El cómic intenta fomentar valores ciudadanos.

En la historia reciente de nuestro país los cómics, la política y lo didáctico han tenido una relación estrecha. No en balde pudimos disfrutar de las historietas maravillosas del gran maestro Rius, o cosas tan absurdas como Las Picardías del Negro Durazo, sin dejar de lado cosas tan abominables como los cómics de Francisco Labastida y Vicente Fox (éste último obra de K-boom studio, los responsables de Karmatron y los transformables). Si bien los cómics de Rius tenían un fin didáctico, los de los candidatos de la elección presidencial del 2000 era simple propaganda.

A pesar de que podría parecernos extraño este tipo de promoción, es importante destacar que los cómics siguen siendo un medio muy popular, y que históricamente ha sido una de las formas de entretenimiento más arraigadas en nuestro país.

Aunque, por la enorme penetración de los smartphones, ya no es tan común ver a señores leyendo Sensacionales y El libro vaquero, siguen teniendo tirajes enormes, por encima de los libros de El Fisgón, Jis, Trino y Antonio Garci. Justo por esto, desde hace años se ha intentado usar los formatos de los Sensacionales, esos cómics eróticos increíblemente baratos, para fines educativos, o por lo menos de un entretenimiento más allá de historias inspiradas en las sexy-comedias de Alfonso Zayas, El Caballo y Rafael Inclán. Basta recordar que, en el 2015, el Libro Vaquero se asoció con Sociedad Funcional para lanzar historias escritas por “grandes autores”.

Ahora, intentando fomentar valores cívicos entre la ciudadanía, Ethos, un laboratorio de políticas públicas, lanzó (con el apoyo de las cámaras de Diputados y Senadores) un “cuento” que intenta combatir la corrupción mostrando los problemas que causan las “mordidas” de una manera sencilla y directa.

La historieta es un homenaje al Libro Vaquero, pero solamente en su formato, logo y portada, en el interior encontramos una historia que se acerca más al mítico ¡Así soy…! ¿y qué? (o la primera época del Sensacional de Barrios), un cómic de culto que, a pesar de contar con argumentos dirigidos a las clases bajas, normalmente se centraba en mostrar la podredumbre de las vecindades (en contra de la mitología que construyó Ismael Rodríguez en las películas de Pedro Infante), los problemas provocados por el velemadrísmo mexicano y un enfoque de crítica social que, a pesar de todo, no dejaba de ser muy popular. Lamentablemente, los editores pensaron que el éxito de ¡Así soy…! ¿y qué? eran las escenas subidas de tono, y poco a poco se fue transformando hasta ser una historieta soft porno.

El libro vaquero anticorrupción surge luego de que Ethos realizó un trabajo bibliográfico sobre el Sistema Nacional Anticorrupción (SNA), la idea era realizar un libro que explicara de manera fácil como funciona el SNA. Pero, al pensar en como popularizar la información, decidieron lanzarlo en formato Libro Vaquero.

“La idea surge de nuestro director general, estuvimos trabajando durante varios meses en hacer un producto donde la ciudadanía pudiera conocer el Sistema Nacional Anticorrupción. Queríamos muchos dibujos, poco texto, un lenguaje coloquial y, finalmente, llegamos a este producto que hicimos basado en la teoría del libro más leído de México”, mencionó Alejandro Pulido, coordinador anticorrupción de Ethos .

La idea de Ethos era lograr informar a la ciudadanía todos los problemas que se derivan de la corrupción, y como no es solamente un problema de las autoridades, sino que en muchas ocasiones parte de los propios ciudadanos.

Si bien la idea no es mala, el guión es muy flojo y no logra causar empatía. Lastima porque la idea es buena, pero no pasa de la curiosidad, un cómic que podría quedar bien en la colección de todo amante de las historietas, pero que de ninguna forma será memorable. Se editarán decenas de miles de ejemplares, y se repartirán gratuitamente, si quieres darle un ojo sin esperar tenerlo en tus manos, puedes leer la historia completa en este enlace (lo más curioso es que incluye efectos de sonido, algunos de ellos hilarantes).

vía El Financiero

fuente Ethos

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