Los personajes siguen siendo más revolucionarios que la mayoría de las caricaturas actuales, a pesar de estar pensados como un regreso a la era de oro de la animación.

A principios de los años sesenta Michael John Kricfalusi, un niño canadiense de siete años, tenía muy pocas certezas en la vida, pero una de ellas, tal vez la más grande, era que sabía que se ganaría la vida haciendo dibujos. John se pasaba toda la tarde leyendo cómics, dibujando sin parar y viendo sus caricaturas favoritas en la televisión de su sala.

El niño que se convertiría en toda una institución en el medio de la animación gozaba como pocos viendo a los Looney Tunes, sobre todo las repeticiones de los cortos que se hicieron en los años cuarenta y cincuenta, las series de Hanna Barbera, las caricaturas de Walter Lantz y leyendo incondicionalmente la revista MAD, sobre todo las viñetas a cargo de Don Martin y Basil Wolverton.

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John Kricfalusi, creador de Ren y Stimpy.

En retrospectiva, Kricfalusi cree que los mejores recuerdos que tiene de su infancia están relacionados con las caricaturas que veía. Lo anterior no es gratuito, John era hijo de un militar reaccionario, quien detestaba los pasatiempos de su hijo. Así lo recordó el propio John Kricfalusi hace un par de años durante una plática en Cuernavaca:

“Mi padre era un hombre serio, estricto, deportista. Él me subestimaba, veía que me pasaba todo el día haciendo dibujos o mirando caricaturas y se acercaba a mí y me decía: ¡Deja de hacer eso! ¡Las caricaturas te volverán loco!… Mi padre fue una gran influencia en mí.”

Su represivo padre, que le sirvió de inspiración para ilustrar los momentos de rabia de Ren y para crear al personaje George Liquor, quería que John se tomará la vida con más seriedad, pero el futuro animador sólo tenía ojos para las caricaturas, que ocupaban un lugar especial en su cabeza.

“Mi papa es muy masculino, le gustan los deportes, sobre todo el fútbol americano. Él pensaba que yo era homosexual, por ello me gritaba todo el tiempo: ¡Deja de dibujar, sal y busca alguien con quien pelearte! ¡Los cómics son para homosexuales! Cuando por fin fui exitoso comenzó a quererme”, recordó el animador.

Cuando Kricfalusi veía las caricaturas durante su infancia, quedaba maravillado, porque las animaciones eran lo más alejadas de la realidad que podía ver, para él eran magia en movimiento, un mundo completamente diferente al que conocía en el día a día, pero mucho mejor que la vida real. En sus palabras, eran el mundo donde él quería vivir.

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El agresivo y reaccionario George Liquor está basado en el padre de John K.

No fue raro que, al tener edad de ingresar a la universidad, Kricfalusi se decantara por el Sheridan College de Toronto, una institución especializada en el diseño gráfico, la animación y la ilustración. Durante su paso por la universidad, el interés de John por las caricaturas animadas aumentó y se dirigió a los orígenes de las mismas.

En el Sheridan College tuvo acceso a viejos cortos de animación y se volvió un fanático de las locas historias de Tex Avery, Bob Clampett, Chuck Jones, Rod Scribner y, sobre todo, de las increíbles caricaturas del estudio de animación de los hermanos Fleischer. En su estudio arqueológico por el origen de las animaciones, Kricfalusi descubrió que todo lo que le gustaba de las caricaturas estaba ahí desde sus inicios.

“A inicios de los veinte y a lo largo de los treinta todos los animadores eran caricaturistas. Ellos crearon de cero todas las formulas que aun hoy se siguen usando en las animaciones”, dijo John K.

Kricfalusi descubrió que su fascinación por las animaciones se centraba en tres conceptos básicos: el humor, el absurdo y los actos imposible. Así, intentó plasmar esos conceptos en los personajes que creaba, como Ren Hoek y Stimpson “Stimpy” J. Cat, un perro chihuahua neurótico y un gato bobalicón que creó durante sus años universitarios.

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New York City, 1946, la foto de Elliott Erwitt que inspiró la creación de Ren

La idea original de Ren nació cuando, en una clase, le mostraron la obra del fotógrafo Elliott Erwitt. John quedó fascinado con una imagen que le pareció una completa locura, mostraba a un perrito chihuahua vestido con un suéter que se encontraba a los pies de su ama en el Nueva York de los años cuarenta. De inmediato dibujó una versión del orejudo can con su particular estilo. Dato de trivia: Ren usa el suéter al final del episodio piloto de Ren & Stimpy.

Stimpy intentó ser una actualización, o un hermano menor, de los villanos de A Gruesome Twosome, el tercer corto protagonizado por el insoportable Tweety (Piolín), que se divirtió a costillas de un duo de gatos con narices grandes y grotescas mucho antes de volverse la pareja de Silvestre en cortos de años posteriores. Cuando John vio el capítulo durante su época universitaria no se resistió a dibujar un gato similar, pero con su estilo. El animador guardó los dos diseños pensando que podía usarlos algún día.

Al salir de la escuela, Kricfalusi se trasladó a Estados Unidos y encontró trabajo en Filmation, uno de los estudios más importantes de los ochenta, responsable de populares series como He-Man and the Masters of the Universe, Sport Billy, Bravestarr o Las Urracas Parlanchinas.

Los enemigos de Piolín que sirvieron de base para Stimpy
Los enemigos de Piolín que sirvieron de base para Stimpy

En Filmation John se desilusionó del medio, debido a que el proceso de creación de las caricaturas había cambiado. Los responsables de las historias y los gags ya no eran los animadores, ni siquiera estaban a cargo de los diseños de personajes. La mayoría de las decisiones creativas eran tomadas por ejecutivos que sólo buscaban vender mercancías relacionadas con las series, y todos los personajes se diseñaban después de estudios de mercado que preponderaban la parte comercial. Además tenían que apegarse a un guión, algo que no ocurría en las disparatadas animaciones de los cuarenta que tanto le encantaban.

“Antes los guiones y los guionistas no eran importantes. Lo importante era el storyboard, todo salía de un storyboard, ahí se daba forma a la animación y a la historia. Ahora primero se escribe un guión, generalmente hecho por personas que no saben nada de animación. Eso llegó en los ochenta, cuando comenzaron a contratar a guionistas que le dieron demasiada importancia a lo escrito, lo que se dice y se la quitaron a lo que se veía, que antes era lo divertido.”

Las animaciones de los ochenta no le gustaban nada, eran todo lo contrario de lo que él amaba del medio: la locura y el sin sentido. Afortunadamente se cruzó en su camino Ralph Bakshi, el animador independiente que dirigió Fritz the Cat, The Lord of the Rings y Wizards, quien lo sumó a su estudio. Con Bakshi pudo sacar su parte creativa, sobre todo en su reinvención de Mighty Mouse, uno de sus personajes favoritos de la infancia. En esta serie John dirigió varios capítulos, donde comenzó a sacar parte de su genial locura.

A finales de los ochenta John, para entonces ya conocido en el medio como John K., fundó su propio estudio (el celebre Spümcø International) y comenzó a idear sus propias creaciones. Se enteró que el naciente canal de cable Nickelodeon estaba interesado en comprar caricaturas y se puso manos a la obra con su equipo para completar proyectos que podrían presentar. En uno de ellos retomó los diseños de Ren y Stimpy, los junto en una historia que parodiaba las caricaturas de perro/gato de la Warner, pero en lugar de enfrentarlos sólo físicamente, lo haría a un nivel de personalidad y de interacción cotidiana, tocando temas variados, pero siempre con un estilo nada común para las historias dirigidas a un público infantil, que muchos han catalogado de grotesco, pero que sólo intentaba actualizar los dibujos de la época dorada de la animación.

En la ahora mítica historia Big House Blues, el episodio piloto de Ren & Stimpy, al final vemos que los dos amigos se unen a una familia, la idea era que sus aventuras transcurrirían como mascotas de un hogar, pero cuando Nickelodeon aceptó producir la serie, John se dio cuenta de que eso limitaría las historias de sus locos personajes.

Mientras pensaba en lo que quería plasmar en Ren & Stimpy, John se dio cuenta de que mucho de lo que odiaba de las caricaturas de los ochenta era que se le daba demasiada importancia a los diálogos, él pensaba que lo importante era expresar sentimientos con la parte visual, para eso era importante definir bien sus personalidades. Así, en el canon quedó establecido que Ren sería un perro con asma muy egoísta, que estallaría en ataques de mal humor a la menor provocación, mientras Stimpy sería simplemente estúpido, pero con un corazón muy noble. Con las dos personalidades definidas, el resto fue muy fácil.

“Los creadores de caricaturas actuales están obsesionados con querer hacer todo realista. Yo no quería hacer nada realista, yo quería hacer magia, como la que veía en Popeye o los Looney Tunes. Las casas productoras de hoy se centran demasiado en las historias, por lo que nunca se terminan de definir bien los personajes. Antes, si tenías a Bugs Bunny o a Popeye, con su personalidad completamente definida, ellos podían acoplarse a cualquier historia sin importar la que fuera, lo importante eran los personajes, no las situaciones.”

El 11 de agosto de 1991, a la par de Doug y Rugrats, se emitió en Nickelodeon Stimpy’s Big Day, el primer episodio de The Ren & Stimpy Show. De inmediato el programa llamó la atención de la gente, sobre todo de los adultos, que encontraban una mezcla de repulsión y diversión en la caricatura.

El éxito de la crítica, que se rindió ante la animación y los personajes de John K. no le ayudó para  atraer anunciantes, que no querían que sus productos se asociarán con la serie. Los locos argumentos de K. tampoco tenían contento a Nickelodeon, que inicialmente se mantenía al margen de lo que aparecía en el programa. A partir de la segunda temporada comenzaron a presionar para bajarle el tono a la serie, sobre todo en lo referente a la violencia con la que trataban a Stimpy.

 “Cada tarde que me mandaban a llamar tenía que explicarles a los ejecutivos que Stimpy es un gato con un problema de retraso mental, y que tiene una sola terminal nerviosa, por eso se le tenía que pegar muy duro para que entendiera y reaccionara. Decían que entendían, aún así querían que quitara las escenas violentas. Yo no los entiendo, mientras los estudios no quieren ver violencia en la televisión, todas las personas ríen con la violencia animada.”

John K. tenía claro cuál era su objetivo principal con Ren & Stimpy: buscar mostrar diferentes emociones a través de los personajes, todo con un humor de por medio. En el pico de la fama de la serie, Nickelodeon decidió correrlo y proseguir el programa sin su creador y su estudio, acusándolo de ser demasiado perfeccionista y tardado, además de excesivamente violento en sus obras. A partir de ahí el programa cayó en un bache creativo del que no se recuperó hasta su cancelación en 1996. Sin embargo la influencia de Ren & Stimpy marcó a las series de animación que siguieron su estela.

“Recuerdo que en los 90 muchas caricaturas de Nickelodeon querían copiar lo que hacíamos en Ren & Stimpy, pero estaban copiando algo que copiaba a las caricaturas de los cuarenta, en vez de ir a la fuente original. Los personajes actuales de las caricaturas siguen un modelo de comportamiento lineal”.

Sin duda series como Adventure Time, Dexter Labs, SpongeBob, Regular Show, Steven Universe, o Rick & Morty que en gran parte son series de autor, no serían posibles sin las estupendas creaciones de John Kricfalusi, un niño al que su papá quería mantener cuerdo alejándolo de las caricaturas. Pero que, afortunadamente, nos contagió con toda su desbordada locura.

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