Este pequeño autómata fabricado por el genial relojero suizo Pierre Jaquet-Duroz consta de 6 mil piezas mecánicas y es capaz de escribir hasta 40 caracteres distintos. La máquina fue fabricada en el siglo XVIII y hoy en día todavía podemos verla trabajar en todo su esplendor.

The Writer es el nombre de este pequeño autómata que parece sacado de la más acalorada fantasía. El maestro relojero Pierre Jaquet-Duroz fue el artífice detrás de esta brillante pieza de ingeniería y mecánica. Sus creaciones eran tan espectaculares que muchas veces se le acusó de brujería, pero la realidad era mucho más complicada que eso.

Construido con más de 6 mil piezas, The Writer también es una obra maestra de “miniaturización” de materiales, pues el mecanismo entero que lo hace funcionar se encuentra dentro de su cuerpo. Básicamente funciona con placas de metal que controlan el movimiento de la mano. Esas placas, a su vez, están controladas por una rueda con letras que pueden ser removidas, cambiadas y reacomodadas; o, desde otro punto de vista, el autómata puede ser “programado”.

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El resultado de este mecanismo es una caligrafía suave, con la presión justa sobre el papel y los trazos precisos. De esta manera, su escritura imita a los escribanos más refinados de la época. Adicionalmente, Duroz agregó un par de deliciosos detalles que llevan más allá de lo imaginable a esta pieza: cuando el autómata toma tinta, su cabeza se mueve en dirección al tintero; y mientras escribe sus ojos recorren el papel, justo en el punto en donde está apoyando la pluma.

Dado que en cierto sentido se puede “programar”, para muchos se trata del antecedente más antiguo de las computadoras actuales. Como sea, The Writer es una pieza magnífica y la prueba de que el ingenio humano no tiene límites.

vía Laughing Squid

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