La Luna vista desde España una noche

Foto: José Manuel Armengod

Puede que no lo percibas, pero la Luna es la causante de esta tendencia que va en aumento y nunca se detendrá.

Un día en la Tierra dura aproximadamente 23 horas 56 minutos y 4 segundos; aunque, para redondear, lo dejamos en 24 horas. Esto no fue siempre así. Hace mil 400 millones de años los días duraban poco más de 18 horas, y que los días sean más largos es por culpa de la Luna.

Lo anterior fue revelado por un grupo de astrofísicos, que descubrió que hace 1400 millones de años (cuando se comenzaron a desarrollar bacterias con clorofila en el planeta) nuestro satélite estaba más cerca de nuestra superficie, y por tanto la rotación de la Tierra era más rápida. Con el tiempo, a medida que nuestra luna se fue alejando, la velocidad planetaria disminuyó.

Para realizar su hallazgo, los especialistas utilizaron una técnica llamada astrocronología, que vincula el registro geológico con la teoría astronómica para reconstruir la historia de la Tierra y el Sistema Solar. Gracias a eso, los astrofísicos encontraron que en este tiempo los días han aumentado 0.00001542857 segundos al año. Imperceptibles para los humanos, pero que en suma nos han dado varias horas extra con el paso del tiempo.

Usando astrocronología, los científicos pueden estudiar el clima de la Tierra y cómo se relaciona con otros objetos en el Sistema Solar. Los cambios en el clima provocados por los cambios orbitales se llaman forzamiento orbital. especialistas usan ciclos de Milankovitch – que describen los efectos conjuntos que los cambios en los movimientos de la Tierra provocan en el clima a lo largo de miles de años- para medir estos datos. Estos ciclos les permiten conocer cómo era el clima en cierta época de la historia del mundo a través de las rocas y fósiles, midiendo la cantidad de redacción que registraron, a la vez que las proporciones de cobre y aluminio relacionadas con el cambio climático en el sedimento marino Xiamaling, de 1,400 millones de años en el norte de China, y la cresta Walvis de 55 millones de años, en el Atlántico sur.

Debido a que los ciclos de Milankovitch afectan la cantidad de sol que llega a los polos del planeta y son los principales impulsores del cambio climático en largas escalas de tiempo, estos sedimentos sirvieron para comprobar las variaciones en la órbita de nuestro planeta y su satélite.

Pero tranquilos, la Luna no se alejará por siempre de su hogar. En algún punto en el futuro lejano, alcanzará una distancia estable cuando será visible solo desde la mitad de la Tierra y nunca se verá desde el otro. Lo que, en teoría, haría que los días tuvieran la misma cantidad de segundos a partir de ese momento.

fuente Science Alert

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