Una reciente investigación del programa de televisión 60 Minutes reveló que el complejo militar Francis E. Warren, ubicado en Wyoming y construido en los años sesenta, utiliza tecnología obsoleta para controlar el peligroso arsenal nuclear de la unión americana.

Las películas de espías, así como la literatura de ficción, suelen retratar a los complejos militares de los Estados Unidos como bunkers impenetrables, equipados con tecnología de punta, lugares a los que es casi imposible acceder y que cuentan con computadoras actualizadas y mecanismos complejos para funcionar. La realidad es diferente en muchos aspectos.

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La tecnología “de punta” de los militares norteamericanos

La reciente visita, guiada y supervisada por militares, que realizó el equipo del programa 60 Minutes, documentó cómo el centro de control subterráneo de la base Francis E. Warren se quedó atrapada varías décadas en el pasado. Este complejo militar es una de las tres bases estadounidenses desde donde se lanzan misiles estratégicos, concretamente, en este lugar se encuentra el centro de misiles balísticos intercontinentales Minuteman III. De acuerdo con los reporteros, este tipo de proyectiles se sigue controlando con disquetes de 8 pulgadas.

De acuerdo con los militares encargados de operar los misiles, antes de entrar a trabajar a la base, nunca en su vida habían visto uno de estos viejos disquetes, pero ellos aseguran que un grupo de expertos ha evaluado sus sistemas de seguridad y les han comentado que, al ser los misiles operados por computadoras obsoletas sin acceso a Internet, es imposible que los actuales hackers informáticos puedan acceder al sistema de control de los misiles.  Es por ello que, paradójicamente, su falta de actualización es su mayor fortaleza.

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Teléfonos que no funcionan desde los que se les da instrucciones a los Missilers

Asimismo, el centro de control de misiles de la base cuenta con líneas telefónicas analógicas que se han usado por décadas, una de ellas conectada directamente con la Casa Blanca. Los militares se quejaron de que las líneas no funcionan muy bien, normalmente no entienden las instrucciones que les dan a través de ellas y  se les dificulta marcar un número en ellas.

“Los teléfonos son horribles. Casi nunca se puede escuchar a la persona en el otro extremo de la línea. A veces no se puede marcar, lo que hace muy difícil hacer nuestro trabajo,” declaró un missileer, como llaman a los controladores de los Minutemen III.

La base también presenta otros desperfectos, como que una de las puertas que debería proteger uno de los pasillo principales que conduce al centro de control lleva años descompuesta a causa de una pieza rota. 

Sin lugar a dudas un panorama increíble e inquietante, saber de primera mano que los responsables de algunas de las armas más peligrosas del mundo se encuentran en estas condiciones.

fuente CBS

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