La mutilación genital femenina es una de las problemáticas más graves en cuanto a la violación de derechos humanos en el mundo actual. La Dra. Marci Bowers conduce una clínica de “restauración” del clítoris para atender a algunas de las 125 millones de mujeres que han padecido esta injusticia.

La Mutilación Genital Femenina (FGM, por sus siglas en inglés) es un problema muy grave en varios países de África y algunos de Medio Oriente. La ONU y la UNESCO se han ocupado de ello en los últimos años, pero presenta dimensiones complicadas que la hacen difícil de erradicar. Los defensores de esta práctica argumentan que se trata de una tradición y como tal debe ser respetada; no obstante, resulta difícil permanecer con los brazos cruzados ante una práctica que viola tan flagrantemente los más básicos derechos de las mujeres que lo padecen.

Lo cierto es que antes de ser una práctica tradicional es expresión del más acendrado machismo. La creencia detrás de la mutilación del clítoris u otros órganos femeninos supone que con ello se conservan mejor los valores familiares y se mantienen bajo control los instintos “femeninos”. Muchas comunidades que practican el FGM lo hacen desde hace poco tiempo y por contagio respecto a sus vecinos. A pesar de que muchos lo consideran una práctica religiosa, lo cierto es que no existe una relación específica. Incluso muchos ministros religiosos de las zonas en que se lleva a cabo se oponen enérgicamente  a ello.

Foto: Craftivist Collective
Foto: Craftivist Collective

En los últimos años la práctica del FGM se ha extendido considerablemente. Actualmente se lleva a cabo incluso en países que cuentan con leyes expresas que lo prohíben, como algunos países de Europa, Latinoamérica y Estados Unidos. Más allá de las obvias consecuencias sexuales, esta mutilación representa el capítulo más perverso de dominio sobre el cuerpo de las mujeres. Resulta indignante que en nuestro tiempo existan miles de mujeres que lo han padecido y cientos de miles de personas que lo toleran.

La cirugía reconstructiva del clítoris no sólo pretende que las mujeres recuperen el control sobre su cuerpo y su sexualidad (lo cual ya es un objetivo encomiable), sino también pretende que recuperen su identidad y reivindiquen su lugar en el mundo como sujetos de derecho e individuos autónomos.

El urólogo y cirujano Pierre Foldès fue pionero en este tipo de cirugías hace una década. Y aunque actualmente ya es un procedimiento regular, aún está lejos de atender un número significativo de las 125 millones de niñas y mujeres que han sufrido la FGM.

Foto: Craftivist Collective
Foto: Craftivist Collective

A diferencia de lo que popularmente se cree, el clítoris tiene una “raíz” de diez centímetros aproximadamente, y lo que se ve es simplemente un parte. De manera que la cirugía saca a la superficie una parte escondida del órgano. Como forma parte del mismo clítoris, es muy posible que el procedimiento permita que las mujeres recuperen la sensación en la zona y puedan alcanzar un orgasmo.

La Dra. Marci Bowers es una cirujana con 25 años de experiencia y líder en el campo. Al menos dos veces al año, Bowers se da una pausa en sus millonarias cirugías de cambio de género para llevar a cabo una reconstrucción de clítoris. Se relacionó con este tipo de trabajos se concretó gracias a Clitoraid, una organización que financió un hospital en Burkina Faso llamado “El hospital del placer”, en el que las mujeres podían recuperarse de las mutilaciones. Según Bowers:

“La sexualidad es una parte de nuestra humanidad y hace placentera la vida.”

El caso de la Dra. Bowers es muy particular, pues ella nació como un hombre y vivió un periodo de transición para convertirse en mujer, lo cual, en sus palabras, le da una sensación especial de empatía con estos casos:

“Para mí la feminidad no ha venido sin sacrificios y luchas. Empatizo con las mujeres que tienen que someterse a cirugías para alcanzar su feminidad. Están luchando para recuperar su identidad, como yo misma tuve que hacerlo en algún momento.”

Diversos organismos internacionales han presionado para que los gobiernos legislen en contra del FGM. No obstante, aún falta mucho por hacer. Atender a las niñas y mujeres que han padecido la mutilación y ayudar en su proceso de recuperación sin duda debe ser una enorme satisfacción para la Dra. Bowers y todos los que hacen este tipo de cirugías.

* Foto de portada: DFID

vía The Conversation

fuente WHO

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