Uno de los primeros pasos para el trabajo conjunto en la exploración espacial ocurrió un día como hoy, pero de 1975.

El 15 de julio de 1975, en medio de la Guerra Fría, la cápsula rusa Soyuz partió desde la base espacial de Baikonur, en Kazajstán (entonces parte de la URSS). Siete horas y media después, una nave Apolo salió propulsada de Cabo Cañaveral. Los dos vehículos viajaron por el espacio hasta que, dos días después, el 17 de julio, se encontraron y se acoplaron formando una sola nave durante 44 horas.

La idea de este “apretón de manos” espacial se inició cinco años antes, gracias a un acuerdo firmado por el presidente estadounidense Richard Nixon y el premier soviético Alekséi Kosygin, quienes buscaban restar tensión a la carrera armamentista.

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Los astronautas de la misión Apolo-Soyuz con un modelo a escala de las dos naves

Los preparativos para conseguir unir a las dos naves obligaron a que decenas de funcionarios y trabajadores técnicos de los dos países se visitaran mutuamente para planear los detalles de la misión. A pesar de todo el tiempo de preparativo, hubo momentos de tensión durante el acoplamiento, principalmente debido a que el módulo de conexión cilíndrico que integró a las naves no había sido probado en condiciones de gravedad cero. Afortunadamente todo salió bien.

Del lado de Estados Unidos, los astronautas de esta misión fueron: Thomas Sttaford, un veterano de tres vuelos (Gemini 6A, Gemini 9A y Apolo 10), Vance Brand, quien nunca antes había volado al espacio, y el astronauta del Proyecto Mercury Deke Slayton, el único astronauta original de los Siete de Mercury que nunca había podido volar al espacio debido a un problema cardíaco.

En el caso de la Unión Soviética, la cápsula Soyuz sólo tenía capacidad para dos personas. Los cosmonautas a bordo del medio de transporte espacial eran Alexei Leonov, quien era una leyenda por haber sido el primer hombre en realizar un paseo espacial en 1965, y el novato Valeri Kubasov.

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La Guerra Fría no impidió el acoplamiento

Finamente, a 225 kilómetros sobre la Tierra, los primeros en encontrarse fueron el coronel ruso Alexei Leonov y el general estadounidense Thomas Stafford, quienes se saludaron con un emotivo apretón de manos mientras flotaban.

“Fue emocionante cuando vi sus caras sonrientes a través de una escotilla abierta de nuestra nave. Nuestro vuelo fue un gran ejemplo de buena voluntad y cordura humana”, relató Leonov, actualmente de 81 años.

Durante dos días, los astronautas y los cosmonautas volaron juntos alrededor del mundo, intercambiando semillas que se plantaron en ambos países. Leonov y su ingeniero de a bordo, Valeri Kubassov, invitaron primero a sus tres colegas estadounidenses a tomar una sopa de col en tubo en la cápsula Soyuz. Luego aceptaron la invitación a la nave Apolo, donde platicaron con Stafford, Brand y Slayton.

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El histórico encuentro en el espacio de Sttaford y Leonov

Después de realizar un par de experimentos conjuntos, las naves se separaron. La Soyuz aterrizó el 21 de julio en Kazajstán, la Apolo tres días después en el Pacífico.

En ese entonces se pensaba que la misión Apolo-Soyuz sería el primer paso para dar fin a la Guerra Fría, abriendo un nuevo periodo de colaboración entre las dos naciones más poderosas del mundo. Sin embargo, un par de años después la entrada del ejercito soviético a Afganistán borró cualquier tipo de colaboración entre los dos países.

Actualmente, después de años de colaboración, vuelve a existir un clima de tensión, debido a que el año pasado la NASA anunció el fin de su cooperación espacial con Rusia. A pesar de los problemas, actualmente conviven con armonía en la Estación Espacial Internacional los rusos Mijail Korniyenko y Gennadi Padalka junto al estadounidense Scott Kelly.

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Los dos principales astronautas de la misión siguen siendo amigos

Además, la amistad entre Leonov y Stafford, los dos astronautas que estrecharon su mano en el espacio en 1975, se mantiene 40 años después. Incluso uno de los nietos de Stafford se llama Alexei y una nieta de Leonov lleva el nombre de la hija del astronauta.

“La guerra de las galaxias es algo sólo para el cine. Me alegra poder hablar con Thomas de nuestras hazañas actualmente”, dijo recientemente el viejo cosmonauta ruso.

Además de la importancia política, la misión Apolo-Soyuz produjo grandes avances técnicos, incluyendo un sistema de acoplamiento común, que tuvo que ser especialmente diseñado para la misión.

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