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Dos nacos en el planeta de las mujeres: el hijo bastardo mexicano de Dune

¡Viva México! Recordamos a la película que se robó los escenarios de Dunas.

1989 fue un año de contrastes para México. Y los ejemplos sobran. Mientras teníamos al mejor futbolista en la historia de nuestro país triunfando en el Real Madrid, habíamos sido descalificados de la Copa del Mundo de 1990 por la tristemente célebre trampa de los cachirules. De igual forma, mientras medio México seguía afirmando que el presidente Carlos Salinas era un usurpador por robarse las elecciones del año anterior, una cantidad similar de personas aplaudían al mandatario por encarcelar al cacique petrolero Joaquín Hernández Galicia “la Quina”, y deponer al líder del magisterio, Carlos Jonguitud Barrios.

En el mundo de la ciencia ficción mexicana ocurría algo similar. Ese año se filmó Dos nacos en el planeta de las mujeres, una película de género híbrido (sexy comedia y ciencia ficción) de bajo presupuesto que, no obstante su guión flojo, simplón y machista, es interesante por un motivo: tiene algunos de los decorados más impresionantes para una película mexicana de género. 

¿Cómo es esto posible? Fácil, se los “pidieron prestados” a Dune, la película de ciencia ficción de David Lynch que se grabó unos cuantos años antes en México.

David Lynch en México filmando Dune. (Foto: Farout Magazine)

El papá de los nacos fue David Lynch

Durante la primera mitad de los años ochenta David Lynch aceptó el difícil reto de adaptar Dune, la enorme novela de ciencia ficción de Frank Herbert que ya habían intentado llevar al cine, sin éxito, Alejandro Jodorowsky y Ridley Scott. Después de filmar Erasehead y El hombre elefante, esta sería la primera ocasión que Lynch trabajaría para un gran estudio, Universal, y en un blockbuster. La idea del productor, Dino de Laurentiis, era que Dune fuera una cinta tan grande como Star Wars, que había reportado grandes ganancias a Fox.

Así lo recordó David Lynch en Lynch on Lynch, un libro de entrevistas de Lynch con Chris Rodley:

“Fui a encontrarme con George Lucas que pretendía ofrecerme la tercera parte de Star Wars para que la dirigiera, pero a mi nunca me gustó la ciencia ficción. Me gustan los elementos que la componen, pero tendrían que ser combinados con los provenientes de otros géneros. Y, obviamente, Star Wars era totalmente un producto de George. En ese tiempo me introduje en El dragón rojo con Richard Roth, quien iba a ser el productor de Terciopelo Azul. En aquel momento Dino de Laurentiis llamó a mi casa. Y Dino me dijo: “Quiero que leas este libro, Dune”, Pensé que había dicho June, sabes, y le contesté ¿June? Me dijo “No, Dune”. Y entonces un amigo mío me dijo: “Es un gran libro de ciencia ficción” Le contesté “Ya lo sé, eso me han dicho”. Y comencé a leerlo.

El director y escritor se puso manos a la obra y se concentró en realizar un guión de la cinta, además de dedicar mucho de su tiempo en la elección de los decorados, sobre todo en las piezas de maquinaria que se ven en pantalla.

“Me gusta la gente de las fábricas, el acero, los remaches, los pernos, las llaves de tuercas, el aceite y el humo. La industrialización nunca es un tema central, pero siempre acecha en el fondo. Es deprimente que la industria humeante de Estados Unidos esté falleciendo, y triste que haya tan poca maquinaria en Dune. La industria me impresiona verdaderamente desde que era niño. Para mi las fábricas son símbolo de creatividad, como el propio proceso orgánico de la naturaleza.”

Filmación de Dune en los Estudios Churubusco. (Foto: Gizmodo)

Finalmente, Lynch vino a grabar Dune a México, a los estudios Churubusco, donde le dio trabajo a varios actores mexicanos que aparecen como extras en la cinta, incluyendo a Ernesto Laguardia, Angélica Aragón y Ana Ofelia Murguía.

“Pasamos grandes momentos en la Ciudad de México, y había mucha gente llegando y partiendo todo el tiempo, gente nueva, de todo el mundo, volando y queriendo formar parte de esta cosa. Y teníamos cuatro equipos de cámaras trabajando al mismo tiempo en uno y otro sitio, y eras llevado de un escenario a otro y haciendo una cosa y otra. ¡Cuento de nunca acabar! Hicimos las principales tomas fotográficas ¡Durante seis meses! Y después otros seis meses se perdieron fotografiando los modelos a escala, las miniaturas para los efectos especiales. Cada día, al comenzar y al terminar, viviendo y hablando de ellos. Sin escape alguno. Nunca un descanso. Resultaba apabullante.”

Filmación de Dune en México (Gizmodo)

Aparentemente Lynch creyó que De Laurentiis era sincero cuando le dijo que tendría control total de la cinta. Por eso, al terminar de filmar entregó una película de 8 horas de duración que, invariablemente, le fue rechazada por los productores. David Lynch se dedicó a editar el material y logró acortarlo a poco más de 4 horas. En ese momento, el estudio lo apartó del proyecto y por su cuenta mutiló la cinta hasta dejarla en 2 horas con 17 minutos, la duración con la que se estrenó en cines en 1984. Sobra decir que Dune fue un fracaso, y tiro al traste la idea de crear una secuela.

Esa fue la última ocasión que Lynch dejó que alguien más decidiera sobre el corte final de una de sus películas. La experiencia también le ayudó a pensar que ciertas historias no podían contarse en los tiempos de una película comercial, y comenzó a idear su salto a las series de televisión. Además, sin saberlo, su paso por México traería otra consecuencia: un hijo bastardo (metafóricamente hablando).

Dos nacos en Dune

Mucho del decorado de Dune se quedó enbodegado en los Estudios Churubusco, a la espera de que Universal se llevara sus trastos a Estados Unidos. Eran piezas de maquinaria que formaban parte de los decorados de la cinta, con un estilo retro futurista que, todavía a principios de los años noventa, seguían siendo impresionantes. Por eso, no es de extrañar que algún productor mexicano decidiera “pedirlos prestados” para una producción nacional.

Lamentablemente el cine de ciencia ficción mexicano de los años ochenta era muy limitado, con apenas un puñado de cintas de tristísimo presupuesto. Tuvo que llegar la productora Cinematográficas del Prado para, aprovechando el éxito de una de las figuras del momento, Alberto Rojas “El Caballo”, para hacer uso de lo que quedaba de los decorados de la película de David Lynch, para dar forma a nuestro Dune mexicano, Dos nacos en el planeta de las mujeres.

Alejandro Licona, guionista de la película, recuerda así su trabajo en Dos nacos en el planeta de las mujeres en una entrevista aparecida en el libro El futuro más acá:

“En los años ochenta el cine se hacía por encargo. El productor me pidió una historia para Alberto Rojas “El Caballo”, me dijo: “queremos algo de ciencia ficción”, cosa que me aterrorizó. Las películas de El Caballo son parte de una receta que al principio resultó muy exitosa: la cual comenzó con Bellas de noche, ¡un taquillazo! Esto pegó y eso es lo que se debía hacer: viejas encueradas, sexy comedias, tipos diciendo leperadas, un hombre espantoso que se disfraza de mujer… y así siguieron: Un macho en la cárcel de mujeres, su secuela: Un macho en la casa de citas, etcétera. Con el tiempo hubo que darle un nuevo giro, ponerlo en una situación inverosímil, como en un planeta lleno de chavas.”

Licona no se complicó la vida, tomo como base la película La isla de las mujeres de Rafael Baledón (protagonizada por el gran Tin Tan) y la llenó de todos los clichés de las sexy comedias, incluyendo muchas leperadas, mujeres en poca ropa, desnudos, escenas de sexo, un personaje inverosímil (en este caso un perico alburero), un número musical y un par de escenas con el Caballo vestido de mujer.

Escena de Dos Nacos en el planeta de las mujeres (Video universal)

Esta es, a grandes rasgos, la trama de la cinta:

“Un cohete despega de Cabo Guayabitos, México. A bordo van “los primeros héroes sexuales de la galaxia”, el teniente Ambrosio Peláez (César Bono) y el comandante Caralampio Cavalo (Alberto Rojas). Aterrizan en un planeta habitado únicamente por mujeres, las cuales se reproducen mediante una reserva de “líquido fertilizador” que, al inicio de la cinta, ha sido robado; ahora uno de los dos astronautas deberá reemplazarlo en las labores reproductivas, mientras el otro, disfrazado de la bruja Manuela y acompañado del perico Viernes, deberá resolver quién robó el líquido.”

Como era de esperarse, la película es infumable. Con grandes dosis de machismo, mujeres frondosas y atractivas que caen rendidas a los impulsos sexuales de Caralampio y Ambrosio, y un final shockeante, en el que los hombres de la Tierra conquistan el planeta con una violación tumultuaria.

Todo lo malo de la cinta queda reflejado en Toribia, la villana de la cinta, una mujer de la Tierra que llegó a el planeta de las mujeres años antes que Caralampio y Ambrosio, y busca evitar que los hombres vuelvan a envilecer su nuevo hogar. A pesar de que, en teoría, Toribia podría ser un personaje que reivindique a la mujer, sus diálogos tienen el efecto contrario.

Diferentes escenas de la película

Así describe Toribia a las mujeres de la Tierra:

“La mujer siempre es tonta, inferior, chillona y, si logra hacer algo, es porque cedió a los caprichos de un hombre”.

Por su parte, los héroes de la película no lo son tanto, ambos se aprovechan de las ingenuas habitantes del planeta de las mujeres, sobre todo el personaje de Caralampio (El Caballo), que incluso intenta violar a una mujer, la pobre muere, intentando escapar del ataque sexual de Caralampio, al caer en una trampa que Toribia tenía plantada para él. Además, en el final de la cinta, descubrimos que Ambrosio dejó a la escultural Lorena Herrera por su adicción a Selector Succión Reactor, una especie de máquina-robot extractor de semen.

Los problemas sexistas de la cinta estaban desde la preproducción, como recuerda Licona:

“El director de la película fue El Caballo, que no es una persona de trato fácil; es hosco y violento. Yo no me sentí cómodo, en parte por la forma tan humillante de hacer casting para las mujeres. Era un requisito del guión que tuviera escenas con desnudos femeninos, que se describieran viejas buenotas y encueradotas. Llegaban a la oficina y les decía: “deben encuerarse”, “a ver cómo las tienen”. Sí, estaban acostumbradas a quitarse todo, pero con él sufrían.”

Dos nacos en el planeta de las mujeres sería intrascendente de no ser porque, en algunos breves segundos, muestra escenografías y decorados de buena factura, combinados con otros de tres pesos. Lo anterior se debe al ya mencionado uso de los decorados de Dune.

Así lo explica Alejandro Licona:

La película Dos nacos en el planeta de las mujeres se basa en una fantasía colectiva varonil: llegar a un sitio donde sólo hay puras mujeres, la fantasía de estar rodeado por mujeres que se pelean por ti, dispuestas y cooperadoras. En el cine de ciencia ficción si quieres tener una película presentable debes invertir mucho dinero en arte, y en México no hay recursos para ningún tipo de cine (…). En el cine nacional los escenarios son de cartón, el fuego del cohete es un cigarro y las naves extraterrestres son platos de cocina dando vueltas con un hilito; la ciencia ficción es un género que no nos ha salido bien (…). Pensé, “a ver qué tal les queda”. La escenografía es memorable; yo le pregunté al productor “¿Cómo le hiciste?” y él me dijo: “di una lana a los Estudios Churubusco para que me prestaran la escenografía de Dunas”.

Así, Dos nacos en el planeta de las mujeres puede ser una alegoría de lo que ha sido el cine de género en nuestro país, muchas veces calcando y otras tomando “prestados” (o robando descaradamente) elementos de la ciencia ficción de otros lados, tropicalizando sus elementos hasta dejarlos irreconocibles por culpa de nuestros tabús nacionales.

La última frase de Toribia en la película, justo antes de morir al lado de su exnovio Ambrosio, también es un ejemplo de lo anterior:

-Ambrosio, siempre quise decirte algo.

-Dime lo que quieras, soy todo oídos.

-Chinga tu madre.