Antes de la llegada y la expansión de cristianismo, muchísimos pueblos de todo el mundo celebraban una fiesta especial en el solsticio de invierno. En los lugares a los que llegó la cristianización, esas viejas fiestas se combinaron con lo que ahora conocemos como Navidad. En realidad, a pesar de que se celebra el nacimiento de Jesús, la fiesta de fin de año tiene más de pagana que de cristiana.

La razón por la cual muchos pueblos celebraban una fiesta en diciembre es porque se cumple un ciclo. No tiene que ver con el final del año precisamente, porque el calendario gregoriano (el que actualmente manejamos a nivel mundial) no se estableció como oficial sino hasta el siglo XIV. Está relacionado más bien con la llegada del solsticio de invierno, la cual generalmente ocurre alrededor del 23 de diciembre.

Para los pueblos tradicionales la llegada del invierno se relaciona fuertemente con el cumplimiento de un ciclo vital. Es decir, tiene que ver con el arribo del frío que antecede al calor, y se compara con la llegada de la muerte que antecede a la vida. Por eso la celebración del solsticio de invierno es más importante para los pueblos que dependen más de la agricultura y sus ciclos anuales, y para los pueblos ubicados en zonas donde el clima es más extremoso, como las culturas que florecieron al norte.

En su paso por Europa, el cristianismo adoptó todas estas celebraciones y las asimiló al nacimiento de Cristo. De manera que los misterios del ciclo de la vida (del nacer y el morir) se relacionaron con la llegada de Jesús. Incluso cuando esta religión se expandió a otras partes del mundo (como México o Japón), las costumbres locales y las celebraciones de los pueblos originarios se relacionaron deliberadamente con la Navidad.

Para que sepas qué es lo que estás celebrando el día de hoy, te presentamos cinco hechos interesantes sobre la Navidad y su origen

1. La Navidad no es antigua ni moderna

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Contrario a lo que se podría pensar, las costumbres navideñas no provienen de los antiguos, pero tampoco se trata de costumbres modernas. Más bien es una combinación de lo viejo con lo nuevo. En sus inicios, el cristianismo era un fenómeno urbano. Los cristianos, por supuesto, estaban interesados en convertir a la gente del campo (a los que ellos llamaban “paganos”), pero al mismo tiempo estaban fascinados por sus tradiciones.

La razón es que la gente del campo o “paganos” guardaban memoria de tiempos muy antiguos. Los cristianos de las ciudades incluso llegaban a identificarse con esas memorias. A lo largo de los siglos, esta fascinación ha pervivido, por lo que no sólo los paganos se han convertido al cristianismo, sino que los cristianos también han ido adoptando ciertas costumbres paganas transformadas. Por ejemplo, el árbol de Navidad se inventó en el siglo XVII, pero obviamente está relacionado con la costumbre de los antiguos germanos de meter plantas adentro de sus casas cada solsticio de invierno. Las pastorelas mexicanas fueron implementadas por los primeros evangelizadores europeos que llegaron a la Nueva España, pero lo hicieron porque los antiguos mexicanos montaban gigantescas representaciones teatrales en todas sus ceremonias importantes.

2. ¿Por qué esa fijación con la Navidad?

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Como decíamos más arriba, casi todos los pueblos de la Tierra montaban una celebración en el solsticio de invierno, el día más corto del año. ¿Pero por qué esa fijación? Las poblaciones antiguas eran fuertemente agrícolas, por lo que regían en gran parte sus ritmos de vida con los ritmos del cultivo. Para casi todo el planeta, el invierno es un tiempo “muerto” en términos de agricultura, es un periodo en donde no hay nada qué hacer y había que buscar un refugio contra el frío y las largas noches.

Así pues, se requería una fiesta porque se trataba de la época del año más triste y depresiva de todas. La fiesta del solsticio de invierno no sólo marcaba el final del ciclo agrícola, sino que marcaba el inicio de una época “muerta” que era mejor celebrar para que los miembros de la comunidad no se volvieran locos de la depresión. Por eso el solsticio de invierno es más importante para los pueblos del norte (donde el invierno es más crudo) que para los pueblos del cálido sur. Aún ahora, diciembre es una época triste si no está acompañada de una celebración, ¿no les parece?

3. Los primeros cristianos no celebraban la Navidad

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A los primeros cristianos jamás se les hubiera ocurrido celebrar el nacimiento de Jesús, pues en la Biblia no se da una referencia acerca de la fecha en la que ocurrió este hecho y es descrito con mucha menos importancia que sus años adultos. En los primeros cuatro siglos del cristianismo se seguían celebrando las fiestas paganas del solsticio de invierno y no intervenían con las creencias cristianas. Esto cambió gracias a una controversia teológica.

Resulta que para el siglo IV d.C. algunas personas empezaban a dudar de que Jesús realmente hubiera existido. Es decir, algunos cristianos se convencieron de que se trató de un “símbolo” o un “espíritu”, antes que de una persona. Para la Iglesia en ese entonces (y aún ahora) la humanidad de Cristo es fundamental, por lo que esas ideas resultaban peligrosas para el cristianismo. De manera que para asegurar la humanidad de Jesús y celebrarla se instauró la Navidad.

Al momento de decidir cuál sería la fecha más apropiada para celebrar dicho nacimiento, los teólogos de la Iglesia cristiana decidieron que la mejor época sería precisamente el solsticio de invierno. La decisión se tomó porque ya era una época de celebración para todos y porque en muchos pueblos europeos (incluidos los latinos) el solsticio de invierno era el día del nacimiento del sol.

4. Los cristianos que odiaban la Navidad

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Los mayores enemigos de la Navidad se encuentran en el seno mismo del cristianismo, se trata ni más ni menos que de los llamados “puritanos”. Los puritanos son un  ala ultraconservadora de la reforma protestante, por decirlo de alguna manera. Cuando esta reforma se llevó a cabo (en el siglo XVI), los luteranos estaban bastante conscientes de que la Navidad era una fiesta de raíz pagana, por lo que no lo veían con buenos ojos.

En muchos lugares donde reinaba el protestantismo la Navidad no sólo era odiada, sino que incluso se prohibió. Mientras Oliver Cromwell lideraba el Commonwelth de Inglaterra, Escocia e Irlanda (a mediados del siglo XVII) la Navidad fue prohibida en el Reino Unido. Adicionalmente, durante 25 años del siglo XVII era ilegal celebrar la Navidad en Nueva Inglaterra, EU.

5. El primer regalo de Navidad de toda la historia:

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En nuestros días es difícil imaginar una Navidad sin regalos, pero esta tradición de hecho es bastante reciente. La moda de los regalos se instauró hace unos 150 años. La culpable de esto fue la reina Victoria de Inglaterra, que a mediados del siglo XIX decidió hacer regalos a sus hijos cada Navidad. Todo comenzó en 1841, cuando le dio un retrato de ella misma a los siete años a su esposo, el príncipe Alberto. En 1850, los hijos de la reina obtuvieron varios regalos navideños, entre los que se encontraban una espada y una armadura.

La prensa inglesa en el siglo XIX ya era una institución enorme y de respeto. En esos años ya era común vender periódicos si en la portada se hablaba de un escándalo de la familia real. Ocasionalmente se hacía un recuento de las costumbres de los ricos y poderosos (más o menos parecido a lo que hoy se hace sobre la vida de las estrellas de cine), y la gente que leía los periódicos gustaba de imitar esas costumbres. Por eso el gesto de la reina Victoria se expandió pronto y en poco tiempo se hizo costumbre navideña.

Sin duda alguna, el excesivo consumismo navideño es preocupante, pero el hecho de que se den regalos en esta época no es raro. Para los religiosos más conservadores los regalos navideños están en contra de la celebración del nacimiento de Cristo. Lo cierto, no obstante, es que la fiesta del solsticio de invierno desde hace siglos está pensada para hacer feliz a la gente (como decíamos más arriba), por lo que la idea de los regalos parece bastante apropiada. Claro que las compras compulsivas, la depresión invernal que suelen provocar y las deudas que dejan para enero sí que son costumbre que atentan contra el espíritu de celebración y alegría que debe reinar en la fiesta del solsticio de invierno.

vía Live Science

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