Los secretos de la guerra sucia entre Sega y Nintendo: entrevista con los directores del documental Console Wars

Hablamos con los creadores del documental Console Wars sobre Sega, Nintendo y nuestra eterna nostalgia noventera.
(HBO)

En entrevista exclusiva, los directores del documental Console Wars nos platicaron sobre la guerra sucia entre Sega y Nintendo.

¿Qué tienen en común He-Man, Barbie, las vitaminas de los Picapiedra y el Sega Genesis? Que fueron las creaciones de una misma mente inquieta. Tom Kalinske, uno de los más brillantes genios espontáneos del marketing y la publicidad fue el hombre que dio vida a estos productos. Él logró crear, de la nada, la mitología de He-Man y los amos del universo para vender juguetes. Él no inventó a Barbie, claro, pero fue el que le dio sentido convirtiéndola en una figura inspiracional; fue el hombre que pensó en la solución sencilla para que los niños tomaran vitaminas; y fue, finalmente, el que rescató a Sega de la quiebra para comandar una guerra descarnada en contra del monopolio de Nintendo.

Console Wars es un documental que nos deja explorar la mente de Kalinske y que nos narra, de manera trepidante, la encarnizada guerra de Sega contra Nintendo. Producido por Seth Rogen y Evan Goldberg, este documental adapta el apasionante libro de Blake J. Harris en una película que te transporta al corazón mismo de la nostalgia noventera.

Para conocer un poco más a fondo de dónde surgió este proyecto, platiqué con Blake Harris y con Jonah Tulis, los directores y escritores del documental Console Wars. A lo largo de esta conversación, platicamos sobre nuestros recuerdos en común, la dificultad de adaptar un libro denso de más de 500 páginas, y sobre la historia impresionante de Tom Kalinske en Sega North America.

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“Hay tantas cosas fascinantes en esta historia, mucho de lo cual está en el libro, a pesar de que tuvimos que condensar mucho. Pasó lo mismo en el documental de Console Wars. Tuvimos que preguntarnos cómo podíamos contar una historia o qué teníamos que incluir para que esto fuera interesante para mi abuela o para mis padres. Esto lo hizo difícil, porque había muchas cosas que queríamos incluir y que eran interesantes, pero que eran demasiado difíciles de explicar. Al mismo tiempo, esta selección narrativa nos ayudó a crear un ritmo en la cadencia de la película con cortes rápidos e información pertinente y condensada.” Me explicó Harris.

“Es algo difícil capturar la esencia de una época en una novela”, continuó Tuliz, “sobretodo porque no estás viendo lo visual, los cortes de pelo raros de los presentadores de noticias o esos cuartos con la textura del VHS. Los videojuegos son un mundo muy visual y el documental es la forma en que puedes entrar a ese mundo visual y lo puedes llevar a otro nivel. Eso es lo que queríamos hacer con el archivo y la animación. El archivo fue la estrella no aclamada de esta película porque nos ayudó a transportarnos a los noventa y mantenernos ahí.”

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En efecto, el documental se basa, ampliamente, en material de archivo para dar vida al contexto en el que Kalinske y su equipo libraron la dura batalla contra Nintendo. Y Tulis y Harris lo logran con creces. Cualquier persona, haya o no haya jugado una consola Sega, el NES o el SNES, puede sentirse apasionada por el estilo novelesco, detectivesco, de una historia aparentemente inocua de odio corporativo.

“Fue muy importante para nosotros contar la historia de forma que resonara con cualquier audiencia.” explicó Harris. “Sobre todo porque nos sorprendió lo grande que es el mundo de los videojuegos y qué tan pocos libros y películas y novelas gráficas se han escrito sobre esta industria fascinante.”

Y, en efecto, el estilo visual de la cinta es destacado y se adapta muy bien a la vitalidad narrativa de Harris. Un montaje electrificante acompaña animaciones en 8 y 12 bits con enorme energía, junto una narración bien puntuada en la voz de los protagonistas de la historia.

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“La parte que más me gusta del documental es que estás escuchándolo con las voces de los protagonistas. Ellos lo cuentan con su propia energía. Y hay mucha energía: este fue un momento muy emocionante para ellos. Así que los escuchamos a ellos, sin un narrador. Nos hace sentir como si estuviéramos verdaderamente ahí.” Explica Tulis

“Otra cosa que le decía a Jonah es que estoy muy orgulloso de mi libro y de cómo está escrito”, continuó Harris, “pero no creo que ninguna escritura pueda acercarse a cómo Tom (Kalinske) o Ellen (van Buskirk) cuentan su historia. Por supuesto, trabajé con ellos y traté de hacer que el diálogo se pareciera a lo que me decían, traté de capturar el tono y todo, pero nada se compara con el documental. Es impresionante escucharlo con la voz de los personajes, como si fuera una gran reunión alrededor del fuego, como si estuviéramos invitados a una congregación privada entre los grandes pioneros de Sega y de Nintendo para que te platican qué es lo que sucedió y cómo fue vivir en ese momento.“

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Ni Harris, ni Tulis se consideran gamers. Y, sin embargo, como muchos de nosotros, vivieron intensamente la época de la guerra de las consolas sin saber qué es lo que estaba sucediendo tras bambalinas.

“Ninguno de nosotros puede llamarse “gamer”. Explica Tulis, “Pero, en los noventa, éramos niños que jugaban con el NES, el SNES y el Genesis. Eso fue algo muy especial en nuestra infancia. Además, los años noventa fueron una época muy importante para nosotros. Como dijo Blake, esto fue antes de los teléfonos celulares, antes de que el internet prevaleciera en todas partes. Los juegos era nuestro outlet. Era con lo que convivíamos con nuestros amigos. Era algo muy especial para toda una generación. El hecho de que no supiéramos qué estaba pasando, a nivel corporativo, entre Sega y Nintendo, en ese momento, me sorprendió mucho cuando descubrimos esta historia. Y ahí nos dimos cuenta de qué tanto influenció nuestra infancia.”

Por su parte, Harris nos contó cómo fue, justamente, encontrarse con el hombre detrás de esta influencia durable:

“La primera vez que hablé con Tom Kalinske me di cuenta de lo mucho que su mente me había influenciado. Me aventé dos horas de conversación. La primera hora, no hablamos nada de Sega. Más bien, hablamos de lo que había hecho antes, de su pasado con las vitaminas de los Picapiedra y con Barbie, de He-Man y los maestros del universo y pues me di cuenta de que este tipo era la persona que más había forjado mi niñez, más allá de mis padres. Creo que es esencial decirlo: Tom Kalinske es una persona sumamente importante.”

Y lo más interesante de este personaje es que no sabía nada de videojuegos cuando llegó a Sega. Su pasión por el producto, sin embargo, lo hizo entender profundamente los deseos de toda una generación.

“Cuando hablamos de pasión y de la pasión enorme que la gente tiene por la industria de los videojuegos vemos dos tipos de amor. Algunos sólo aman los juegos, pueden jugar 24 horas y 7 días a la semana; saben todo de los easter eggs; saben cómo conseguir objetos o tener más puntos, etc. Y luego hay gente como Tom Kalinske que no era un gamer cuando se unió a Sega, para nada. Sabía muy poco de todo esto. Pero tenía una enorme pasión para entender a la gente y para entender los productos que iba a vender. No tenía una vibra mercenaria de alguien que sólo había llegado a vender algo que no le importaba.” Puntualizó Harris.

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La intensidad de Kalinske superó, incluso, las barreras de la historia misma e influenció en la creación de este documental.

“Kalinske se motivó solo para que le importara el producto”, continúa Harris, “y eso creo que nos motivó para encauzar esta historia. Nos enamoramos de lo que estábamos contando como Kalinske se enamoró de un producto que, a pesar de no conocer a fondo, respetaba. Nosotros no somos gamers, pero creo que sabemos lo suficiente de esa era y de ese mundo. Por eso pensamos que nuestro trabajo es ser los custodios de las historias de estas personas: queríamos ayudarlos a contarlas lo mejor posible. Creo que nos parecemos a Tom Kalinske porque encontramos algo que nadie conocía y que nadie entendía y, al sacarlo a la luz, quisimos llegar a la mayor cantidad de gente posible.”

El documental Console Wars te transmite, intensamente, la pasión de Kalisnke y, además, la sitúa en el contexto visual, auditivo, vivencial de la maravillosa era de los noventa.

“Es muy chistoso porque cuando ves la apertura del CES del 91”, cuenta Harris, “ves máquinas de fax, cámaras de video enormes, a Hulk Hogan, etc. Todo ese mundo, toda esta locura, es de hace tres décadas y siento que fue ayer. Me acuerdo de mi papá grabándome con una de esas cámaras y ver a mi mamá tratando de mandando un fax. No siento que hayan pasado décadas. Pero pasaron. Y, si ves en dónde estamos con la tecnología, con los teléfonos, con las consolas, vamos a años luz de distancia. En una de las grabaciones del CES vimos a un periodista que estaba trabajando en una cámara para teléfonos. Era una cosa enorme y, al verla, te das cuenta de que, en ese momento, nos creíamos en la cima de la civilización cuando ni siquiera estábamos cerca.”

El booth de Sega durante el CES de 1991

El regreso a la era de los noventa es, también, un regreso a otra forma de pensar y otra manera de vivir el mundo que, en las tres décadas que menciona Harris, ha cambiado significativamente.

“La gran diferencia que yo siento con los noventa”, explica Jonah Tulis, “es que ahora hay mucha más información. Y eso tiene pros y contras. Una de esas contras (y esto lo digo muy subjetivamente por ser un hijo de los noventa) es que, hace treinta años, vivíamos en una época de descubrimiento. Hoy en día, si compraras una grabadora de video o un fax, tendrías 10 reseñas en línea instantáneamente. La primera vez que interectuarías con ese artefacto ya tendrías muchísima información. Las noticias hoy en día, sin clavarnos en eso, son muy impresionantes porque, antes de ver las noticias en sí, estamos viendo las reacciones de la gente frente a esas noticias. Creo que hay algo de esa era que amábamos porque nos sentíamos como exploradores en un barco encontrando territorios desconocidos y formando opiniones propias antes de recibir las opiniones de otros. Luego, encontrábamos, a gente que verdaderamente pensaba parecido a nosotros. Y creo que eso es algo que los dos, como vivimos en esa era, extrañamos. Fue un enorme placer regresar a los noventa.”

El booth de SNK durante el CES de 1991

Lo interesante, también, es que el documental Console Wars se niega a tomar una narrativa dicotómica y oponer simplemente a Sega como los héroes despreciados frente al monopolio gandalla de Nintendo. Los matices aquí importan y hacen de este documental una inmersión cultural mucho más interesante.

“Contar la historia de una manera imparcial, sin hacerla una historia de víctimas y victimarios fue la cosa más difícil de lograr.” Explica Harris, “Cuando éramos niños y jugábamos con Nintendo, esa marca representaba algo mágico, magnífico y único. Ese es el Nintendo que conocíamos. Cuando vimos la historia de SEGA como los underdogs contra Nintendo, descubrimos que la empresa que tanto admirábamos eran tremendamente controladora y monopólica. Y nos sorprendimos mucho y nunca pudimos verlo de la misma manera. También, cuando conocimos a los creadores de Nintendo nos dimos cuenta de que se volvieron así porque tenían que ser así. Ellos fueron implacables para salvar una industria que estaba colapsando.”

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Ese es el sentido final de este documental: mucho más allá de los videojuegos y de las guerras de las consolas en los noventa, nos invita a tomar perspectiva en las ridículas guerras de las consolas actuales. El ejemplo que nos da Console Wars es también una enseñanza de tolerancia y apertura intelectual.

“Queríamos que la gente cuestionara las narrativas del héroe. Desde el aspecto tribal, siempre separamos el mundo entre héroes y villanos. Si estás apoyando a Tom (Kalinske) vas a ver lo bueno en sus movidas más manchadas y si estás en contra de él, vas a ver lo malo. Creo que es importante ver lo bueno y lo malo al mismo tiempo y cuestionar por qué estás eligiendo una u otra inclinación. También sirve para que entiendas, desde otra perspectiva, por qué alguien lo puede ver de manera distinta.

Al final de la cinta, entiendes por qué Nintendo se portó como se portó. Al menos entiendes lo que pasaba por sus mentes. No creo que se puedan justificar sus acciones, pero en esta película no estamos contando la historia de un bueno o un malo sino de dos compañías con personalidades excéntricas que estaban peleando una guerra sin cuartel. Al final, los verdaderos ganadores siempre fuimos nosotros, los que jugamos sus juegos.”

El documental Console Wars está disponible en HBO Go y próximamente podrás leer nuestra reseña completa, aquí, en Código Espagueti.