me parece que Rise of the Planet of the Apes (2011) fue un gran reboot para un público nuevo que, desde el fallido intento de Tim Burton, llevaba 10 años sin saber nada de la historia de la franquicia si no era un recuerdo borroso de Taylor (Heston) en taparrabos maldiciendo frente a una estatua de la libertad semi-hundida en la arena. Y esto, claro, porque el recuerdo de la fiebre por los simios en los setenta es algo demasiado lejano para el actual espectador de blockbusters veraniegos.

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Planet of the Apes (2001)

De forma fresca, desafiante y con unos muy bien emplazados guiños, esta cinta del 2011 regresó la historia de los simios a su principio buscando construir un pasado para la enorme película del 68. Los temas se repiten y se respetan. Encontramos, por ejemplo, las frases icónicas del primer guión readaptadas con inteligencia: el nefasto personaje del custodio de los changos cuando Caesar cae en un refugio de simios grita “It’s a madhouse! A madhouse!” (“¡Es un manicomio! ¡Un manicomio!”)después de regar con una manguera a presión al carismático chango de ojos brillosos. Esa era exactamente la línea de Charlton Heston cuando le toca la misma suerte en el refugio científico de humanos a su regreso futurista al planeta Tierra: volteando la línea del primer guión con inteligencia, los escritores le dieron todo el peso a la relación turbia del hombre con los seres que considera inferiores y pone en perspectiva el horror que sufre Taylor cuando se voltean los papeles evolutivos.

A través de estos guiños, entonces, la película de Wyatt nunca pierde de vista el futuro que está construyendo en relación con todo un universo narrativo: en una pantalla de televisión vemos el lanzamiento de la misión de la primera película, en un periódico leemos el encabezado “Lost in Space” (“Perdida en el espacio”) y todo esto indica claramente que los guiños y recuerdos sirven para establecer una relación de continuidad con la primera película sesentera. Por si fuera poco, además, los guionistas de esta cinta del 2011, se tomaron la molestia de relacionar también nombres y jerarquías en la rebelión de los changos reinventando las fallidas películas setenteras para volver a elaborar las razones del levantamiento simiesco: el nombre del líder, el primer simio en decir “¡No!”, aquél de la inteligencia estratégica y la capacidad de hablar sigue siendo Caesar como en Conquest y Battle; se muestran bien los tres estratos de la sociedad simiesca: los inteligentes científicos viejos como orangutanes, los liberales intelectuales de temple estratégico y rebelde como chimpancés, la fuerza bruta como gorilas; y el detonante del cambio en el orden mundial sigue siendo un virus que en esta reinvención –cosa mucho más interesante– no afecta a los gatos y perros forzando el adiestramiento de simios como mascotas, sino que ataca a sus creadores, a los prepotentes humanos, castigados por la ambición ciega que la tecnología les dio para jugar con esquemas divinos.

El asunto del virus, que queda abierto en una escena entre créditos en la que vemos al desafortunado piloto enfermo con el contagioso virus mortal en una terminal aérea, va a ser el pilar narrativo de esta secuela que pasa diez años después de la primera rebelión simiesca, del establecimiento de sus colonias en los bosques de California y de la pandemia causada por el mortal ALZ-113. Y es aquí en donde me permito algo de entusiasmo adelantado. A juzgar por los trailers que hemos visto, Dawn of the Planet of the Apes viene con toda la fuerza de una secuela bien contada que se establece con solidez sobre los pilares de la primera entrega. Todo parece indicar que la tendencia a relacionar el universo narrativo anterior con guiños bien emplazados continua: vemos en uno de los adelantos al orangután Maurice escribiendo en un pizarrón “Ape don’t kill ape” (“Simio no mata simio”), el pilar de diferencia entre los changos y los humanos y la frase emblemática de toda la franquicia en cuanto a la ley simiesca.

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Rise of the Planet of the Apes (2011)

Fuera de estos guiños particulares, también se ve el respeto a la franquicia en el tema bélico y en las peleas internas entre changos razonables y changos vengativos. Todo este asunto ya se imaginaba desde Rise of the Planet of the Apes y se establece en los trailers con la rivalidad adivinada entre el odio de Koba –el chimpancé macabro que porta en la cara las cicatrices de una vida en laboratorios humanos– y los apegos de Caesar –que, a pesar de toda su rebeldía, tuvo una infancia feliz criado por hombres.  En el bando contrario el mismo dilema: por un lado, los hombres llenos de odio por las pérdidas sufridas que buscan venganza, por el otro, los pocos humanos razonables que ven en los changos a una comunidad pacífica que merece respeto. En medio de estas batallas internas una chispa basta para que tengamos a monos sobre caballos con rifles de asalto luchando en las ruinas de ciudades devastadas y abandonadas.

No soy un adepto peculiar a los efectos generados por computadora y si algo le respeto a la adaptación de Burton fue el enorme logro en maquillaje que le sacó algo a la actuación de Bonham Carter, el fallecido Michael Clarke Duncan, Giamatti y, sobre todo, Tim Roth. Pero hay que admitirlo, para las batallas épicas entre humanos y una cantidad masiva de simios parece la mejor opción –y si no vean la de Battle for the planet of the apes y lloren en depresión. Además, en su carrera corta pero intensa el director Matt Reeves (Cloverfield en el 2008 y la muy buena adaptación de la cinta sueca Let Me In en 2010) ha dado claras muestras de gusto por cintas de género y de una habilidad particular para las reescrituras difíciles. En todo esto y la primera recepción crítica en Estados Unidos, tengo toda la esperanza puesta en esta nueva entrega de tan icónica franquicia. Por mí, espero, con todo gusto, que se rompa la maldición de las secuelas: aquí parece haber todo el potencial para seguirle dando larga vida a un universo de ciencia ficción que bien merece, a pesar de los errores, su establecimiento popular en el cine. Que así sea y que regrese, mejorado, su dominio: ¡Larga vida al imperio de los changos!

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