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Guillermo del Toro: El verdadero monstruo mexicano

Tras un repaso biográfico a través de la vida de Guillermo del Toro podemos asegurar que el ganador del Óscar en 2018 por La forma del agua es el monstruo más talentoso, compasivo y tierno que jamás hayamos visto.
(Foto: Ulises Ruiz/AFP/Getty Images)

Guillermo del Toro es oscuro hasta la ropa. Es un monstruo tan incomprendido como la criatura de Frankenstein; tan solitario como el Fantasma de la Ópera, y tan extraño y en peligro de extinción como El monstruo de la laguna negra, que resulta incongruente que también sea el monstruo más tierno que jamás haya existido

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(Foto: Rodolfo Guzmán) Guillermo del Toro de niño

Un monstruo tapatío

Guillermo del Toro nació en Guadalajara el 9 octubre de 1964, pero hace más de 20 años que vive exiliado en el extranjero o “a donde sea que lo lleve el tipo de cambio”. Uno pensaría que un hombre (o niño) que fue entrenado para sobrevivir en un país como el nuestro, ya que a los 4 años su padre le enseñó a usar un arma, no huiría de su lugar de origen. Sin embargo, los monstruos en los que cree y con los que convive a diario son muy distintos a los que hay ahí afuera en este momento y que, de hecho, Del Toro ha tenido que enfrentar en varias ocasiones, como cualquier otro mexicano. Si bien, podría decirse que el primer acercamiento que tuvo Del Toro con el horror fue el de Universal Studios o las cintas de Ray Harryhausen, mientras se alimentaba de la literatura cósmica de H.P. Lovecraft y compraba compulsivamente cómics de ciencia ficción, esas historias son solo una –pequeña– fracción de la clase de pesadillas que alimentaron (o bien, deformaron) su mente y creatividad. Porque es probable que todas esas cintas por las que ahora Del Toro es tan famoso, se las debamos a dos situaciones: a su familia (pero a su abuelita en particular) y a la violencia en México.

Al parecer, cualquier mexicano podría ser Del Toro o un gran meme.

Antes de que siquiera Del Toro filmara su primera película de terror a los 13 años, un plano secuencia llamado Pesadilla 1, que mostraba una mano que emergía de un retrete con un líquido verde, él ya estaba destinado a narrar el horror. “Todo lo que soy, en el sentido de la compulsión artística y de las historias que cuento, viene de mis primeros 11 años”, explicó una buena mañana de 2014 a la revista Gatopardo, durante el rodaje de Crimson Peak (2015). Y tiene razón.

“Tu cerebro se va malformando”, diría Del Toro en 2006 en el documental Hollywood Tequila.

Pero hablemos de su maldita infancia. “Yo (Del Toro) tenía entre cuatro y seis años y les aseguro que aún no había pecado”, pero su abuela clavaba corcholatas en sus zapatitos para que sufriera y sangrara y así, “pagara con su dolor a Jesús”. Incrédulamente, lo que su extremadamente abuelita católica quería era que el pequeño Guillermo dejara de dibujar fantasmas y que se olvidara de ellos. Fracasó, aun cuando también intentó exorcizarlo (dos veces) y lo salpicaba con agua “bendita”, y él se reía mientras lo llenaba con más y más agua. “Fui educado en una versión muy cruda y oscura del catolicismo de la mano de mi abuela, que me solía decir que tenía que pagar por todos sus pecados, de lo contrario sería envuelto en llamas”, recuerda.

Del Toro fue un niño solitario que pasó la mayor parte de su infancia leyendo y observando imágenes desconcertantes para un niño de su edad. La casa de su familia tenía una biblioteca que mezclaba libros de biología y anatomía, con antropología y arte, que Guillermo devoró. También es un monstruo come libros que leyó un libro cada dos días hasta que cumplió 20 años. Pero las imágenes terroríficas que se introdujeron en él (hasta reconstruirle el cerebro por completo) eran más explícitas de lo que podrían mostrarle las monografías. Ya había visto muchos cadáveres para entonces. 

“Yo vi mi primer cadáver a la edad de 4 años. Vi mi segundo cadáver como a los 8 o 9. Vi una pila de fetos abortados bastante alta como a los 14. Empecé de voluntario en una institución mental a los mismos 14. Y todos los días cruzaba por la morgue para ir a mi auto y tomábamos el lunch en el cementerio. He visto gente a la que matan a balazos en la calle, me han puesto una pistola en la cabeza, me han disparado. No es una infancia normal”, contó.

Todos eso, parafraseo, lo fue deformando.

(Foto: CNN)

Seguramente esas imágenes pudieron haber sido una de las razones por las que Del Toro –antes de incursionar en el cine– fundó a mediados de los años ochenta su propio taller de efectos especiales llamado Necropia, junto con su amigo Rigoberto Mora. Sin embargo, Guillermo también sabía que “para el cine que él quería hacer, no había personas que hicieran transformaciones de maquillaje”, contó la productora Bertha Navarro. “‘Si no hay carretera, la construyes’”, fue una frase que aprendió del realizador Jaime Humberto Hermosillo, que incluso lo apadrinó y le enseñó la importante que era apoyar a la juventud (ya sabes, ahora también lo conocen como el mecenas mexicano). 

Del Toro y Rogoberto Mora en la época en que fundaron Necropsia, su empresa de efectos especiales.(Foto: Rigoberto Mora)

Así, muy pronto a finales de la misma década, Guillermo llegó con sus habilidades como maquillista a la serie La Hora Marcada, que era una especie de The Twilight Zone (1959) mexicana que transmitía episodios inspirados en relatos de Stephen King, en una época en la que las telenovelas eran lo que ya no son: populares. Si bien La Hora Marcada fue transmitida por muy poco tiempo, sirvió para que cineastas y fotógrafos novatos como Emmanuel Lubezki experimentaran con un contenido más arriesgado en términos narrativos y técnicas audiovisuales, y además, para que se forjara una de las amistades más famosas de la historia (reciente). Hablo de lo que ocurrió entre Del Toro y Alfonso Cuarón.

“No había variedad en las películas ni opciones para los talentos. Las telenovelas y las películas baratas de prostíbulos dominaban la industria”, explicó el crítico de cine mexicano Arturo Aguilar a la NBC News. “Hasta que (estos cineastas) empezaron a hacer películas nuevas e interesantes sobre cosas como el VIH, películas de terror experimental o dramas con técnicas narrativas diferentes”.

Guillermo, un monstruo hasta con los cuates

(Foto: Mike Blake/Reuters)

Cuando Del Toro y Cuarón se conocieron en La Hora Marcada, el director de Gravity (2013), que había comenzado a trabajar como asistente de dirección, se encontraba dirigiendo un episodio basado en un argumento de Stephen King. Del Toro vio el capítulo y básicamente le escupió en el rostro a Cuarón. Según recuerda él,”a todo el mundo le gustó (su segmento)”. A excepción de Guillermo, que un día le dijo que no entendía como, si la historia era tan buena, su trabajo había sido tan malo

Alfonso Cuarón ya había escuchado hablar de Guillermo. Todos en las producción hablaban de él, en parte, porque había estudiado con Dick Smith, y por otro lado, porque la gente lo describía como un tipo “listo, divertido y muy, muy raro”, recuerda. Sin embargo, un día Del Toro se acercó a él, y entonces comenzaron a charlar:

“Él dijo: ‘Hola, eres Alfonso, ¿verdad?'”, contó Cuarón a Los Angeles Times. “‘¿Hiciste ese programa inspirado en la historia de Stephen King?’ Sí, ese fui yo. Comenzamos a delirar sobre la historia de King, luego dijo: ‘Déjame preguntarte algo. Esa historia fue genial, entonces, ¿cómo es que tu programa apesta tanto? Ese fue el comienzo de una maravillosa amistad”, dijo.

La Hora Marcada fue cancelada en 1990, pero Del Toro se encargó de escribir cinco episodios y dirigir seis más, con un enfoque dirigido hacia el terror psicológico. Uno de sus segmentos estaba basado en la película Soylent Green. Estaba ambientado en un restaurante en el que un grupo de zombies se reunían para alimentarse de carne humana, mientras el planeta también estaba siendo invadido por una raza alienígena. Pero antes de iniciar su carrera en Hollywood, con Mimic en 1997, y tener que enfrentarse a otro monstruo de una categoría muy distinta a la suya, Del Toro fue un Hombre Lobo con acidez estomacal.

En 1991, cuando Del Toro tenía 26 años también jugó a ser publicista con un comercial de Alka-Seltzer, que fue transmitido en la televisión mexicana. Dirigió el anuncio, pero también fue el protagonista. “Si el malestar te transforma… toma Alka-Seltzer”, decía la frase que promocionaba el analgésico estomacal.

(Foto: Bayern)

En televisión, Del Toro se convirtió en un empresario que se transformaba en un hombre Lobo que inmediatamente después de tomarse un vaso de agua efervescente, regresaba a la normalidad. Su trabajo tenía claras referencias a The Wolf Man (1941) y a An American Werewolf in London (1981) de John Landis.

Hasta ese momento, Del Toro no sabía que algún día necesitaría convertirse en hombre Lobo una vez más para enfrentarse a otro monstruo: el productor Harvey Weinstein.

Monstruo vs. Monstruo

(Dimension Films)

Después del éxito que obtuvo con su ópera prima La invención de Cronos (1993), que contó con un guión de “una madurez increíble”, como lo reconoce el fotógrafo Guillermo Navarro, que conoció a Del Toro en La Hora Marcada. “Para nada parecía el guión de una ópera prima”, dice Navarro. Incluso, el propio Stephen King la calificó como una obra maestra. Con Cronos, el mexicano no solo ganó el premio Ariel a Mejor Película, sino también el reconocimiento necesario para llegar a Hollywood, su próximo nuevo infierno. Al menos por un tiempo.

En 1997, Del Toro conoció a los hermanos Weinstein, un gran dolor de mellizos. A través de Miramax, ellos fueron los productores de la segunda cinta de Del Toro, Mimic, ambientada en una ciudad de Nueva York plagada por cucarachas. El largometraje fue escrito y dirigido (a medias) por Del Toro, ya que Harvey Weinstein (el hombre más odiado de Hollywood actualmente, y con justa razón) y su hermano Bob, no paraban de dar órdenes.

“Realmente odié la experiencia”, contó. “Mi primera experiencia estadounidense fue casi la última porque fue con los Weinsteins y Miramax (…) Perdí batallas de casting, perdí batallas de historia, pero Mimic es cien por ciento visual a lo que yo quería exactamente”, dijo. “La película es visualmente hermosa y tiene un par de secuencias de las que estoy muy orgulloso”, concluyó.

En una de las primeras reuniones con los Weinsteins, le prohibieron presentar escenas de violencia contra niños o animales. No hizo caso, y en un acto de rebeldía, decidió filmar una secuencia en la que un par de niños y un perro morían. “No sé si esto fue un logro pero yo lo sentí como uno”, dice.

“La verdad es que en esa película aprendí a mover la cámara con mayor fluidez y a construir una mejor narrativa para los personajes. Me ayudó mucho a desarrollar ese lenguaje audiovisual que ahora pongo en práctica con La forma del agua, y sobre todo a editar con mayor rapidez, básicamente porque pensaba que me podían despedir en cualquier momento. Creo que la adversidad puede ser muy positiva, es algo muy católico que hay en mí”.

Pero Harvey Weinstein no fue el único monstruo que Del Toro debió enfrentar a finales de esa década. En 1998, y sin un peso (o dólar) en el bolsillo (ya que había invertido todo su dinero en Mimic) recibió una llamada desde su casa en Guadalajara: su padre Federico del Toro había sido secuestrado. Si le preguntaras a Guillermo qué situación le pareció más terrible, si el secuestro de su padre o haber trabajado con Harvey, optaría por la segunda opción. “Tengo que decirte que pasaron dos cosas horribles a finales de los noventa, secuestraron a mi padre y trabajé con los Weinsteins”. “Sé cuál fue peor … el secuestro tenía más sentido, sabía lo que querían”. Si bien Del Toro recuerda el secuestro de su padre como una comedia al estilo de William Friedkin con Fernandel; fuera de broma, fue una situación que le cambió la vida. Lo obligó a abandonar México. A reestructurarse, y a hacerse a la idea de no volver a filmar nunca más una película en su tierra. 

Una cosa así te cambia la vida y te destruye todas las estructuras que tienes, pero te da nuevas. Yo creo que se aprende más de las crisis que de los tiempos buenos y creo firmemente en eso. Yo creo que es uno cosa absolutamente horrible porque es un proceso que te remueve toda la responsabilidad pero te da toda la culpa. Si sale mal, todo el resto de tu vida te vas a preguntar en qué te equivocaste”. 

Su padre fue privado de su libertad durante 72 días y fue su amigo el director James Cameron, a quien conoció durante la preproducción de Cronos, la persona que pagó el rescate de don Federico. Volvió sano y a salvo a casa y unos años más tarde, el 25 de julio de 2018, falleció a la edad de 90 años.

(Foto: Reforma)

Sobre volver a filmar en México, Guillermo del Toro ha explicado que:

 “Todos los días, todas las semanas, sucede algo que me recuerda que estoy en un exilio involuntario (de mi país)”, dice. “Pero hablar de la vida de manera directa es el trabajo de otros tipos de narradores. Como hombre, el secuestro definió mi vida. Como narrador, trato de definirme”.

En ese entonces, Del Toro también se encontraba trabajando en los guiones de la primera entrega de Hellboy y la Mano izquierda de la oscuridad, en las que logró plasmar parte de su experiencia. De hecho, una de las escenas más importantes de Hellboy (2004) estuvo inspirada en el secuestro. “Sentía una gran ternura por el momento en que muere el padre de Hellboy y Hellboy lo recoge y se da cuenta que su vida ha cambiado a partir de entonces, y ese momento lo escribí entonces y ese momento lo imaginé durante esa crisis“.

(Foto: Columbia Pictures)

El monstruo que se hizo de un Óscar

Guillermo del Toro es incansable. Cuando no es visto detrás de una cámara, se encuentra produciendo una película. También es productor, pero las personas parecieran no reconocerlo por ese trabajo. Hace poco, en un supermercado escuché a una mujer preguntar a su acompañante si -por casualidad- ya había ido a ver Scary Stories to Tell in the Dark (2019) creyendo que era una película dirigida por Del Toro. Fue una triste forma de mandar al carajo el nombre del director André Øvredal, cuando lo que menos ha deseado en su vida Del Toro es la fama, sino simplemente hacer las películas que quiera hacer “por las razones que quiera hacerlas”. “Nunca he hecho una película para ganar un Óscar, ser nominado o lograr un éxito de taquilla”, diría. Sin embargo, es algo que incuestionablemente logró hacer: en 2018 ganó los Óscar a Mejor director y Mejor película por La forma del agua (2017), una película que Del Toro concibió desde niño.

Guillermo del Toro es el monstruo con cara de de niño más tierno, comprensivo y talentoso que jamás hayamos visto.

Nota: Este artículo fue hecho con ayuda de entrevistas que dio Guillermo del Toro para el documental Hollywood Tequila  y en un par de textos publicados en la revista Gatopardo, El Clarín, Vice y el diario El País